Todo sobre mi padre (7/8) - Las Bolas de Pablo

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10 ago 2017

Todo sobre mi padre (7/8)

TODO SOBRE MI PADRE, Historias Anexas 5.
ORIGINAL: ZATN
Contiene Ballbusting MUJER/HOMBRE.
A continuaciĆ³n se expone otra  historia derivada de la saga TODO SOBRE MI PADRE, en donde surge una nueva aventura de Francisco y su amante Mariana.
Leer antes: “TODO SOBRE MI PADRE Parte 1”, “UNA LARGA NOCHE Partes 1, 2 y 3” e “HISTORIAS ANEXAS 2: Historias 3 y 4”.

   Como recordaran si han seguido esta saga, Francisco, el padre de Alicia, habĆ­a retomado su relaciĆ³n de amante con Mariana, vecina de su familia cuando estaba casado con la madre de Alicia.

   Francisco un hombre casado con hijos, siempre ha sido muy infiel a sus esposas, pero Mariana es una mujer diferente para Ć©l, su deseo por ella es mucho mĆ”s intenso que una simple aventura y por eso volviĆ³ a verla. Por su lado, Mariana comparte ese igual sentir, y a pesar de que en el fondo siente incomodidad (al fomentar la traiciĆ³n del hombre hacia la esposa y madre de sus hijos), siempre se imponen sus bajas pasiones, y no duda en citarse con Ć©l a la menor oportunidad.

   En una de sus secretas salidas, la pareja de amantes disfrutan de una deliciosa cena.

   Tras salir del restaurante la pareja se cruza con una mujer que va ingresando al lugar, sĆ³lo con una mirada Francisco la reconoce…
…Es la enfermera que le atendiĆ³ de una “grata” manera en el hospital tras el secuestro y tortura que padeciĆ³.

   Aunque inicialmente no recordaba su estancia en el hospital, donde conociĆ³ a la enfermera de tez morena, Conversaciones con su hija Alicia le hicieron recuperar algo de esos recuerdos…incluyendo ese masaje testicular que la mujer le ofreciĆ³.

   El verla genera en Francisco una leve sonrisa, pues en su memoria aĆŗn estĆ” el goce que tuvo con el masaje. Pero debe retomar la seriedad, pues a su lado estĆ” Mariana, y no quiere ningĆŗn malentendido, Aunque tampoco puede ser descortĆ©s.

   Francisco saluda a la mujer, quien al verle de frente se siente nerviosa… es el hombre atractivo y bien dotado al que secuestrĆ³, asaltĆ³, torturĆ³… drogĆ³ y mĆ”s cosas, Nunca esperĆ³ encontrĆ”rselo allĆ­, teme ser reconocida por su vĆ­ctima.

   Mariana curiosa saluda igual a la mujer -quien da el nombre de Mercedes-; Cuando Francisco le cuenta que es una de las enfermeras que le atendiĆ³ hace un tiempo, cuando fue secuestrado y robado, Mariana agrega un agradecimiento al saludo.

   La enfermera al responder el saludo, piensa:

   AsĆ­ que esta es la tal Mariana!; debes gustarle mucho, si cuando estaba casi inconsciente y lo hacĆ­amos, me confundiĆ³ contigo.

   De pronto Francisco se torna pensativo viendo el rostro de la enfermera, lo que intriga a esta, Es entonces cuando Mariana al ver la cara de Francisco le pregunta si todo estĆ” bien, Ć©ste sacude su cabeza y responde que no es nada.

   La mirada extraƱa de Francisco dejĆ³ pĆ”lida a la enfermera, Quien enseguida sospecha.

   Oh no!, estĆ” haciendo memoria…no entiendo, pero de alguna forma los recuerdo le pueden estar viniendo….esto no es bueno!

   Mercedes apareciĆ³ en el restaurante por una cita con un sujeto a quien le sacarĆ” dinero…obviamente fingiendo estar enamorada de Ć©l; Y si no funciona, lo harĆ” otra de sus vĆ­ctimas de hurto.

   Pero no se reĆŗne con su cita, la preocupaciĆ³n hacia Francisco se impone… debe asegurarse que ese hombre no la recuerda. Y si confirma esto… tendrĆ” que desaparecerlo, porque de ninguna manera ira a prisiĆ³n.

