La venganza de los ex (9/10): Visita en el baño - Las Bolas de Pablo

Lo más nuevo

9 jun 2018

La venganza de los ex (9/10): Visita en el baño

CONTIENE:
-BALLBUSTING HOMBRE/HOMBE

   David y Pablo habían decidido ir a cenar a un restaurante. Ocupaban una mesa y no se habían percatado (especialmente Pablo) que uno de sus ex estaba en aquel lugar mirándolos divertidamente charlar mientras llegaba la cena.


   —¿Crees que la habitación le gustará a Davidcito cuando llegue? —preguntaba David sobre la pieza que habían acondicionado en el departamento para su pequeño hijo.


   —Por supuesto que sí —corroboró Pablo afirmando con la cabeza.


   —Estoy emocionado y nervioso. Ese día podríamos invitar a tu sobrino Vicente a casa para que no se aburra y jueguen. Quiero que David esté cómodo.


   —No lo sé —Pablo se rascó la cabeza—. Lo he estado pensando y yo para esos días debería distanciarme.


   —¿Pero por qué lo dices? —David arrugó la frente—. Quiero que Junior te conozca.


   —Lo sé y así será pero primero quiero que estés a solas con él tienes mucho tiempo sin verlo y es bueno que ambos recuperen el tiempo. Yo iré un tiempo a casa de papá y mamá que creo que Jenny me necesita, no está llevando bien el posible divorcio. Mamá creo que se va de casa con su……… novio.


   —Que mal plan —David posó su mano sobre la de Pablo.


   En ese momento un antiguo amigo de David llegó hasta la mesa.


   —¡Eh! David Aceituno, tanto tiempo sin verte.


   Le estrechó una mano era un chico joven de cabellos negro y guapo. Pablo también tuvo la impresión de que era gay.


   —No volviste a la cofradía. ¿Por qué? No vengas a decir que es por tu nuevo ya viejo matrinonio? —dirigió un vistazo a Pablo. David rápidamente lo presentó.

   —Hey, si ambos van a la cofradía eso los ayudará. Será divertido para ustedes. Vuelve y llevas, ¿a?



   —Pablo.


   —Sí, a Pablo. No lo dudes David, echa una visita siguen siendo en el mismo lugar. Ahora yo soy el presidente por este año.


   El visitante duró cortos segundos más y después se retiró. Dejando a Pablo con dudas.


   —¿Qué es eso de la cofradía?


   —Era un juego donde participaba con un grupo de amigos.


   —¿Y de qué se trata?


   David hizo un silencio dónde sólo mostraba una sonrisa pícara.


   —¿Se trata de ballbusting?

   David le afirmó con la cabeza a lo que Pablo se rió

   —Pues deberíamos pasar por ahí para que participemos.



   David ladeó la cabeza.


   —No estoy seguro que te guste. Eran juegos extremos.


   —Si estamos juntos lo serán más.


   Ambos rieron concluyendo tiempo después que en los siguientes día asistirían a la cofradía.


   —Iré al baño un momento —anunció Pablo—, necesito vaciar la vejiga.


   —Si quieres te lo sacudo.


   Pablo se echó a reír y caminó en dirección al baño de caballeros, se dirigió a una cabina y echó su orine directo al retrete mirando al techo y sintiendo una especie de relajación escuchó que la puerta fue abierta pero no le dio atención tratándose de un sitio público. Terminó de orinar, sacudió su miembro y lo guardó en su pantalón. Al salir de la cabina sus ojos se encontraron con un grueso hombre de estatura alta y cabello cano.


   —Otto —saludó Pablo a su ex con el que no tuvo buen final—. Mucho tiempo.


   —Así que te casaste y vives feliz…


   —Relativamente.


   —Es simpático el muchacho ese. Pero no debe hacerte sentir como yo.


   Pablo frunció el ceño puesto que a Otto le gustaban las sesiones con harto sufrimiento y humillación.


   —Son modos de ser muy diferentes.


   —Te encantaba estar conmigo. Supongo que después de aquí van a follar como dos perras. Supongamos que tú no puedas —dijo Otto antes de golpear con el pie el paquete abultado de Pablo.


