Chantaje (4/8): la vas a pasar muy bien - Las Bolas de Pablo

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31 may 2021

Chantaje (4/8): la vas a pasar muy bien

Contiene

Ballbusting hombre/hombre

Sexo homosexual


Un Mazda CX 5 del aƱo 2019 de color vino se detuvo en la calzada donde Enzo esperaba a alguien, el vidrio fue bajando y el rostro moreno con pequeƱa barba de Felipe Gargano apareciĆ³:

 

—Espero no haberme demorado. 

 

Enzo simplemente mirĆ³ al cielo con fastidio. 

 

—Hombre, por lo menos sonrĆ­e, ya lleguĆ©. Media hora despuĆ©s de haberte citado. Pero aquĆ­ estoy. Ya verĆ”s que la vamos a pasar bien comprando juntos. Mejor que si vinieras con la lady botox. Voy a estacionarme. 

 

La camioneta se puso en marcha. La cita era en un famoso centro comercial con cientos de tiendas por departamentos. Enzo fue puntual en aquella oportunidad y quien fallĆ³ era Felipe. El abogado llegĆ³ a Ć©l vistiendo impecable y bastante perfumado, era como si hubiera vaciado el frasco antes de bajar de su vehĆ­culo. 


—¿QuĆ© le comprar
Ć”s a Marcos con motivo al dĆ­a del padre? —fue su saludo. Su expresiĆ³n era jovial como si fueran amigos de hace muchos aƱos y contrastaba muchĆ­simo con el tipo duro del dĆ­a anterior. 

 

—Quiero comprarle unas gafas de sol o un reloj. Tiene montones y le gustan muchĆ­simo. 

 

—Que aburrido —dijo Felipe mientras caminaban al interior del establecimiento—. Yo le regalarĆ­a otra cosa, algo que le guste mĆ”s. 

 

—Estoy seguro que quien lo conoce mĆ”s soy yo y no tĆŗ

 

Felipe se echĆ³ a reĆ­r y Enzo lo mirĆ³ con fastidio. 

 

—Enzo sonrĆ­e, estĆ”s aquĆ­ conmigo. Yo estoy feliz —asegurĆ³ al ver que Enzo continuaba ceƱudo. Felipe se encogiĆ³ de hombros—, bueno, me da igual, asĆ­ tambiĆ©n te ves sexy. Aunque te debes ver mĆ”s lindo sonriendo. 

 

—PĆŗdrete. 

 

—Me pudrirĆ©, serĆ” un gusto —se rio Felipe. 

 

Se detuvieron ante una vitrina con decenas de relojes y Enzo los contemplĆ³ uno a uno. 

 

—Si quieres gastar dinero en uno, compramelo a mĆ­. 

 

Enzo lo mirĆ³ muy serio. —¿El chantaje tambiĆ©n involucra comprarte cosas? 

 

—No, solo involucra que yo te rompa las bolas…¡Ja, ja, ja! Enzo sonrĆ­e. Estoy feliz de que estemos aquĆ­. ¿QuĆ© le dijiste a tu novia para que no viniera? 

 

—Que hubo un cambio de planes y estarĆ­a trabajando con mi hermano en su campaƱa. 

 

—Genial. ¿Quieres saber algo? Me alegra que ella no sea la madre de tu niƱo. Es horrenda tu chica. ¿Por quĆ© terminaste con la mamĆ” de Enzito? 

 

—Mark su nombre es Mark —Enzo fijĆ³ su atenciĆ³n en cartier rectangular de color negro—,comprare este. 

 

—Hombre, no. Tu padre merece un mejor regalo de su hijo favorito y su salvador de mis malvadas garras. No le compres un reloj. SĆ© mĆ”s original, tu puedes, hombre...

 

—¿Y si lo compro acusarĆ”s a mi familia con la prensa? 

 

—Oye, dude, buena idea. No le compres un reloj es algo muy bĆ”sico. Dime, ¿por quĆ© terminaste con la madre de tu chiquillo? 

 

Enzo le tomĆ³ la palabra y comenzĆ³ a caminar por otras tiendas. Iba callado, nunca respondiĆ³ a la pregunta. La verdad terminĆ³ su relaciĆ³n con la madre de su hijo porque conociĆ³ a Amy su actual pareja. 

 

—Deben ser geniales las reuniones de los ChacĆ³n. MontĆ³n de hombres con los huevos grandes. ¿Es verdad lo que se dice de sus testĆ­culos? Los tuyos son enormes......... ¿No responderĆ”s? Bueno, ven, te invito a unos helados. 

 

—Yo no quiero ningĆŗn helado. 