   Desde la distancia la enfermera sigue a la pareja, en todo el camino hacia un cercano Motel, ya usado por los dos amantes.

   La mujer no cesa en ver desde lejos, las expresiones en el rostro de Francisco, (quien  con el paso de los minutos, se centra en la charla con Mariana), Finalmente ambos amantes ingresan al Motel.

   Sabiendo que sucederĆ” allĆ­, Mercedes no tiene mĆ”s alternativa que esperar lo que a su parecer serĆ” una larga jornada sexual…
..La verdad siente algunos celos por no ser ella quien reciba el venoso pene de Francisco esa noche.

   Es el momento del placer, y Mariana comienza pronto la acciĆ³n con la verga erecta de Francisco, usa su abertura bucal para humedecer por completo la vara de dura y  caliente carne masculina. 

   La mujer no descuida los grandes huevos de su amante, repetidas lamidas hacen gozar al infiel marido, que siempre se ha mostrado debil ante las caricias a su bolas.

   Francisco no espera mĆ”s y se desviste a prisa, para tomar en brazos a Mariana; Con ella en la cama, no tarda en cubrirla, metiendo por completo su majestuosa verga en la cueva caliente de la amante.

   Mariana jadea de goce con cada embestida del salvaje y desbocado Francisco; Las pelotas llenas de esperma arremeten sin pausa contra el perineo de la fĆ©mina.

   SĆ³lo cuando estĆ” por eyacular, el hombre baja el impetu y saca su pene, con rapidez lo coloca sobre la cabeza y boca de la extasiada mujer, quien gustosa recibe los chorros de semen caliente del infiel Francisco.

   El acto no es considerado suficiente por los infieles quienes pronto inician una nueva ronda sexual… pasan unas 2 horas en el motel sin parar de maltratar los cimientos de la cama… Que para cuando acaban su noche de goce, necesitarĆ” mantenimiento por parte del personal del Motel.

   Por su lado, la larga espera da tiempo mĆ”s que suficiente para que Mercedes tome una decisiĆ³n: HarĆ” desaparecer a Francisco!, no se puede arriesgar a ser identificada, y aunque ese hombre no recuerde, no puede estar segura de que siga asĆ­.

   La mujer decide llamar a  sus dos secuaces, quienes no tardan en llegar, y entre los 3 planeen una emboscada a la pareja.

   Por fin termina la pareja sus asuntos en la cama y se prestan a salir, desde que satisfizo su apetito sexual, en la mente de Francisco retornĆ³ una idea desconocida sobre la morena enfermera.

   Loa amantes caminan el corto trayecto de regreso al restaurante, en donde el hombre estacionĆ³ su nuevo vehĆ­culo; Ya enterados los criminales de su recorrido, les interceptan justo en una callejuela solitaria.

   Francisco al ver a un hombre esperando en el callejĆ³n y luego otro que se acerca mĆ”s atrĆ”s, le hace sospechar de inmediato algo malo… la situaciĆ³n es demasiado parecida al primer secuestro, y en su mente nota algo familiar; Una mirada de los sujetos y el hombre confirma sus malas intenciones, ademĆ”s uno de ellos carga un garrote; RĆ”pidamente le dice a Mariana se regrese al Motel y pida ayuda, Ć©l detendrĆ” a los tipos dĆ”ndole tiempo de que ella no se involucre.

   Mariana se asusta, pero el tono enĆ©rgico de su amante la hace centrarse en lo que debe hacer… Corre en direcciĆ³n opuesta a los ya cercanos criminales, pero de pronto alguien viene hacia ella y la detiene en seco.

   Francisco  se cuadra para pelear, pero uno de los tipos saca un revolver, Ɖl hombre debe levantar las manos, y esperar una oportunidad de resistirse.

   Es aquĆ­ cuando escucha un grito de Mariana, y al voltear a verla, observa como la morena enfermera la tiene del pelo impidiĆ©ndole irse… Mercedes ha decidido que la amante tambiĆ©n serĆ” incluida en la emboscada… No puede estar segura si Francisco ya recordĆ³ lo pasado y se lo comunicĆ³ a su mujercita. 

