Un nuevo enfrentamiento del Bolas de toro - Las Bolas de Pablo

Lo mƔs nuevo

7 abr 2015

Un nuevo enfrentamiento del Bolas de toro

Uno de los personajes favoritos del blog y que pronto traerĆ” su nueva serie:
CONTIENE
-SEXO HETEROSEXUAL
-BALLBUSTING HOMBRE/HOMBRE
Relacionado con: 
   Aquella maƱana el gran Felipe "bolas de toro" luchador profesional conocido tambiĆ©n como DragĆ³n Rojo se besuqueaba con una bella dama en la cama, gotas de lĆ­quido preseminal adornaba la morena y venosa verga del semental boxeador.
  La mano de la bella mujer de cabellos castaƱos subiĆ³ por el grueso muslo del hombre le separĆ³ las piernas y comenzĆ³ a jugar con los testĆ­culos, grandes, colgantes y llenos de jugo blanco... mucho semen, como un toro. Un suspiro y un fuerte gemido salieron de los carnosos labios del macho salvaje. La otra mano acariciaba el cuello, la espalda, el musculoso pecho trabajado por el gimnasio. La mano se posĆ³ sobre el bĆ­ceps, luego bajĆ³ al pene, sudado, hediondo a macho, sudor... la sabana empapada con el sudor de ambos.
   Los jadeos subieron de tono y aquel colosal semental parecĆ­a un bebĆ© queriendo ser amamantado por aquellas grandes tetas.
   -¡aaaaaaaahhhhhhhhh! -JadeĆ³ la mujer sintiendo la punta de la verga entrar por el coƱo 
   Pero luego se resistiĆ³ y abandonĆ³ el erecto pene para seguir masturbĆ”ndolo con la mano.
   Ella aumentĆ³ el ritmo de la paja, Felipe sintiĆ³ que el placer era extremo y asĆ­ fue como su pene escupiĆ³ grandes caƱonazos de leche manchando la delicada mano de la dama, la sĆ”bana y el piso. Ella lamiĆ³ su mano sin dejar rastro alguno de aquel jugo de hombre y pareciĆ³ gustarle aquel sabor empalagoso, puesto que se inclinĆ³ a la verga que seguĆ­a vomitando gruesos trazos y sacando la lengua procediĆ³ a lamer el glande de aquel macho, comiendo todo su liquido ferroso.
   Ella lamiĆ³ el tronco y hasta los huevos, los cuales metiĆ³ alternativamente en la boca para succionarlos con deseo como inmensos caramelos que albergaban dulce. Un salpicĆ³n fuerte de leche saliĆ³ del pene y aterrizo en el cuello de ella.
   Felipe tumbĆ³ a aquella dama en la cama, follarla, inundarla en su mar de semen, cremoso y caliente.
   Ella apretĆ³ las manos, sintiendo el miembro invasor en su cuerpo. Estaban como animales entre jadeos y gemidos de placer, los dos cuerpos se movĆ­an como uno en la cama, que sonaba como un catre viejo. Finalmente el tipo se arqueĆ³ y borbotones de leche inundaron a la dama que lastimosamente no quedarĆ­a embarazada, se protegĆ­a mucho, era su trabajo.
   -Esta noche quiero que vengas conmigo a la revancha que exigĆ­. GanarĆ©, me he preparado por mucho tiempo.
   -Creo que tendrĆ”s que pagar por esas horas.
   -Por ello no te preocupes. Tengo dinero de sobra.
   La mujer riĆ³ y Ć©l le estampĆ³ un fuerte beso.
...
   La arena estaba llena de fanĆ”ticos, ¡al fin se desarrollarĆ­a la revancha exigida desde hace tanto tiempo por Felipe El DragĆ³n Rojo contra Felipe. Era una lucha vale todo. Y mas que una victoria, se jugaba la hombrĆ­a de dos hombres, uno cegado por la venganza confabulado con varios compaƱeros, el otro cegado por la arrogancia de la fama viril.
   -Por esta esquina del ring, ganador de 18 combate y 3 derrotas, Felipe oro verde.
   En la esquina Felipe saltaba en el aire saludando a su pĆŗblico, con grandes botas blancas, un short negro, sus testĆ­culos protegidos por una costosa tasa y con guantes de boxeo verdes.
   -En la otra esquina del ring, solicitando esta venganza que manchĆ³ su carrera y reputaciĆ³n, con la derrota numero 2 y 26 victorias, Felipe DragĆ³n Rojo.
   El publico lo vitoreĆ³ y Ć©l se sintiĆ³ alagado, su piel morena brillaba, sus rasgos salvajes hechizaban, sus testĆ­culos desprotegidos y su pene se bamboleaba en el short rojo a medida que saltaba en el aire. Estaba descalzo.
   Y la lucha dio inicio.
   Juan disparĆ³ un gancho en el rostro del DragĆ³n rojo, este retrocediĆ³ con el impacto, pero se repondrĆ­a rĆ”pidamente.
Y fue asĆ­ como Felipe contraatacĆ³ levantando el pie y estrellando una patada en la costilla de Juan, Ć©l se quejo, y se doblo al piso.

