El bolas de toro (5/10): una práctica intensa - Las Bolas de Pablo

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9 may 2021

El bolas de toro (5/10): una práctica intensa

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Ballbusting m/m

Después de la nueva derrota contra Danilo Rey, el Bolas de Toro se presentó en el gimnasio en la madrugada para desquitar la furia ardiente que lo quemaba por dentro.

 

Entregaba rotundos puñetazos  contra el saco de boxeo, y sus testículos golpeados saltaban violentamente en medio de sus frenéticos movimientos. El increíble semental gritaba, gemía y lloraba por múltiples motivos: dolor, coraje y frustración.

 

Después de golpear el saco, levantó pesas, saltó las cuerdas. Sus testículos emitían un dolor que lo quemaba por dentro, pero no le importaba.

 

Apenas habían transcurrido 4 horas de la lucha, el sol empezaba a emitir los primeros rayos de la mañana. En el solitario lugar se escucharon varias carcajadas y pláticas burlonas, el Bolas de Toro reconoció que una de ellas, se trataba de su entrenador testicular y del payaso de Enzo.

 

Felipe volvió a repetir sus puños contra la pera de boxeo e ignoró a los hombres que llegaron al club, sus oídos zumbaban de rabia y no le permitían oír que los recién llegados se burlaban de su derrota.


Vandor y Enzo alzaron su cejas, impresionados de encontrar al hombre allí. Felipe continuaba furioso. Al percatarse de la entrada de los dos caballeros lo invitó a unirse a él.

 

Los 2 hombres se acercaron al sitio lejano donde estaba Felipe.

 

—Felipe, ¿qué cuentas? —quiso saber Vandor aparentando formalidad e ignorancia de la reciente derrota.

 

El Bolas de Toro respondió lleno de ímpetu:

 

—¡Ayer perdí la pelea contra mi peor enemigo! Otra vez el desgraciado se burló de mis huevos —el furioso semental repentinamente chocó sus puños como un maníaco contra la pera de boxeo—. ¿Observan cómo golpeo esta pera de box? ¡Quiero que así me golpeen los huevos hasta gritar de agonía y no sentir más dolor! ¡Quiero matar la bestia de dolor que esta adentro de mí! ¡Quiero ser completamente invencible de los testículos! ¡Soy el Bolas de Toro y nadie me puede derrotar! —afirmó, agitado en su respiración volviendo a ubicarse frente a ellos.

 

Enzo y Vandor se miraron el uno contra el otro, lograron ocultar una sonrisa medio burlona.

 

Vandor afirmó con la cabeza y le palmeó el pecho a su colega de la lucha libre. —¡Sí y empezamos ahora mismo, campeón! ¡Tú si que eres un verdadero hombre, un macho cabrón!  ¡Carajos!

 

Asumiendo un rol de pseudo doctor, Enzo intervino:

 

—Primero, te vamos a tocar las bolas y tomarte el pulso, presión y el pesaje, luego subimos al ring para empezar los primeros golpes y cuando sientas que no puedes más, vas a paralizar el entrenamiento. No queremos hacerle daño a tu calidad reproductiva. Recuerda el propósito es aumentar tu resistencia testicular. Me encargaré de cuidarte y también mediré tus bolas para detallar la resistencia.

 

Estando conforme, Felipe buscó un asiento y dejó que Enzo le examinara las bolas por encima de la ropa interior. Palpó con sus dos manos y comprobó que los cojones son tan grandes como los de un toro y palpitaban de dolor. Vandor después le dedicó algunos masajes en cuello, hombros y espalda. Enzo introdujo las manos dentro de la ropa interior de Felipe y agarró las bolas, apretándolas. Felipe sintió dolor.

 

—¡Concéntrate! —regañó Vandor dándole un golpe en la espalda.

 

Vandor y Enzo intercambiaron turnos rotativos de 5 minutos durante media hora apretando y acariciando los testículos de Felipe, haciéndolo aullar como un perro salvaje.

 

—Ahora es tiempo de tomar tu pulso y presión —indicó el pelirrojo—. Quiero que te desnudes. Deja esas bolas colgando —Felipe obedeció y se retiró el pantalón corto. Los entrenadores de testículos se sorprendieron cuando los genitales gigantes, amoratados y pulsantes se mostraron a la luz.

 

Enzo se distanció de la reunión y en pocos minutos regresó con una soga en la mano y ató los pies del varón, asegurándolos con las máquinas de hacer pesa, luego ató sus brazos por encima de su cabeza contra unos tubos para fortalecer los bíceps.

 

—Prepárate, amigo —indicó Enzo—. Voy a tomar la presión de esos huevos —Felipe abrió la boca cuando Enzo con dos tensiómetros los envolvió con fuerza en cada testículo. El Bolas de Toro se sintió incómodo y soltó un grito empezando a sudar con los músculos abdominales punzando de dolor. Vandor le recomendó respirar profundo consecutivamente durante toda la sesión, el pelirrojo tomó la válvula para el testículo izquierdo y Enzo la válvula para el testículo derecho y empezaron a apretar la presión en contra de las pobres bolas de Felipe el Bolas de Toro. Chilló de dolor durante cinco minutos, de vez en cuando gritaba maldiciones.