   En ese momento estalla una burbuja en la mente de Francisco, y los recuerdos florecen de inmediato: Ahora recuerda que esa enfermera llamada Mercedes, fue quien le secuestro y golpeĆ³.

   Les han tendido una celada, quien sabe con quĆ© terribles intenciones, el hombre no puede hacer mĆ”s que esperar una oportunidad para desarmar al tipo del revĆ³lver…
…Y una vez les gane a golpes, ir por Mariana, y atrapar a la Enfermera!.

   Son ideas que no sabe si las podrĆ” hacer realidad.

   Se inicia una pelea, pues Francisco da la sorpresa y se lanzĆ³ con rapidez contra sus adversarios, desarmando al sujeto de la pistola, la cual cayĆ³ bastante lejos, (extraviĆ”ndose el arma en la oscuridad del callejĆ³n) Ahora las cosas eran mĆ”s justas.

   El otro sujeto armado con el garrote, abanicĆ³ en falso su arma contra la cabeza del varĆ³n, quien con agilidad esquivĆ³ el impacto, enseguida un fuerte manotazo del acuerpado Francisco le tiro el arma de las manos.

   A pesar de las armas de ambos, Francisco planteĆ³ una eficiente defensa, y ahora desarmados ambos, verĆ­an y sentirĆ­an en sus carnes la ventaja fĆ­sica del cuerpo de Francisco… Es una copia de la primera pelea, pero los criminales al parecer no aprendieron nada de su previa derrota, pues volvieron a dejarse quitar las armas por el sorpresivo individuo.

   Armado con sus puƱos, Francisco se uniĆ³ a los dos atacantes en un sĆ³lo reparto de golpes, el atacado se aseguraba de no permitir que ninguno de los dos de alejaran en busca de una de las armas despojadas... asĆ­ mantenĆ­a controlada la pelea.

   A la distancia Mariana y Mercedes habĆ­an parado un incipiente forcejeo, y atentas observaban el encuentro pugilĆ­stico, eso sĆ­... con una actitud completamente diferente.

  Mientras la enfermera se mostraba inicialmente entusiasmada, Mariana no podĆ­a estar mĆ”s alterada, casi gritaba cuando vio el arma desenfundada y a un Francisco con las manos levantadas. Pero la acciĆ³n de desarme demostrada por su hombre la llenĆ³ de esperanzas, no sin mantener preocupaciĆ³n pues a pesar de ser un hombre fuerte, era una pelea de dos contra uno.

   En cierto momento, uno de los secuaces viĆ©ndose en graves problemas, busca tomar  ventaja... Recuerda un consejo de la enfermera tras la primera pelea: "...Si no tienes armas, pues dale donde mĆ”s le duele!”.

   Repentinamente lanza una potente y cobarde patada contra la abultada entrepierna de Francisco quien ve venir el golpe, y moviliza su pelvis.

   SĆ³lo una parte del golpe le impacta, pero en su cadera, y sin causarle mayor daƱo.

   El susto inicial del hombre es seguido por enfado, desquitĆ”ndose con un puƱetazo que deja patas arriba al atacante.

   Por un instante Francisco queda pensativo en lo que le pudo pasar:

   Por poco recibe esa tremenda patada en las huevas, debe ser mĆ”s precavido, pues sus bolas, -despuĆ©s de 4 eyaculadas y de una tremenda faena de golpes de escroto contra el perineo de Mariana-, se hallan mĆ”s que sensibles; AsĆ­ las cosas, ahora menos que nunca estĆ” en condiciones de recibir un golpe.

   Por su parte los sujetos estĆ”n muy decididos en este combate, a pesar de recibir golpe tras golpe, vuelven a la carga, sin duda la derrota en su encuentro anterior con Francisco les afectĆ³ el orgullo, y quieren revancha.

   El ataque traicionero a Francisco causĆ³ reacciones en el femenino pĆŗblico, Mercedes lamentĆ³ la falta de acierto en su aliado, expresando un: " Casi! ...vamos, deshuĆ©valo!!".

   Mariana se mostrĆ³ alarmada, Un tardĆ­o "Cuidado!", expresaba su temor, ahora mayor ante la posibilidad de que su amante fuera golpeado en los testĆ­culos, Ella conocĆ­a bien lo que padecerĆ­a su amado si fuese golpeado en esa sensible Ć”rea, ademĆ”s de que le significarĆ­a la derrota en la desesperada pelea que tenĆ­a...