   Juan sacudiĆ³ la cabeza y apretando los dientes, se puso de pie con orgullo, seria Ć©l rotundamente el ganador esa noche. 
   Felipe volviĆ³ a levantar el pie, en direcciĆ³n a la cabeza de Juan, Ć©ste pudo bloquear el ataque y se defendiĆ³ lanzando su pesado guante de box al paquete del fornido boxeador.
   -uuuuffffffff 
   DespuĆ©s de un lento momento, y en el que el publico exclamara como si ellos recibieran el golpe, los ojos de Felipe se cruzaron y cayĆ³ de rodillas aturdido. 
   Juan se riĆ³ y saludĆ³ al pĆŗblico que se debatĆ­a entre quejidos y vĆ­tores, Ć©l sonriĆ³ a dos personas del publico y sus 2 compaƱeros del complot contra el boludo hombre lo felicitaron con la mirada. 
   -¡Eres un maldito bastardo! ¡cobarde! -DecĆ­a con odio Felipe arrodillado en el piso, masajeando su virilidad palpitante. 
   El bolas de toro soltĆ³ su paquete, puso un pie en la lona, se apoyĆ³ en la rodilla, usĆ³ el otro pie, alzĆ”ndose robusto, como una mole y dio un paso amenazador hacia Juan. Aquel larguirucho boxeador mirĆ³ los ojos de Felipe que estaban inyectados de furia roja. De cualquier manera, Ć©l ganarĆ­a. 
   POFFFF
   -OOOOOOOCHHHHHHRRRRR.
   El guante verde volviĆ³ a estrellarse hacia las gĆ³nadas de Felipe, este gimiĆ³ mientras se llevaba las manos a las pelotas y se doblaba en direcciĆ³n al piso para mecerse allĆ­ como un chiquillo travieso lamentĆ”ndose de sus bolas lesionadas.  
   Juan se riĆ³ de su ataque cruel y traicionero. 
   -MaricĆ³n -escupiĆ³ el dragĆ³n rojo poniĆ©ndose firmemente boca arriba. 
   Juan continuĆ³ pavoneĆ”ndose hacia su pĆŗblico haciĆ©ndolo estallar en gritos y vĆ­tores estridentes mientras se quitaba el guante de box.  
   Cuando el dolor finalmente amainĆ³, Felipe se puso de pie y su pĆŗblico lo observĆ³ derrotado por estar fatigado. 
   Sin ningĆŗn perdida de tiempo, Juan metiĆ³ la mano entre los muslos fuertes de Robert apretando los cojones duros y fornidos. Los monstruoso cojones del bolas de toro colapsaron, sus gruesos y morenos labios se doblaron con la presiĆ³n de sus dolientes testĆ­culos. IntentĆ³ agarrar los puƱos de su atacante pero no pudo, lo tenĆ­a agarrado de las pelotas en un fĆ©rreo control. 
   Irremediablemente el bolas de toro se retorcĆ­a bajo las garras de Felipe, para humillarlo mĆ”s, de los ojos de aquel feroz hombre brotaron sendas lagrimas, y sus piernas temblaban como las de un anciano de 100 aƱos. 
   Felipe gritĆ³ asustado, se iba a quedar sin huevos y el estĆ³mago le colapsaba. 
   "MaldiciĆ³n... " susurrĆ³ Felipe, a su humillaciĆ³n pĆŗblica se sumĆ³ el crecimiento de su polla y como Ć©sta se marcaba como una carpa de circo en el short de satĆ©n. 
   -Ufff parece que ese pajarito quiere saludar al publico -dijo burlĆ³n Juan amasando los huevos con la punta de los dedos-. ¿Quieres que te masturbe y te desparrame por el suelo tus millones de hijos? Eh ¿bolas de toro? 
   -Maldito maricĆ³n, pervertido -salieron palabras con odio de la boca de Felipe.
   Juan sonriĆ³ malĆ©volamente. Los ojos le brillaron y comentĆ³ soez:
   -¿quĆ©? ¿deseas no haber nacido hombre? Con este par de cojones que te debilitan... que llevas a mujeres a la cama por tu poder de virilidad, que las usas como quieres... el maricĆ³n pervertido eres tĆŗ. No mereces estas pelotas. Te burlas de cualquier mujer y abusas de tu hombrĆ­a, no la mereces

