Alimañas de la noche (7/7): El fin del horror - Las Bolas de Pablo

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28 sept 2016

Alimañas de la noche (7/7): El fin del horror


CONTIENE:

-BALLBUSTING HOMBRE/HOMBRE

I

   El comisario Iván Expósito había sido removido temporalmente de su cargo y actualmente investigado cuando Víctor Farfán presentó una denuncia en la estación policial por complicidad con un alimaña, aquella criatura se trataba de Pedro el ex agente.


   Para no entrar en depresión por la separación de su cargo, Iván salía a entrenar su ejercitado y amusculado cuerpo en el gimnasio. Aquella mañana estaba entrenando ante un saco de boxeo. Magníficos chorros de sudor surcaban su ancho torso mientras su todavía viril paquete se bamboleaba de un lado para el otro a medida que saltaba golpeando o pateando el saco.

   —Amigo, ¿cómo estás? —era Darío que entraba al gimnasio, tenía el cuerpo desnudo a excepción de un short de color rojo satinado—. ¿Vamos a entrena?.

   Subió al cuadrilátero y ambos se dieron un fraterno abrazo. Empezaron a boxear hablando de la situación laboral de Iván, él relató que siempre se había mantenido con la verdad y no había ocultado al declarar ante sus superiores que mantuvo oculto en su departamento a Pedro y había sido Víctor quien lo asesinó a sangre fria, Pedro no representaba peligro alguno.

   —Yo creo que te despedirán —opinó Darío insertando un golpe en la costilla de Iván, este se quejó pero pronto se restableció y continuó entrenando—. Los ataques de íncubos han ido cesando, las personas se cuidan más —Darío bajó la mirada observando la sudada entrepierna del cuarentón policía.

   —Yo todavía mantengo mi departamento. No me lo han quitado.

   —Sí, pero más que de los enemigos tienes que cuidarte de tus amigos.

   —¿Qué quieres decir?……… ¡Ooohhhhggg!

   Darío había clavado su espinilla contra la entrepierna de Iván, golpeando sus sensibles testículos contra la pelvis. En el acto Iván saltó en el aire con los ojos volteados, cuando tocó el piso no pudo mantenerse en pie y se fue de rodillas, seguido recibió un golpe en la nuca que le hizo perder la memoria. Darío se quedó observando el inerte cuerpo de Iván, su nuevo jefe Leviathan le había pedido que lo secuestrara, ahora debía llevárselo.


   Cuando Iván se despertó horas más tarde estaba confundido del lugar en donde estaba pero tenía puesta toda la ropa con la que había asistido al gimnasio, jeans, zapatos, franela. Pero ahora su reflejo se repetía en cada pared. Sin ninguna duda estaba en un cuarto de espejos.

   —¿Dónde carajos se supone que estoy?

   El hombre se alzó y caminó hasta los espejos que estaban allí a manera de pared. Los examinó y hundió con el brazo en algún lugar tenía  que estar la salida.

   Iván meditó cómo pudo llegar ahí. Recordó que recibió varios golpes de Darío.

   Sus ojos se ensancharon y su corazón dio un vuelco cuando ante él, separado algunos centímetros apareció de la nada Leviathan.

   —¡Llegó mi hora! —gritó el incubo.

   El demonio representado como un hombre calvo y de avanzada edad atacó al guapo y musculoso policía. Sorprendiéndolo al tomarlo de los huevos con sus manos los cuales apretó con saña.

   —¡AAAAAAAAAAAHHHHHHHHHHH! —gritó con desespero Iván adolorido sintiendo como una vez más sus cojones eran apretados y su cerebro colapsaba.

   Por fin aquel era el momento de la venganza de Leviathan, aplastaría las pelotas hasta reventarlas, después mataría al policía entre sus manos.

   —Aaaaagggghhhhh………… suelta…………

   Leviathan continuaba apretando el par de músculos colgando entre las piernas de Iván, que estaba alzado de puntillas sintiendo como le faltaba la respiración por sus huevos apretados. En aquel momento imprevisto la puerta de la habitación se abrió dando paso a un espejo. Leviathan al verse sorprendido soltó a Iván de los cojones y este se vio obligado a caer al piso sin ningún rastro de fuerza en su cuerpo.

   —¿Pero qué es esto? —preguntó al dar media vuelta.