...Un golpe en los grandes y a medio llenar huevos de Francisco, y serĆ­an presa de ese par de criminales.

   Un minuto mĆ”s tarde, y ahora es el otro adversario de Francisco, quien desesperado por hallarse en el suelo, lanza un sorpresivo ataque a los cojones de su golpeador.

   Un puƱetazo amenaza con aplastar la masculinidad de Francisco, quien por un fino  reflejo aleja su entrepierna, el puƱo agresor casi roza el testĆ­culos derecho del varĆ³n, Francisco una vez mĆ”s ha puesto a salvo sus huevos, no sin sentir un nerviosismo extremo. SĆ³lo tras una fracciĆ³n de segundo se repone de la impresiĆ³n y contraataca con una patada al rostro del atacante, reduciĆ©ndolo por fin.  

   El hombre ahora estĆ” mĆ”s tranquilo, ambos rivales estĆ”n tirados y no parecen tener  mĆ”s fuerzas para volver a incorporarse.

   Es en ese momento cuando...
…siente un fuerte golpe entre las piernas, de inmediato una sensaciĆ³n de quemazĆ³n le sube por el vientre y continĆŗa hasta chocar contra su garganta.

   Una vez mĆ”s le han tomado por sorpresa!; Desde atrĆ”s un fuerte puntapiĆ© por parte de la enfermera, devasta sus esfĆ©ricas y delicadas partes viriles!...
…Y es que toda la anatomĆ­a genital de Francisco sufriĆ³ con tal patada, terminando los huevos chocados contra la base del pene, asĆ­ como los diferentes conductos espermĆ”ticos semi retorcidos por la brutal sacudida.

   Desde su ahogada garganta, Francisco estalla en un estruendoso alarido!

   “AAAAAAAaaaahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh”.

   El varĆ³n se agarra las huevas y por reflejo voltea con dificultad, para ver quien le ha golpeado.

   Casi simultĆ”neamente se escucha un “Noooo!, Francisco!!!!!” por parte de Mariana.

   Apenas logra ver a una sonriente Mercedes, con los puƱos levantados, plantĆ”ndole cara!,

   AdemĆ”s le parece ver a la distancia, a una encorvada Mariana quien con un rostro de dolor, mantiene los brazos cruzados a la altura de su busto.

   Francisco no puede ver mĆ”s, pues su vista se torna nublada...
...Apenas sacude su cabeza para ver mejor, recibe un puƱetazo por parte de Mercedes, justo en la nariz, lo que aĆŗn mĆ”s le impide ver con claridad. Retrocediendo con torpeza, siente otro golpe ahora en las costillas, no puede hacer nada, sus manos estĆ”n ocupadas anidando sus grandes huevos, Un nuevo golpe en el costado, y finalmente cae de rodillas.

   Mariana reclama a distancia: “Maldita! dĆ©jalo!!”.

   Francisco estaba a merced de la mujer, que teniendo la obvia ventaja no dudĆ³ en jactarse de su acciĆ³n:

   "Otra vez te tomĆ© con la guardia baja, Jajajajaja".

   Seguidamente preparĆ³ la pierna y le propino un sĆ³lido rodillazo en la quijada que hace al varĆ³n voltear el rostro, para caer de espaldas… sin mĆ”s reacciĆ³n.

   Francisco nuevamente ha perdido la conciencia a manos de la enfermera. 

   "Una vez mĆ”s eres mĆ­o Francisco!, y hoy serĆ” el Ćŗltimo dĆ­a que me verĆ”s!".

   Mientras tanto una adolorida Mariana observa atĆ³nita, lamentando lo sufrido por su amante.

   Pobre Francisco…te debiĆ³ doler mucho!

   La chica pasmada por la suerte de su amado, no piensa en nada mĆ”s que en Ć©l, Por ello deja ir la oportunidad de escapar del sitio, pues con los secuaces aĆŗn en el piso y la enfermera junto al noqueado Francisco, tuvo libertad de huir.

   Pero cĆ³mo paso todo esto?, CĆ³mo terminĆ³ la enfermera pudiendo faulear por la espalda a Francisco?, que le sucediĆ³ a Mariana?. 