   -Simplemente... me... envidias...
   Felipe fruncĆ­a el ceƱo, descontento por la derrota, la humillaciĆ³n y el insulto a su hombrĆ­a. Juan reforzĆ³ el agarre, Felipe cayĆ³ tendido al suelo y Juan continuaba ahĆ­ estrujĆ”ndole los testĆ­culos doblĆ”ndolos y estirĆ”ndolos.
    La boca del bolas de toro se doblaba en reacciones de dolor. NegĆ³ la cabeza con fuerza querĆ­a que sonara la campana, que amonestaran a Juan... era una desgraciada pelea vale todo y habĆ­a firmado un contrato donde aceptaba recibir todo tipo de golpes. 
   Juan apretĆ³ los testĆ­culos de Felipe de forma desagradable clavando las uƱas, aferrĆ”ndose, destruyĆ©ndolos, ahogĆ”ndolos. 
   Felipe ya no querĆ­a ser la burla, y le dio un golpe en la cara a Juan, este retrocediĆ³ y soltĆ³ a Felipe. El boxeador se puso de pie pero ya era tarde... su polla se estremeciĆ³ sin control y para su desgracia le brotĆ³ el primer chorro de leche espesa y blanca manchando su ya brillante short.
  Hubo un estallido de carcajadas entre el pĆŗblico. 
   -HarĆ© que las pelotas te suban a la garganta.
   -ME RINDO -gritĆ³ el bolas de toro sintiendo que la cara se le tornaba roja.
   Enseguida su publico lo abucheĆ³ y Juan celebrĆ³ su victoria. Felipe no era el tipo de hombre que se rendĆ­a, pero pudo mĆ”s la humillaciĆ³n que sus ansias de ganar, estaba bajo miles de miradas con una mancha hĆŗmeda en su short.
   -Una toalla maldita sea -pidiĆ³ el perdedor a su entrenador, mirĆ³ con odio como Juan se habĆ­a burlado una vez mĆ”s de sus cojones. Hermosos pero frĆ”giles como el cristal
   Alguien le llevĆ³ la toalla a Felipe y este la amarrĆ³ a su cintura, saliĆ³ caminando a paso lento por el camino bajo la aberrante y humillante victoria de Juan.
...
   En su camerino lleno de rencor Robert estaba sentado desnudo su grueso pene reposaba en el muslo, y sus tiernos testĆ­culos estaban en la silla, horas antes parecĆ­an 2 caramelos morenos y jugosos, ahora parecĆ­an 2 limones de tonalidad roja. La puerta la tocaron y Ć©l dijo que podĆ­an entrar, era la prostituta de esa maƱana.
   -Me jodieron -anuciĆ³ Ć©l apartando una bolsa de hielo de sus huevos y caminĆ³ lento hacia ella
   -No me toques -ordenĆ³ ella quitĆ”ndose del salvaje beso que Ć©l le plantarĆ­a
   -¿por quĆ©? Quiero que me mimes.
   -¡Eres un estĆŗpido perdedor! -InsultĆ³ ella. Sin previo aviso la rodilla de la mujer se clavĆ³ perfectamente en los testĆ­culos desnudos de Felipe, su cuerpo convulsionĆ³ preso de un nuevo dolor de bolas.
    Felipe se desplomĆ³ sin fuerzas en el frĆ­o piso cerrando los ojos y quejĆ”ndose de lo lindo.
   Y la humillaciĆ³n no terminaba ahĆ­, la mujer dio media vuelta y fue a la puerta, al abrirla, fue recibida por Juan que la abrazĆ³.
   -¿vamos al hotel, mi reina?
   -Por supuesto, caballero
   Y se alejaron abrazados. Felipe quedĆ³ ahĆ­, moribundo, en el piso, con posiciĆ³n fetal y las manos en sus bolas.
   -Maldita, maldita, muy maldita
   Felipe cerrĆ³ los ojos y se quedĆ³ ahĆ­ humillado y absorbiendo el lento dolor enviado desde sus testĆ­culos.

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