 

—Pues, yo ordeno que te sientes ahĆ­ conmigo —Felipe cambiĆ³ su tono de voz—. ¿AsĆ­ te gusta que te trate, huevĆ³n? 


Ocuparon un asiento donde Enzo todavĆ­a estaba ceƱudo y Felipe se dedicĆ³ a encargar dos helados. 

 

—Que yo no quiero. 

 

—Bueno que sea uno. 

 

Se quedaron en silencio por un rato. 

 

—No soy tan maricĆ³n como tĆŗ opinas —confesĆ³ Felipe—. De hecho, ¿has oĆ­do en tu vida algĆŗn escĆ”ndalo sobre mĆ­? 

 

—No. 

 

—Soy bastante machito. 

 

El silencio regresĆ³ mientras el helado era entregado en la mesa. 

 

—De hecho estuve casado con una buena mujer un tiempo y tengo una hija. Miranda tiene 15 aƱos y es mi reina —Felipe manipulĆ³ su celular para mostrar una fotografĆ­a de Ć©l junto a una jovencita de piel bronceada, no era tan bonita como la reina que su padre veĆ­a—. Enzo, estoy muy contento de estar contigo hoy. Ayer meditĆ© y la verdad creo que he sido muy duro contigo. 

 

—Deja de chantajearme. 

 

—Eso jamĆ”s —Felipe se echĆ³ a reĆ­r—. AdemĆ”s, quiero que veas esto. 

 

TendiĆ³ su celular era la fotografĆ­a tomada sobre otro papel en fĆ­sico allĆ­ aparecĆ­a un grupo de personas entre ellas un Marcos ChacĆ³n bastante joven. 

 

—SĆ­, es tu padre, y este que ves por aquĆ­ es el mĆ­o. 

 

—¿Y quĆ© con eso? 

 

—Eran muy amigos. 

 

—¿Amigos? Amigos hasta que tu sucio padre lo traicionĆ³ con una investigaciĆ³n judicial. 

 

Felipe se le quedĆ³ mirando, parecĆ­a muy tranquilo, pero se las arreglĆ³ para golpear con su pie las bolas de Enzo debajo de la mesa. 

 

El muchacho saltĆ³ sobre la silla llamando la atenciĆ³n de las mesas vecinas. Felipe se excusĆ³ con una sonrisa. Enzo arrugĆ³ el rostro notablemente furioso.

 

—No puedes hablar asĆ­ de mi padre, Ć©l no estĆ” aquĆ­ para defenderse y tĆŗ no sabes como ocurrieron los hechos. AdemĆ”s, una investigaciĆ³n judicial que al fin y al cabo fue cierta. ¿O Marcos ChacĆ³n no es un asqueroso corrupto?

 

—Se acabĆ³ —dijo Enzo levantĆ”ndose del asiento—. Me largo de aquĆ­ —se dio media vuelta. 

 

—Compra para Ć©l un Dalmore—dijo Felipe tranquilamente—, mi padre alguna vez dijo que Marcos siempre fue fan de esa bebida. 

 

Enzo de espalda a Felipe quedĆ³ dubitativo y sorprendido. Era verdad, a su padre le encantaba ese whisky, justamente su ultimo resguardo lo terminĆ³ semana atrĆ”s el nieto Rafael que se lo habĆ­a robado para compartir con sus amigos. ¡Tremenda regaƱiza que recibiĆ³ al dĆ­a siguiente! 

 

—No te puedes ir aĆŗn, Enzo. 

 

El muchacho se dio la vuelta. 

 

—Me largo. 

 

—No te puedes ir, amigo. Hice una reservaciĆ³n en el hotel que estĆ” aquĆ­ al lado. Obvio, no es como el Neptuno Palace, pero es seguro que sus inversionistas lo construyeron con dinero legal, jajaja, es broma. Pero es un excelente hotel. Anoche hice una reservaciĆ³n para ambos. HabitaciĆ³n 826.

 

—No voy a ir a ningĆŗn hotel contigo —aclarĆ³ Enzo, rojo de la ira. 

 

—Una sola llamada de mi celular bastarĆ” para desmontar a tu familia. 

 

—… 

 

—PiĆ©nsalo, Enzo. Tu culito sexy y virginal a cambio de la libertad del culo de Marcos para los presos de la cĆ”rcel. 

 

—Vete a la mierda —respondiĆ³ Enzo con los labios apretados conteniendo la ira. Se dio media vuelta y se marchĆ³. 

 

Minutos despuĆ©s cuando estaba en una tienda de expendio de licores Enzo recibiĆ³ en su celular una fotografĆ­a, era de uno de los documentos que incriminaba a Marcos. Debajo estaba un mensaje. 

 

No lo olvides, habitaciĆ³n 826. Ya estoy ahĆ­. Llega sin anunciarte, la puerta estarĆ” sin pasador.