   La respuesta es que apenas vio cĆ³mo sus cĆ³mplices caĆ­an derrotados frente al mĆ”s fuerte Francisco, la enfermera quiso atacar al varĆ³n por la espalda… y dĆ³nde sabe y ya ha comprobado que lograrĆ” atontar al fuerte hombre.

   Su Ćŗnico obstĆ”culo, fue que al iniciar su sigilosa y traicionera marcha hacia sus objetivos, expresĆ³ un “Ahora veras maldito…te hare sufrir!”.

   Mariana no dudo en anticipar que la mujer irĆ­a contra los testĆ­culos de su fornido amante, y sin pensar en nada mĆ”s se lanzĆ³ tras ella, desencadenĆ”ndose una leve pelea.

   La enfermera mĆ”s dada a los pleitos fĆ­sicos, se sorprendiĆ³ ante la resistencia de la mujer, quien sin duda darĆ” todo por ayudar a su amante…
…Pero un certero codazo a los pechos de Mariana, le hace expresar un quejido de dolor, y liberar a Mercedes, la enfermera aturdiĆ³ a la mujer golpeĆ”ndole en donde las damas son mĆ”s dĆ©biles; La adolorida Mariana no dio para caminar, presenciado como con rapidez Mercedes le llegaba por detrĆ”s a Francisco, y le propinaba un brutal golpe de pie en sus dotados genitales.

   Terminada la explicaciĆ³n, continuamos con los acontecimientos:

   La victoriosa Mercedes da unos pasos y con leves patadas le dice a sus lacayos que se levanten:

   "Arriba inĆŗtiles!, de nuevo tengo que salvarles de ese tipo...muestren lo macho que son...arriba!".

   Mientras el dĆŗo se incorpora, la enfermera logra encontrar el arma de fuego; Ahora ya estĆ”n listos para una nueva fase en su plan perverso.

   Mariana pronto es abordada por uno de los sujetos, y sin resistencia va con Ć©l; Observa a su pareja inconsciente siendo montado a una camioneta, sin reclamo sube al vehĆ­culo y se sienta a su lado.

   El asunto es simple para ella: No se alejarĆ” de su amado Francisco, compartirĆ” lo que le suceda.

   Los 3 criminales y sus 2 ahora rehenes, ponen rumbo a un alejado lugar en las afueras de la ciudad.

   Los secuestrados son llevados a una casa abandonada, donde los bandidos suelen siempre esconder a sus vĆ­ctimas de secuestro exprĆ©ss; La enfermera decide dejar a Francisco y Mariana en una habitaciĆ³n un tiempo, mientras esperan que el inconsciente hombre reaccione… Que su amante cuide en la cama de sujeto por un rato.

   Tras un prolongado tiempo sin sentido, un acostado Francisco despierta, de inmediato se siente confuso, pero una sensaciĆ³n de humedad en sus partes inferiores le hace tomar plena conciencia, mueve la cabeza y observa cĆ³mo Mariana esta acostada entre sus piernas abiertas y le lame con dulzura sus adoloridos testĆ­culos… El pene del varĆ³n esta semi erecto ante los estĆ­mulos.

   “Que estĆ”s haciendo?... Ohh… que fue lo que pasĆ³?”.

   La mujer agradecida por el despertar de su amado, suspende un segundo su labor bucal y le responde.

   “Es para que te mejores rĆ”pido”.

   Francisco ahora hace memoria:

   “Ya recuerdo…fue esa maldita mujer….me pateĆ³!”. El varĆ³n trata de incorporarse y hasta ahora -al buscar tocar los cabellos de Mariana- nota que no puede separar las manos.

   “Te tienen esposado, no hay forma de soltarte”.

   Francisco le pregunta por lo que sucediĆ³ despuĆ©s, ante lo cual Mariana le narra cĆ³mo fueron traĆ­dos al sitio y dejados a solas.

   En cierto momento Mariana le pregunta sobre la enfermera Mercedes, y el abierto Francisco le es franco.

   “Se me insinuĆ³ cuando fui al hospital una vez y aceptĆ© dormir con ella… pero me arrepentĆ­, porque ella fue quien me secuestrĆ³ y robĆ³”.