 

  —¡Pinches cabrones, malditos! ¡¡¡AAAAYYYYYY!!! ¡¡¡Mis pinches HUEVOS!!! ¡¡¡CABRONES!!!

 

El cuerpo del semental se movía violentamente de lado a lado tratando de burlar en vano su agonía. Los entrenadores se enojaron y bombearon las válvulas con toda la fuerza que pudieron hasta que el Bolas de Toro abandonó los insultos y empezó a gritar, desesperado.

 

Cuando la tortura terminó y el pobre bolas de toro escapaba baba de la boca y jadeaba con sudor a chorros. Los dos entrenadores abandonaron sus tensiómetros, Enzo lo desató y entre los dos lo acostaron en un banco de pesas. Ataron sus manos a la barra de metal. Amarraron también sus piernas, dejándolas separadas

 

Enzo indicó. —Amigo, prepárate, vamos a dejar caer unas pesas contra tus bolas y analizaremos tu reacción.

 

Felipe protestó:

 

—¡No! ¿Por que me hacen esto? NOOOO —su rostro entró en pánico.

 

Vandor le contestó. —Esto es para fortalecer tus testículos, campeón, resiste porque todavía tenemos más trabajo por hoy. Empezamos con 10 kilos, aumentamos 10 más y vamos a terminar en los 100, ¿preparado?

 

—¡No! ¡NOOOOO!

 

Vandor dejó caer la primera pesa de acero y pegó en contra de sus adorados testículos. Felipe se retorció volteando los ojos, dejó salir un gruñido. 

 

Vandor continuó con la próxima pesa hasta que necesito la ayuda de Enzo para las últimas 3. El pobre Felipe estaba horrorizado y gritaba como animal a punto de morir, su cuerpo brillaba de sudor y se retorcía de dolor hasta que se desmayó con la fuerza de la última pesa.

 

Cuando Felipe despertó lo primero que hizo fue toser, sus abdominales y pectorales tenían una laguna de sudor. Vandor cubrió su desnudez con el pantalón corto.

 

—Amigo, no te rindas. Llegó el momento de la última parte del entrenamiento, sube al ring para los golpes bajos, esto va a doler mucho, pero con práctica, conseguirás unas bolas de acero.

 

Felipe protestó diciendo. —¡Mis pinches huevos me duelen, hijo de tu puta madre! ¡Esto debe ser ilegal, te voy a meter preso por torturarme!

 

Vandor replicó: —Es completamente legal, recuerda que firmaste un contrato verbal para entrenarte contra los golpes bajos como se me dé la gana. ¿A caso no pediste a grito entrenamiento testicular?

 

Felipe bajó los hombros, rendido. Vandor buscó algo debajo del cuadrilátero.

 

—¿Qué haces, pinche wey? —quiso saber Felipe.

 

—Aquí está —dijo Vandor—, justo donde lo dejé la última vez —era un objeto alargado—, como tú eres un toro, esto es una picana eléctrica para ganado y muy merecido tienes unos toques eléctricos a tus bolas de toro, ¡así que sube al ring!

 

—¡No! —se resistió Felipe, mirando alarmado el objeto.

 

Entonces pelirrojo le aplico algunos toques eléctricos a la entrepierna para conducirlo al ring. El semental gritaba ya de coraje a su manipulación genital y subió al cuadrilátero. Cuando colocaba el pie firme para atravesar las cuerdas, de repente Vandor le aplicó más voltaje logrando que se tropezara, enredándose con las cuerdas y poniendo sus grandes bolas contra las cuerdas del ring. Felipe saltó sobre un pie para escapar de su tensión testicular, se retorció en la lona por un par de minutos, quejándose y chillando. Cuando creía que todo había terminado y se preparaba para levantarse, Vandor le propinó una nueva patada con su bota a los cojones.

 

—¡Párate, cabrón!

 

Felipe se retorció de dolor cinco minutos más.

 

Vandor le entregó la picana eléctrica a Enzo.

 

Vandor obligó a levantarse al bolas de toro. El pesado cuerpo del musculoso luchador, se apoyó en contra del pelirrojo. Vandor comenzó a golpearlo en los testículos, después de tres certeros puñetazos, lo empujó hacia la esquina del ring, donde Felipe se quedó agazapado y torcido sobándose los genitales. De manera cruel, Enzo le dio algunos toques con la picana eléctrica.

 

—¡¡¡AAARRRGGGHHH!!! —el luchador gritó, su cuerpo estaba lleno de sudor. No pudo resistir una nueva descarga eléctrica, su cuerpo cayó inerte a la lona, desmayado. Su par de testículos estaban grandes e hinchados.

 

—¡Es muy divertido torturar a este cabrón! —se burló Vandor.

 

Enzo le contestó:

 

—¡Se lo merecía este hijo de su puta madre!

 

Volvieron a reír. 

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