   La punta del zapato se hundió en el suave bulto y aplanó todo, introduciendo los grandes huevos de Pablo en su cuerpo.


   Un gemido profundo y gutural escapó de los labios de Pablo cuando su rostro se arrugó de dolor.


   Otto se rió y levantó la pierna acertando otra dura patada en las bolas de Pablo.


   —Ooooooh, eso tiene que doler —Otto hizo una mueca burlona.


   Pablo dejó escapar un gruñido de angustia. Tropezó hacia atrás y cayó al suelo donde se acurrucó en posición fetal, agarrándose las pelotas.


   —Todavía recuerdo tus testículos: grandes y de cristal. Era fácil vencerlos, a todos los hombres de tu familia, me refiero.


   Pablo gimió adolorido. Lentamente se levantó, agarrando sus testículos, su rostro era de puro dolor.


   Otto lo observó, colocó las manos en sus caderas y torció una gran sonrisa en su rostro.


   Pablo lo miró antes de lanzar una patada rápida contra su entrepierna atrapando sus maduras pelotas y golpeándolas con fuerza, haciendo que los pulmones del viejo quedaran sin aire.


   Con un gemido largo y lastimoso, Otto se dobló y cayó de rodillas.


   —No lo viste venir, ¿eh? —Pablo sonrió al ver a su ex hundirse en el suelo—. Apuesto a que…


   El puño de Otto se disparó entre los muslos de Pablo y dió con sus bolas en un uppercut perfecto.


   Las mejillas de Pablo se hincharon y dejó escapar un gemido sibilante cuando el dolor estalló en su bolsa escrotal. En lugar de retirar su puño de la entrepierna de Pablo, Otto lo abrió y envolvió sus dedos alrededor del paquete de bolas.


   —Ay, suelta —clamó Pablo cuando Otto comenzó a apretar sus suaves testículos.


   Con su propia cara retorcida de dolor, Otto apretó las gónadas de Pablo tan fuerte como pudo, aplastando y aplastando la virilidad de su musculoso oponente con toda la fuerza que pudo reunir.


   Pablo se quedó boquiabierto y sus ojos se cruzaron lentamente, gimió de dolor cuando Otto presionó su pulgar y sus dedos en la suave carne de sus queridas bolas.


   Pablo chilló con los ojos llorosos. Le empezaron a temblar las rodillas y se dejó caer al suelo.


   Otto le dio a las pelotas de Pablo un último y duro apretón antes de retroceder y permitir que el joven se acurrucara en el suelo.


   Pablo agarró sus bolas y gimió de dolor.


   Otto se levantó. Se frotó la entrepierna erecta e hizo una mueca.


   Pablo levantó la vista.


   —¿Quieres más? —Otto soltó una carcajada.


   Pablo gimió y se puso de pie, doblado, una mano acariciaba sus bolas maltratadas y la otra se apoyaba en su rodilla. Jadeaba pesadamente.


   —Tuviste suerte —dijo, su rostro se contorsionó de dolor—. Si David se entera te sacará la cresta.


   —¿Me joderá? Le doy una patada y hago que las bolas se le salgan por la boca a esa musculoca.


   Pablo lo ignoró. Sus dedos examinaron con cuidado sus grandes testículos llenos de leche.


   Otto lo miró con una expresión divertida en su rostro.


   —Um, ¿quieres continuar? ¿El músculos con piernas aquel no te satisface?


   Pablo lo miró.


—Da el mejor sexo y no es un viejo cansado como tú.


   Otto se rió entre dientes.


   Pablo bajó la guardia.


   El pie de Otto se estrelló contra las bolas de Pablo con un chasquido atroz.


   Los ojos de Pablo se abrieron de par en par, sus cejas se elevaron y su boca formó una "o" dejando escapar un agudo chillido de niña.


   Otto se rió entre dientes y vio el cuerpo de Pablo convulsionar de dolor, sus manos agarraron sus doloridos genitales mientras se arrodillaba y se doblaba, su frente golpeaba el suelo.


   Otto caminó detrás de él.


   Pablo estaba gimiendo, con las piernas un poco separadas, ambas manos sostenían sus bolas doloridas.