   Francisco le cuenta en tĆ©rminos generales, que fue la enfermera quien le pateĆ³ los huevos tantas veces hasta hinchĆ”rselos, sin mencionar que es la responsable de drogarle y abandonarle sin memoria.

   Mariana al escuchar no se extraƱa de la conducta sexual de su amante, pero expresa mucho rencor contra la Enfermera por golpear salvajemente a su hombre en sus preciadas y delicadas partes… En el pasado, y esta noche. De inmediato besa sin parar los grandes huevos de Francisco.

   A pesar de gozar de las caricias, el hombre se siente frustrado:

   “MaldiciĆ³n! me los patearon de nuevo!, Que tonto!, me dejĆ© atrapar!”.

   “No te sientas mal!, Francisco es tu parte delicada!… pegĆ”ndote ahĆ­ es la Ćŗnica forma en que pueden llegar a someterte… CariƱo ningĆŗn otro hombre habrĆ­a soportado eso, no es tu culpa! Es mi…”. La mujer no continuĆ³ y bajĆ³ la mirada casi apenada.

   “Que te pasa Mariana?”.

   “No es nada…es sĆ³lo que…”.

   Mariana no se atreviĆ³ a contar lo que guardaba, y cambiĆ³ a otro tema, no menos importante:

   “Oh Francisco! que nos harĆ”n?”.

   “No sĆ©, pero ven aquĆ­, quiero verte de cerca”.

   La mujer suspendiĆ³ su actividad y se acercĆ³ al rostro de su amado, un beso apasionado fue lo que siguiĆ³.

   En ese momento, Mariana se confiesa ante Francisco.

   “PerdĆ³name!, todo fue mi culpa!”. Ante la confusiĆ³n de su amado, ella aclara:

   “Yo dejĆ© que esa mujer te llegara por atrĆ”s, debĆ­ detenerla!, sabĆ­a que te iba a faulear, pero me pego en los pechos, y el dolor no me dejĆ³ pararla, perdĆ³n!, si sĆ³lo fuera mĆ”s fuerte no te habrĆ­an sorprendido”.

   Francisco no culpa para nada a su mujer y la justifica:

   “Esa mujer es una canalla y traicionera, recuerdo que en el primer secuestro, asĆ­ cĆ³mo hoy, me pelee con los dos tipos y cuando les iba ganando, esa miserable apareciĆ³ pateĆ”ndome los huevos por atrĆ”s… esa es su forma de actuar… una traicionera completa!, incluso contra ti, peleo sucio! AsĆ­ que no te sientas mal, mi amor”.

   Mariana ante las frases de consuelo por parte Francisco sonrĆ­e, y ambos quedan viĆ©ndose un rato a los ojos.
 
   La mutua mirada de amor, es interrumpida al escuchar como alguien intenta abrir la cerradura por afuera; Una voz femenina se queja de no conocer que llave es la indicada para entrar.

   Unos largos segundos tardan para poder entrar, lo cual es aprovechado por Mariana para subir los calzoncillos de su amante, y ayudarle a sentarse, Por lo menos mostraran algo de dignidad ante sus captores.

   Mercedes aparece sola y sonriente ante sus detenidos, Mariana se enoja y trata de avanzar sobre ella, Pero la enfermera ya lo esperaba y sacĆ³ una navaja de afeitar (la misma usada en su enfrentamiento con Francisco), ante lo que Mariana detiene su actuar y retrocede.

   La morena dirige sus comentarios al hombre. “MĆ”s le vale a tu mujercita mantenerse lejos, recuerdas mi navaja, ¿verdad Francisco?… Ustedes se conocieron mĆ”s Ć­ntimamente…Jajajaja”.

   Francisco ruega a Mercedes no hacerle nada a su amante.

   Mercedes se acerca a Francisco y ordena a Mariana alejarse de ellos, el hombre le pide a la mujer obedecer.

   La enfermera a sus anchas se acerca al varĆ³n y le quita los calzoncillos, viendo su polla larga y flĆ”cida, asĆ­ como esos huevotes en toda su magnitud.

   “AsĆ­ es mĆ”s divertido, no tienes que ocultar tus atributos, ya los conozco muy bien!”.

   Francisco no responde a sus comentarios.

