Cita con el extraño (2/5): Jugando con fuego - Las Bolas de Pablo

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4 oct 2018

Cita con el extraño (2/5): Jugando con fuego

CONTIENE:
-BALLBUSTING HOMBRE/HOMBRE

   El hijo de David había heredado todos los rasgos genéticos de su padre que se acentuarían más en la adolescencia pareciendo una auténtica fotocopia, cuando fuera adulto algunos rasgos cambiarían.

   Estaba pasando algunos días en casa de su papá por lo que Pablo decidió distanciarse para que se formara el lazo familiar. Aquella mañana decidió visitar a su esposo e iban a darse un pasional beso en la sala pero tomaron de un salto una separación cuando oyeron el correr del chiquillo para volver a ellos.


   —¿Qué le dirás cuando crezca? —preguntó Pablo mirando como David recibía en sus manos un juguete del niño.



   —La verdad, ¿qué otra cosa podría decirle?



   —Ya quisiera yo. Imagina que me vea crecer como tu mejor amigo.



   —No seas tonto, Pablo.



   El hijo de David centró su atención en una pista de carrera que reposaba en el suelo.



   Prontamente Pablo abandonó el edificio donde hasta semanas atrás habitaba. Un mensaje que entró en su celular levantó su emoción, y su entrepierna, se trataba de Eddy aquel muchacho que conoció en Grindr y que habían tenido una sesión ballbusting en un hotel.



   Después de aquel encuentro Pablo quiso poner distancia pero las horas de tedio en casa y los mensajes de saludos del hombre hicieron que la comunicación continuaran. Una tarde se habían visto y tomaron café en el mismo lugar y no pasó de ese encuentro. Ahora Eddy lo estaba invitando a su casa y Pablo aceptó.



   Condujo hasta la cómoda zona de la residencia de Eddy, era un sitio tranquilo que había sido famoso en su época. Pablo ubicó a Eddy por celular y él lo esperaba en la acera.



   —Hola —lo saludó con naturalidad, tenía los ojos fijos en su teléfono deslizando la pantalla táctil. A Pablo le parecía sumamente sexy, vestía con una camisa que se abrazaba a su poderoso torso y un pantalón que delineaba su gordos muslos. Lo invitó a entrar y así pasaron a la recién pulida sala.



   Ocuparon un sofá uno al lado del otro.



   A cada uno se le formó una poderosa erección.



   Pablo se le quedó mirando fijamente. Aquello no podía ir más allá de una simple sesión.



   —¿Dónde has estado? —preguntó Eddy después de un momento.



   Pablo se encogió de hombros  



   —Quizás he estado ocupado con el trabajo.



   Eddy lo miro y sonrió.



   —Parece que fue... no sé... ¡siete años desde la última vez que te vi!



   Pablo esbozó una sonrisa y dio una respuesta trivial sin emoción pero Eddy insistió:



   —Entonces, ¿qué pasará esta noche?



   —No lo sé, una sesión corta y adios.



   Eddy levantó las cejas.



   —Hey, Pablo, no puedes ser tan cortante. Ya estás aquí y me gustas.



   —No digas eso, cállate —dijo Pablo al instante golpeó las bolas de Eddy con el dorso de la mano.



   Los ojos de Eddy se agrandaron cuando sus genitales chocaron dentro de sus pantalones.



   Eddy se dobló en el sillón sonriendo y agarrándose la entrepierna. Pablo también fue contagiado por la risa.



   —Carajo, Pablo, justo en las dos, ja, ja, ja. Me hacía falta eso, ja, ja, ja.



   Pablo echó la cabeza hacia atrás, riéndose, Eddy hacía una cara muy sexy por el dolor gonadal.



   —Otra vez, Pablo.



   Eddy se reclinó en el asiento jadeando y abriendo las piernas.



   Pablo tragó saliva y golpeó con su puño los huevos de Eddy.



   Cuando el dolor explotó en su entrepierna el fortísimo hombre cruzó los ojos y soltó un gemido profundo y gutural.



   Pablo palpó su erección mirando el rostro contorsionado por el dolor de Eddy.



   —Duele muy bien, ¿eh? —dijo.



   —Oh sí y si es contigo se siente genial.



   —Quita las manos —dijo Pablo. 

   Eddy obedeció y recibió un nuevo golpe en las pelotas. Jadeó de dolor.



   Pablo sonrió. Se levantó y de plantó frente a Eddy nuevamente le pidió que apartara las manos y plantó su pie contra su entrepierna.



   Eddy dejó escapar un chillido agudo antes de echarse de costado, agarrándose las huevas.



   Pablo tenía una deliciosa erección, se quedó mirando su trasero, se veía enorme y pomposo. Se echó adelante en dirección a él y se detuvo en seco.



   —Eh……… eh, será mejor que me vaya, Eddy.



   —No, Pablo, quédate, quédate. Lo estamos pasando bien…



   —Debo irme, Eddy.



   —Pablo, quédate. Me gustas.



   Pablo sonrió.



   —No puedo, Eddy. No se puede, Eddy, yo, estoy casado.

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