La caja fuerte de Margarita - Las Bolas de Pablo

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18 nov 2017

La caja fuerte de Margarita

ESCRITA POR: ZATN
CONTIENE: BALLBUSTING MUJER/HOMBRE

   “Dame el dinero gordita!”.

   Le exigĆ­a el ladrĆ³n a una mujer en un callejĆ³n casi a las 7 de la noche, El lugar era muy oscuro y la dama ya cerca de su hogar caminaba sin prevenciĆ³n, por lo que cuando ingresĆ³, no se percatĆ³ de la presencia del delincuente tras ella.
… Ahora con un arma apuntĆ”ndole a menos de 2 metros, la mujer tiembla hasta los huesos.

   Esa mujer es Margarita Duque, quien hasta hace una semana habĆ­a escuchados otros casos de asalto hacia sus compaƱeras de trabajo, y hoy era la propia mujer quien padecĆ­a el delito. 

   Margarita, una mujer de 32 aƱos, es secretaria de una oficina y siempre es muy precavida  cuando viene del trabajo, pues hay una ola de asaltos por los alrededores. Por ello espera a que algĆŗn varĆ³n de la oficina tome direcciĆ³n hacia la parada de autobuses, o hasta se baje con ella cerca de su hogar; Siempre es Ćŗtil ir con quien la pueda defender, o por lo menos al haber un varĆ³n presente el ladrĆ³n no se arriesgue a abordarlos al ser dos.

   En conversaciones con sus compaƱeras de trabajo, narran entre ellas  las ocasiones en las que han sido asaltadas.

   Josefina contĆ³  cĆ³mo le robaron una cadena y sus aretes, el ladrĆ³n casi le arranca la oreja!; Tomando por sorpresa a la mujer le arrancĆ³ la cadena, y cuando apuntĆ”ndole con un arma le exigiĆ³ los aretes, la mujer se puso nerviosa… Tras apenas zafarse uno, el desesperado criminal le metiĆ³ mano y tirĆ³ del segundo arete, por fortuna Ć©sta ya habĆ­a alcanzado a zafarlo, o se hubiera llevado un pedazo de oreja.

   Otra amiga Laura, contaba cuando la abordaron en la calle para pedirle dinero, y cuando se excusĆ³ por no dar, el criminal le asomo un arma y la ocultĆ³ en su chaqueta, obligando a la mujer a sacar todo el dinero de su billetera, mientras el bandido le hablaba de manera amena y descomplicada… el robo ocurrĆ­a a pleno dĆ­a y con gente pasando cerca de ellos, pero ante el arma apuntĆ”ndole tras la chaqueta del criminal, la mujer no tenĆ­a de otra mĆ”s que colaborar… AsĆ­ el bandido se fue con el dinero, y la mujer casi muda ni siquiera denuncio el robo en pĆŗblico.

   Una tercera fue vĆ­ctima del llamado “Raponazo”, donde la mujer se hallaba hablando por telĆ©fono en una esquina, y el veloz ladrĆ³n, de apariencia de no mĆ”s de 16 aƱos, superaba a Usain Bolt en los 100 metros llevĆ”ndose el telĆ©fono de la mujer y dejĆ”ndola con un palmo  de narices.

   Margarita tambiĆ©n aporta  a la charla, y confiesa que le han robado, pero nunca se ha dado cuenta, en alguna ocasiĆ³n iba con su bolso y al llegar a casa vio que le habĆ­an rajado este por debajo, asĆ­ le habĆ­an hurtado la billetera y algunas cosas in valor, como estuche de maquillaje y similares… SĆ³lo se distrajo en el autobus y el criminal accediĆ³ a su bolso, destazĆ”ndolo por la parte inferior.

   Es por eso que ahora no usa bolsos, amplios y el dinero va  a otro lugar de guardado…sus tetas.

   “Ellas son mi caja fuerte”. AgregĆ³ Margarita.

   Las amigas concuerdan que es un buen sitio pues siempre te darĆ”s cuenta cuando alguien te mete mano para robarte en esa zona.

   “Y sobre todo tu Margarita…con esas tetas tan grandes”.

   “Y es que tu escote, mĆ”s que una caja fuerte,  es una bĆ³veda de banco! Jajajaja”.

   La aludida secretaria se ruborizo un poco, pero sus amigas tenĆ­an razĆ³n, Margarita era una mujer algo pasada de peso, y poseedora de tetas bastante blandas y grandes.

   “Margarita tu eres mamĆ” canguro… y allĆ­ caben 3 o cuatro canguritos Jajaja”. Bromeo otra compaƱera.

   Pero Margarita contraatacĆ³.

   “Ya quisieras tener la mitad de mis dotes, pechuga de paloma”. Las risas estallaron y seria solo el comienzo de mĆ”s y mĆ”s bromas en confianza.