 


Cuando Enzo llegĆ³ a la habitaciĆ³n sintiĆ³ mĆ”s rabia. El asqueroso de Felipe lo estaba esperando semidesnudo sentado en el mueble. Usaba un calzoncillo que guardaba su inmensa hombrĆ­a, estaba descansando a un lado y se dibujaba recta como una protuberancia. ¿QuĆ© demonios tenĆ­a ahĆ­ dentro? ¿Por quĆ© se veĆ­a tan grande? 

 

—SabĆ­a que ibas a venir. Ahora sĆ­ puedes quitarte la ropa. AquĆ­ te espero. 

 

—Nunca tendrĆ© sexo contigo, maricĆ³n. No me gustan los hombres. 

 

—Nunca digas nunca —afirmĆ³ Felipe levantĆ”ndose. Inmensa era la herramienta que se le veĆ­a entre las piernas—.¿CĆ³mo sabes que no te gusta algo si antes no lo has probado

 

—PĆ­deme dinero. ¿CuĆ”nto quieres? Pero no me pidas sexo —Enzo se echĆ³ para atrĆ”s hasta dar de espalda a la puerta. 

 

—¿Enzo, estĆ”s aterrado? El gran leĆ³n de los ChacĆ³n le tiene miedo a un simple maricĆ³n enclosetado? Shhh —se acercĆ³ a Ć©l pasando los brazos por sus hombros, tenĆ­a un notable brillo en la mirada y le hablĆ³ tranquilo—. No tengas miedo, no te harĆ© algo que te haga sentir mal. Al fondo lo vas a pasar bien

 

—No soy gay. PĆ­deme dinero. Lo que quieras. 

 

—Shhh, Enzo. No te voy a clavar mi anaconda, por lo menos no hoy jajaja. Pero quiero que te relajes. Yo no soy malo. No quiero que temas de mi o me odies. 

 

Le aplicĆ³ un preciso masaje en el hombro que tĆ”cticamente supo dominar la tensiĆ³n de Enzo al instante. 

 

Felipe sonriĆ³ su pene estaba tan duro de estar en contacto tan cercano con aquel semental. 

 

Mientras Enzo se relajaba cayendo en las garras del placer del abogado, Felipe levantĆ³ la rodilla bruscamente, aplastando las bolas del hombre entre su rĆ³tula y la pelvis. 

 

Enzo se quedĆ³ sin aire. Sus brazos se movieron inĆŗtilmente. Felipe volviĆ³ a levantar la rodilla, masacrando las bolas. 

 

—¡Uuuhhhhggg! 

 

Felipe se encantĆ³ por la maravillosa demostraciĆ³n de resistencia de Enzo. TrasladĆ³ sus manos a los pectorales, sintiĆ©ndolos duros, despuĆ©s desabrochĆ³ el botĆ³n superior de la camisa, pasĆ³ al segundo y asĆ­ al tercero, descubriendo poco a poco su torso marcado con tatuajes. 

 

—No —susurrĆ³ Enzo. 

 

—SĆ­ —afirmĆ³ serenamente, pero firme Felipe continuando la labor. No pongas resistencia o te romperĆ© la camisa...

 

La ropa saliĆ³ del torso de Enzo.

 

Felipe se lamiĆ³ los labios. 

 

—SĆ”cate el zapato, amigo —pidiĆ³ el abogado abriendo el cinturĆ³n. 


Con los zapatos fuera, el pantalĆ³n comenzĆ³ a deslizarse por los muslos del hombre. Felipe contuvo el aliento, sintiĆ©ndose ansioso de estar cerca de los genitales de ChacĆ³n. Enzo vestĆ­a un ajustado calzoncillo blanco, su pene medio duro apuntaba a su ombligo y sus huevos redondos y extra grandes quedaban expuestos debajo. Felipe se mordiĆ³ el labio inferior sin dejar de mirar el impresionante paquete.

 

Felipe se arregostĆ³ a Enzo y comenzĆ³ a besar su cuello al mismo tiempo que frotaba su erecciĆ³n contra la de Ć©l, si no, se inclinaba y la pasaba por su muslo y cadera. 

 

No —susurrĆ³ Enzo con los ojos cerrados. 

 

Felipe no se detuvo continuĆ³ con sus labios y lengua por el cuello y pecho de ChacĆ³n, raspĆ³ con su barba la rasurada cara de Enzo y se emocionĆ³ cuando ese joven emitiĆ³ un suave gemido. 

 

No, por favor, no sigas —susurrĆ³. 