   Otto estrelló el pie contra las manos de Pablo, metiéndolos en sus tiernos testículos y aplastándolos.


   El cuerpo de Pablo fue levantado del suelo por la fuerza de la patada, y él protestó con dolor con la voz quebrada.


   Otto soltó una carcajada. Llevó su pierna hacia atrás para patear a Pablo otra vez, pero antes de que pudiera enviar un golpe entre los muslos, Pablo lo sorprendió con un ataque como de mula pateando sus bolas.


   Otto gimió de dolor y tropezó hacia atrás.


   Pablo se acurrucó gimiendo.


   Otto dejó escapar un largo gemido, se dobló y aferrando los dedos a sus gónadas. Sus gemidos llenaron el baño. Pero se recuperó prontamente.


   Entonces agarró los tobillos de Pablo y los separó en forma de V. Levantó el pie y pisoteó con fuerza las huevas de Pablo aplastando sus fragiles huevos como pizza.


   Pablo gritó y Otto giró el pie como si estuviera apagando un cigarrillo, fulminando los cojones de Pablo.


   Pablo echó la cabeza hacia atrás, gimiendo y chillando, sus manos agarraron el pie de Otto e intentaron apartarlo.


   Finalmente, Otto retiró la pierna, pero la tortura de Pablo estaba lejos de terminar. Con un rápido movimiento, Otto le dio la vuelta a Pablo, haciéndolo levantarse con las manos, con los pies sostenidos por Otto en una posición de carretilla, sus doloridas e hinchadas bolas colgaban vulnerables.


   —¡No! —graznó Pablo sintiendo lo que Otto estaba haciendo. Trató de arrastrarse con las manos, pero Otto se aferró a sus tobillos y los separó—. ¡No! —intentó frenéticamente escapar.


   —Sí —Otto estrelló su pie entre los muslos de Pablo, aplanando sus colgantes testículos contra su cuerpo.


   Pablo gimió, cerró los ojos y su rostro se contorsionó de dolor. Otra patada en sus bolas detuvo bruscamente su chillido y provocó un horrible sonido de náuseas.


   Otto aplastó su pie en las bolas de Pablo una vez más. Su planta aplastó las bolas colgantes de Pablo contra su cuerpo.


   Pablo se atragantó.


   Otto dejó caer los pies de Pablo, y antes de que tuviera la oportunidad de acurrucarse y proteger sus pelotas, Otto agarró sus bolas con firmeza y las levantó entre las piernas de Pablo, estirandolas de su cuerpo.


   Pablo soltó un aullido y frenéticamente se puso a cuatro patas, tratando de aliviar la presión sobre sus cocos.


   Otto con una media sonrisa, exprimió las bolas de Pablo con fuerza, provocando un gemido angustiado. Dio un paso atrás, estirando las bolas provocando un grito agudo.


   Otto se sentó en la espalda de Pablo sujetándolo de las bolas.


   —Unas bolas muy bonitas, ¿eh? —comentó—. Que pena que ya no sean mías —las aplastó con fuerza con la palma de la mano, provocando un chillido de Pablo—. ¿Me regalarías tus bolas, Pablo? —las cerró en su puño una vez más.


   —¡Sueltame, hijo de puta!


   Otto se encogió de hombros y soltó las bolas de Pablo.


   Pablo se desplomó en el suelo, gimiendo de dolor, con sus manos enterradas en su entrepierna.


   Otto se enderezó y dio un paso hacia un lado. Pasó su mano por su corto cabello gris y se ajustó la entrepierna. Su pene era grueso.


   —Al final para qué quiero unas bolas de cristal. Te las dejo para que aquel pobre infeliz se las coma. Por lo menos haz su miserable vida emocionante.


   Pablo estaba tirado en el suelo, sobando sus bolas doloridas, gimiendo y sollozando de dolor.


   —Fue muy bonito mientras duró —comentó Otto—. Pero eres muy arrogante para jugar al BDSM.


   Otto salió rápidamente del baño y apresuró el paso cuando transitaba por la mesa dónde un preocupado David se levantaba para saber por qué su amado esposo se demoraba en el baño. Era mejor huír del restaurante.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario

Pages