   “Ya olvidaste ese masaje en las bolas?…o cuando te la chupĆ©!”.

   Francisco se apresura a justificarse.

   “Era tu rehĆ©n!, Me tenĆ­as atado a una cama, no querĆ­a hacerlo”.

   “Tu pene si querĆ­a”.

   Mercedes mira fijamente a Mariana y le dice: “Tu hombre y yo tambiĆ©n hicimos el amor querida… CĆ³mo Dios manda… y lo goce mucho!, Jajaja”

   Mariana no estĆ” molesta como esperaba la enfermera.

   “No sĆ© que pretendes, pero Francisco es muy hombre!, y si lo excitan, siempre responderĆ”!; SĆ³lo fuiste otra mujer mĆ”s!, eso a mĆ­ no me molesta, pero Ć©l estĆ” conmigo, porque por mente y corazĆ³n quiere!… y no obligado!…tĆŗ sĆ³lo fuiste una mĆ”s que su pene aceptĆ³!…me das lĆ”stima!”.

   La enfermera se molestĆ³ y llamĆ³ a sus secuaces, quienes al parecer estaban tras la puerta, pues atendieron de inmediato.

   Al verlos entrar, Francisco temiĆ³ por su amada.

   Guardando la navaja, Mercedes ordenĆ³: “EspĆ³senla y llĆ©vensela de aquĆ­!…ya saben lo que planeamos para ella”.

   Cumpliendo las Ć³rdenes, los dos la toman y arrojan sobre un cercano sillĆ³n, esposĆ”ndola a la espalda.

   Francisco se levanta, estĆ” adolorido pero tambiĆ©n decidido a ayudarla. La enfermera le ve tambalear al pararse y piensa:

   AĆŗn no estĆ”s bien del todo, verdad?, Siempre tardas en recuperarte…que sensibles las tienes… bueno despuĆ©s de todo te pateĆ© las toronjas de una forma plena, y sin contenerme. 

   El dĆŗo sale de la habitaciĆ³n con la esposada mujer, quien inĆŗtilmente se resiste.

   “DĆ©jenla malditos!!”, Grita el desesperado Francisco, quien aĆŗn esposado y desnudo, se lanza en carrera tras ellos…
…En el camino estĆ” la enfermera, pero repentinamente la morena se hace a un lado!;  Francisco cree que ella no intervendrĆ”, pero una vez mĆ”s se ha equivocado!...
…A Ćŗltimo minuto, Mercedes  vuelve a colocarse casi enfrente (Entre Ć©l y los captores de Mariana)… y con su hĆ”bil mano izquierda, le agarra los cojones!

   Francisco queda quieto en seco, la mujer no le aprieta, pero Ć©l tampoco se mueve, sabe que si lo deseara, la morena se los estrujarĆ­a con real furia…lo lastimarĆ­a  seriamente!.

   Mercedes se regodea: "Que grandes!, extraƱaba tocarlos!".

   “Ohhh, DĆ©ja…dĆ©jamelos, por favor”.

   "Tan grandes y sensibles los tienes, y nunca he tenido problemas en dar con ellos!… la verdad no te los cuidas bien, querido Francisco".

   “Que le harĆ”n a Mariana?”.

   "No te preocupes!, Ella cada dĆ­a recibe tu enorme verga!, si le entra eso, entonces no serĆ” gran cosa para esa zorra los atributos de mis socios!...EstarĆ” bien tu mujercita!, Jajaja".

   “No le hagan nada!, UUuugghhhh”. Mercedes le aprieta un poco el escroto, callĆ”ndolo!.

   La enfermera sacĆ³ de su bolsillo la navaja, y amenazĆ³ a Francisco:

   “OlvĆ­date de ella!...PreocĆŗpate por ti mismo…sabes bien que dĆ© querer puedo hacerte mucho daƱo!”. Francisco no dejĆ³ de ver el filo del arma.

   “Ahora mi querido huevĆ³n!, charlaremos… Y te dirĆ© los tres motivos por los que te traje aquĆ­!”.

ContinuarĆ”…

Gracias
Comentarios a  zatniktiel@hotmail.com

Esta historia seguirĆ” en TODO SOBRE MI PADRE, Historias Anexas 6  Historia 8, la cual serĆ” el final de esta saga.

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