   Tras unas burlas por parte de sus amigas, apareciĆ³ Renata, una compaƱera de labores, algo mĆ”s seria pero muy decidida en sus acciones…
Cuando saludo a Margarita con un: “Hola tetas gordas!”. Se sabĆ­a que aportarĆ­a al tema, poniĆ©ndole picante a la amena conversaciĆ³n.

   Pero regresando al momento previo al asalto de hoy, Margarita habĆ­a ido ese dĆ­a al trabajo solo un instante, pues aunque era su dĆ­a libre, le anunciaron que le pagarĆ­an un bono especial por unas horas extras que habĆ­a hecho, la entusiasmada mujer no duro en ir, pues necesitaba urgente el dinero en efectivo para pagar el arriendo de la casa del que estaba atrasada.

   Por ser una visita rĆ”pida a la oficina, la mujer no se fija en quien estĆ” a su alrededor y nadie la acompaƱa en su recorrido a casa… Hoy Margarita se ha descuidado, y la pasarĆ” mal.

   A pesar de los descuidos, si asegura el necesitado dinero… Como habĆ­a contado a sus amigas, y siguiendo su tradicional precauciĆ³n, la mujer de abundante busto metiĆ³ su pequeƱo monedero en el escote. Acomodado el botĆ­n en su “Caja fuerte”, nadie sospecharĆ­a que el dinero se hallaba entre sus tetas. AsĆ­ tomĆ³ el transporte pĆŗblico rumbo a su casa.

   Mientras Margarita, con el dinero entre sus gordas tetotas estaba en el autobĆŗs, no se percatĆ³ que un individuo no paraba de observarla mientras ella escuchaba mĆŗsica con su telĆ©fono mĆ³vil. 

   Apenas bajo del transporte, se hallaba a unas 7 cuadras de su hogar, Sin ninguna alarma entrĆ³ en un callejĆ³n algo solitario, pero que conocĆ­a… No esperaba nada malo…
…Pero el sujeto que la mirĆ³ en el bus, se habĆ­a bajado en la misma estaciĆ³n y ya le habĆ­a puesto el ojo a la mujer, viendo que ingresaba al callejĆ³n, supo que era el sitio perfecto para cometer el asalto.
   “Dame el dinero gorda!”. Le repetĆ­a el bandido con una capucha que acababa de colocarse.

   La mujer asaltada queda estupefacta al ver el arma del criminal; El hombre estĆ” en sus 20´s, no solo se ve esto en su fĆ­sico, sino tambiĆ©n por su forma de hablar.

   Margarita nerviosa, colabora con lo que le dicen…es  la primera vez que le apuntan con un arma en sus 35 aƱos de vida.

   Tras el susto inicial, Margarita se calma un poco, sĆ³lo debe colaborar y todo saldrĆ” bien…EL ladrĆ³n le pide el bolso y  el telĆ©fono mĆ³vil; Agradecida de no perder el dinero del pago, la mujer solo espera que el sujeto se marche para ella ir en direcciĆ³n opuesta… Es una perdida el telĆ©fono, pero nunca uso dispositivos muy costosos, y lo repondrĆ” fĆ”cilmente…Pero…
..Pero el ladrĆ³n a cierta distancia, y sin dejar de apuntarle con el arma, registra el bolso y no tarda en darse cuenta que no hay nada de efectivo.

   “Donde tienes el dinero gran puta!”.

   Si hubiese encontrado algunos billetes en el bolso, hubiera supuesto que asaltĆ³ a una persona con poco dinero encima, pero al no hallar nada, es obvio que la mujer lleva en dinero en su cuerpo.

   “Responde o te meto tu tiro gordita!”.

   “Lo llevo en el escote… no me haga nada por favor”.

   El ladrĆ³n sonrĆ­e, si tendrĆ” un botĆ­n despuĆ©s de todo, ahora a obtenerlo.

   Margarita ve rĆ”pidamente el doble sentido en la mirada del encapuchado, se apresta a entregarle el dinero, no sin pedirle permiso para mover un centĆ­metro de su cuerpo.

   “Lo sacĆ³?”.

   El bandido se saborea un poco, ya en el bus pudo observar el amplio y dotado escote de la que serĆ­a su vĆ­ctima, es gordita, pero una buena delantera siempre es gustosa de admirar… Y ahora ademĆ”s tenĆ­a la posibilidad de tocar aquellas gordas tetas!… No sĆ³lo le robarĆ­a el dinero en su enorme “bolsillo frontal”, sino que su mano pasarĆ­a un buen rato.

   “Mejor yo lo saco, quietica, colabora, y no pasara nada”.

   Alarmada por ser manoseada en sus Ć”reas privadas, protestĆ³:

   “No!, olvĆ­delo, no me toques”.