   Al recinto penetró una comisión policial apuntando armas cargadas de balas de oro. Al instante Leviathan se volvió invisible. El comando conducido por Bruno se quedo inerte sin bajar su arma pero bloqueando al entrada. Un oficial se encargó de buscar al caído Iván y lo ayudó a caminar hasta el motín. Sería el fin del incubo que seguía invisible en la sala.

   —¡Fuego! —ordenó a viva voz Bruno.

   Los policías empezaron a disparar en todas las direcciones, era un desfile de balas en la habitación clavándose y quebrando los espejos. Hasta que el aullido de una bestia retumbó en la sala. Leviathan se hizo visible y cayó al suelo de su cuerpo brotó las llamas que lo derrotaban y consumían.

II

   El policía Víctor Farfán en ese momento del día estaba peleando mano a mano, puño a puño con un grupo de hombres, tras dejar a uno aturdido, utilizó un cable para ahorcar a otro de los incubos. Seguido el policía pateó la entrepierna de uno de ellos que quedó en el piso revolcándose del dolor.

   Víctor a continuación, aplicó una potente patada en el pecho de uno que se fue de espaldas al piso. Seguido, fue hasta él, lo agarró de los tobillos y le dio un pisotón a sus cojones. El incubo se retorció lamentandose. El fortachón policía tuvo oportunidad de cargar su armamento con las pesadas balas de oro y disparó al grupo de incubos que murieron en llamas.

   Atravesando el aire dos piedras golpearon a Víctor, una impactó en su mano haciendo que soltara la pistola y la otra rebotó contra  su entrepierna, el hombre lanzó un poderoso grito de dolor y se arrodilló agarrando sus huevos.

   Sonriendo ante él apareció Alpiel de brazos cruzados. Sólo bastó que mirara el arma en el suelo para que esta volara hasta su mano. Se dedicó a apuntar a Víctor que le devolvía una mirada desafiante.

   Al mover el gatillo, ninguna bala salió disparada, por lo que la sonrisa de satisfacción de Alpiel se truncó por confusión.

   Víctor pudo alzarse aún agarrando sus pelotas, con una mano buscó algo en el bolsillo del pantalón, Alpiel echó un pie para atrás dispuesto a huír.

   Víctor abrió un frasco dentro del bolsillo.

   —¿Qué pretendes, inmundo? —quiso saber Alpiel haciendo tiempo para buscar en el ambiente algo con qué golpear al policía.

   Pero no hubo tiempo, de manera rápida Víctor sacó el frasco y arrojó el agua bendita sobre el rostro del demonio.

   La alimaña empezó a chillar sintiendo como el agua sagrada le desfiguraba la cara. Víctor cogió su arma que había caído en el suelo y la cargó con municiones sin escuchar los lamentos de Alpiel. Al estar preparada apuntó el arma al demonio y lo fulminó para siempre.

   De esa manera acabaron con los demonios más poderosos.


   El cuerpo de inteligencia descubrió que Iván estaba secuestrado gracias a Darío quien con su nerviosismo fue descubierto que servía como informante para Leviathan, el policía fue apresado y obligado a declarar donde expresó el punto de escondite para Iván.


   Cuando Iván regresó a su departamento encontró a su hijo de brazos cruzados en la sala. El guapo muchacho lo abrazó con tanta fuerza que de buena manera su caracter había cambiado despues de ser atacado por incubos, ahora charlaba y era más conversador con su padre.

   —Estaba preocupado por ti —le dijo—, no habías vuelto desde la mañana y algo me decía que no todo estaba bien. Me comuniqué con Bruno que fue quien inició la labor de inteligencia para buscarte.

   —Sí. Todo ya ha pasado y está bien. Los dos incubos más peligrosos han sido eliminados.

   Gino suspiró de alivio, desde los ultimos meses estaba considerando inscribirse en el servicio policial. Seguido recordó que había un sobre en la mesa para su padre.

   —Llegó para tí esta mañana —explicó al entregarlo.

   Iván dobló las cejas, tenía el sello de la policía. El hombre abrió y extrajo el papel, leyó y despues esbozó una sonrisa de triunfo.

   —¿Qué es?

   —Un mensaje donde me piden que vuelva a ocupar el cargo y donde se me asignará una nueva misión y de ser un éxito pasaré a un grado superior.

   —¡Vaya, felicidades!

   Ambos se abrazaron y el todavía policía Iván volvió a leer el pedido para reconfirmar la petición.

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