   El ladrĆ³n no tolerarĆ­a resistencia alguna en su vĆ­ctima, y reforzando su empuƱadura del arma, la amenaza:

   “No me provoques o te quieres un tiro en la teta!, asĆ­ que colabora gran tetona!”

   “No sea asĆ­, dĆ©jeme yo le doy el dinero… y me deja ir”.

   “Nada de eso, tetas gordas!, eso te ganas por tetona!”.

   Tetas gordas… al oĆ­r esta expresiĆ³n, Margarita fugazmente recordĆ³ a Renata, quien la llamaba de la misma manera; En su mente tenĆ­a los apartes de la conversaciĆ³n con sus compaƱeras de trabajo… especĆ­ficamente lo dicho entonces por Renata:

   “Todo lo que tienes que hacer, es pegarle en los huevos al hombre!, con eso lo dejas en el suelo”. SentenciĆ³ Renata.

   “TĆŗ lo ves muy fĆ”cil, pero una se muere de miedo en ese momento”. RespondiĆ³ una de las presentes.

   Margarita aportĆ³: “Yo no sabrĆ­a que hacer… me quedarĆ­a como una muerta… no soy capaz de hacer nada”.

   “PĆ©gale en las bolas Margarita!”. Le recalcĆ³ y animĆ³ Renata, ya lo he hecho, y los he dejado en el piso llorando.

   “No, no me atrevo”.

   “Ella tiene razĆ³n…si te resistes, te puedes ganar un tiro, o una puƱalada”. AƱadiĆ³ otra de las presente, poniĆ©ndose del lado de Margarita.

   “PĆ©gale ahĆ­ abajo cuando estĆ© descuidado, asĆ­ no podrĆ” defenderse de ti!”.

   Ante nuevas dudas por parte de las prevenidas compaƱeras de labores, Renata complementĆ³:

   “Es natural sentir miedo, pero en ese momento busquen dentro de ustedes algo de rabia, y eso les darĆ” valor!, que acaso no les da rabia que se lleven tu dinero, o tus aretes que tanto te costĆ³ comprar… Entonces desquiten esa rabia contra las bolas del hombre…hĆ”ganlos sufrir!”.

   El consejo de Renata era muy fiable y oportuno ahora siendo asaltada… El problema era el miedo, pero el ser ultrajada con la inminente metida de mano a su busto, provocĆ³ ese necesario enojo, el enojo que armĆ³ de valor a la amenazada mujer… Margarita se decidiĆ³ a arriesgar defenderse con un golpe bajo… pero tendrĆ­a que esperar la oportunidad como habĆ­a dicho Renata.
   El hombre se mordĆ­a los labios al acercĆ”rsele, los dedos de su mano izquierda se impacientan por tocar el pecho femenino… AsĆ­ abre  hacia un lado la escotada blusa, dejando mĆ”s de  media teta de Margarita al aire libre, la mujer se siente humillada por el acto del criminal, pero no dice nada….

   Le mete la mano en el escote y se regodea!... y lo hace lento! su mano frĆ­a y criminal hurga descaradamente entre las tetas de Margarita; El dinero no lo encuentra tan fĆ”cil, pero lo esperaba… tiene tantas tetas que el botĆ­n siempre se esconderĆ” mejor hasta el fondo del pecho… y aĆŗn no llega allĆ”!

   La mujer ofendida reacciona verbalmente:

   “Pervertido!!”.

   Pero no ha dejado de calcular su plan… esperar el momento justo para darle un buen golpe bajo.

   Y ese momento es cuando el criminal estĆ” mĆ”s distraĆ­do. Ni siquiera ha tomado aĆŗn el dinero, ya le ha ubicado pero no lo toma todavĆ­a, simplemente se ha dedicado a palpar toda la piel posible de esas mamas.

   Margarita ve su oportunidad… es perfecta, el arma del ladrĆ³n estĆ” apuntando hacia un lado, se halla totalmente fuera de peligro pues el condenado sujeto esta tan entretenido, de frente y muy pegado a la mujer, que no puede ver quĆ© sucede debajo del busto de Margarita…Y es abajo en donde ella ha acomodado sus caderas, y prepara su rodilla para dar el esperado golpe defensivo.

ZAZ!!!!!!!
   La mujer usa toda la potencia de sus caderas, para proyectar su muslo y rodilla contra la virilidad entre las piernas del ladrĆ³n. 

   La gruesa rodilla derecha de Margarita se hunde en el bajo vientre masculino, impactando el bulto en los pantalones del criminal. La amplia rotula lleva ambos huevos hasta estrellarlos contra sus mĆŗsculos y huesos pĆ©lvicos.

   La deformaciĆ³n gonadal se acompaƱa de un electrizante estimulo de dolor que asciende desde la pelvis hasta la boca del estĆ³mago del ladrĆ³n.

   Ha sido un golpe contundente y aturdidor…simultĆ”neamente al ser golpeadas las esferas genitales del varĆ³n, sus  otras esferas… es decir sus ojos, se abrĆ­an al mĆ”ximo, y era el instante en que su cerebro de machista y criminal recibĆ­a el intenso dolor… La respuesta es inmediata, haciendo al hombre gritar a todo pulmĆ³n:

   “AAAAAAAAAAAHHHHHH!!!!!!!”.

   SincrĆ³nicamente, su mano derecha afloja haciendo que suelte el arma, mientras la atrevida mano opuesta, va en retirada, abandonando el escote de Margarita… y sin el botĆ­n que buscaba.

   Todo lo anterior ocurrido en 2 segundos, provoca que el lastimado macho de un par de pasos atrĆ”s, buscando alejarse de su agresora; Por su parte la mujer no se pone a celebrar, y se halla mĆ”s que lista a emprender la huida… ni siquiera piensa en el bolso y el telĆ©fono que le ladrĆ³n acaba de soltar al suelo tras el golpe bajo…No se le acercarĆ” para nada!.

   Mientras escapa, puede observar al sujeto doblarse y caer de rodillas, el impacto en sus huevas es contundente y termina con la cara en el piso... le han dejado muy mal.

   El ladrĆ³n levanta un instante su cara de agonĆ­a, y la arruga con el enfado subsiguiente… le grita  a la mujer: 

   “Malditaaaa!!!!, me las pagarĆ”s!”.

   Haciendo un intento en vano de incorporarse, el ladrĆ³n busca con la mirada el arma, ni Ć©l ni la mujer saben en donde quedĆ³ con la abundante basura en el suelo.

   Margarita saliĆ³ presurosa del callejĆ³n, apenas ve gente, grita de inmediato que la ayuden, que alguien llame a la policĆ­a.

   Una multitud se le acercĆ³ a auxiliarla, hubieran actuado contra el adolorido criminal, pero la mujer advirtiĆ³ que estaba armado, asĆ­ que nadie se atreviĆ³ a ingresar al callejĆ³n. Dado el escĆ”ndalo, no tardĆ³ en hacer presencia un oficial de policĆ­a; Durante todo este tiempo, Margarita tenĆ­a el corazĆ³n a mil por hora.

   Prontamente el agente ingreso al callejĆ³n, inicialmente no encontrĆ³ a nadie, parecĆ­a que el pervertido criminal habĆ­a emprendido la huida, pero no tardaron las autoridades en establecer una bĆŗsqueda intensa; Y no habĆ­an pasado 15 minutos cuando era aprehendido el criminal… su actitud sospechosa le delatĆ³…
   Unos agentes motorizados, observaron a un hombre caminar de forma sospechosa, con una mano en la entrepierna…
…Le abordaron y detuvieron, hallĆ”ndole un arma. El sujeto daba muestras de dolor. 

   Todo fue gracias al rĆ”pido testimonio de Margarita, quien habĆ­a contado como se habĆ­a escapado del ladrĆ³n. Sabidos del golpe bajo dado a este, fue muy obvio para los motorizados el sospechar de un individuo que caminaba sobĆ”ndose las partes nobles.

   Y asĆ­ fue capturado el criminal, era uno de la banda que azotaba esa parte de la ciudad, actuaban de forma individual, pero estaban bajo un mismo mando, quien les daba protecciĆ³n, escondite y se encargaba de vender los artĆ­culos robados.

   Margarita fue una heroĆ­na, puso su denuncio valientemente y el ladrĆ³n pasĆ³ a la penitenciaria, donde quedarĆ­a guardado un buen tiempo… Y mĆ”s cuando siguiendo el ejemplo de la valerosa mujer, otras vĆ­ctimas del mismo sujeto presentaron tambiĆ©n sus respectivas denuncias.

   La gordita habĆ­a recuperado sus pertenencias (bolso y telĆ©fono)… su “Caja fuerte” habĆ­a sido asaltada el dĆ­a de hoy, pero el dinero nunca habĆ­a visto el exterior. HabĆ­a contado con suerte de que el ladrĆ³n se distrajera con sus atributos… pero ese no era problema de ella. AllĆ” Ć©l si decidiĆ³ bajar la guardia ante su vĆ­ctima, Margarita seguirĆ­a protegido sus bienes, en donde mĆ”s seguro los creyera.

   Al dĆ­a siguiente vaya que hubo comentarios y risas, cuando sus compaƱeras escucharon la impactante anĆ©cdota de su bustona amiga contra el mani-largo ladrĆ³n. 

Fin.
Gracias.
Comentarios a  zatniktiel@hotmail.com

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