 

Felipe lo ignorĆ³, estimĆ³ con su boca el cuello, su mano frotaba el paquete de ChacĆ³nel contacto piel a piel se hacĆ­a cada vez mayor

 

Felipe Gargano estaba ansioso de besar los labios de ChacĆ³n, pero se contuvo. Al menos Ć©l se atreviĆ³ a hacer en vivo lo que aƱos atrĆ”s solo en la mente de su padre ocurriĆ³ por otro ChacĆ³n. 

 

—Esto te gusta, Enzo —susurrĆ³ Felipe a su oĆ­do. 

 

No, por favor no. No quiero seguir. Detente

 

—Me pides que me detengas y tus brazos estĆ”n muy tranquilos a ambos lados de mi costado. 

 

Dicho eso Enzo bajĆ³ sus brazos dejĆ”ndolos inertes. Felipe se echĆ³ a reĆ­r y empujĆ³ la palma de su mano abierta hacia arriba en los cocos de Enzo. Sus testĆ­culos se empujaron hacia arriba por el impacto; Enzo abriĆ³ la boca y moviĆ³ las manos lentamente para proteger su vulnerable hombrĆ­a. Sin embargo Felipe, nunca apartĆ³ su mano y la mantuvo entre las piernas de Enzo ChacĆ³n, sujetando su escroto. 

 

—Confieso que se sienten mejor cuando uno las sostienes —le dijo tras pasar la lengua por su oreja—. Quiero que sepas que estos huevos de avestruz me pertenecen y no son de lady botox. Yo solo te comparto con ella, pero juro que a partir de hoy eres mĆ­o —avisĆ³ haciendo rodar las bolas gordas y llenas de semen en su palma, aplastando una contra la otra. En poco tiempo, el rĆ­tmico aplastamiento de sus testĆ­culos hizo que la impresionante herramienta del hombre se alargara y endureciera, sobresaliendo contra su ajustado calzoncillo. Felipe rozĆ³ su cuerpo con el de Enzo, sabiendo que estaba muy bien dotado. 

 

Desde su posiciĆ³n apoyado contra la puerta de entrada, Enzo no supo que hacer. Salir corriendo u obedecer el repentino impulso sexual que nacĆ­a dentro de Ć©l.

 

A su vez Felipe le embistiĆ³ un rodillazo en los huevos.

 

Enzo rugiĆ³ en lo que sus gĆ³nadas explotaron de dolor. 

 

Felipe lo miraba de felicidad con su polla a punto de reventar el calzoncillo

 

Enzo se atragantĆ³ cuando su entrepierna fue embestida con un puƱetazo de Felipe.

 

—¿Te duele, semental? —preguntĆ³. 

 

Enzo nada le respondiĆ³, pero todavĆ­a seguĆ­a con el pito erecto. 

 

Sin demora, Felipe se apoderĆ³ de sus grandes bolas.

 

Enzo ChacĆ³n respirĆ³ hondo y contuvo el aliento, en lo que el abogado girĆ³ sus cojones entre sus fuertes dedos.

 

Felipe se sentĆ­a contento de tener solo para Ć©l a este semental, completamente bajo control y con la guardia baja. AgregĆ³ presiĆ³n a los Ć³rganos del rubio y sonriĆ³. EnderezĆ³ a Enzo empujĆ”ndolo con su otra palma por el musculoso pecho. Deliberadamente rodĆ³ sus bolas en su palma, siendo el absoluto dueƱo de su hombrĆ­a. Enzo rugiĆ³ muy bajo. 

 

HabĆ­a un magnĆ©tico contacto visual entre ambos. Sin embargo la mirada de Felipe se transformĆ³ en un brillo de sexo, dejĆ³ de apretar los cojones de Enzo y deslizĆ³ su mano por toda el Ć”rea genital del hombre, sonriĆ³ de palpar el duro pene, era gordo. Se dedicĆ³ a escuchar la respiraciĆ³n de su cautivo, eran mezclas de una contenida excitaciĆ³n y jadeos.

 

Felipe lo tomĆ³ de la mano. 

 

—Ven —dijo con una sincera sonrisa. 

 

No —dijo Enzo.su voz no era firme, era como una sĆŗplica. 

 

—Ven, me encargarĆ© que lo pases bien

 

Y lo hizo caminar alejĆ”ndolo de la puerta, otro dudoso «no» de Enzo fue omitido. 

 

—QuĆ­tate eso. 

 

—No. 

 

—¿Es todo lo que puedes decir? —Felipe sonriĆ³ divirtiĆ©ndose. 


Enzo se quedĆ³ callado, entonces rĆ”pidamente Felipe hizo caer la ropa interior del joven por sus muslos. Fue gracioso porque en vano Enzo intentĆ³ cubrir su dotada erecciĆ³n. 

 

—Uy, tan grande y tan miedoso. No te preocupes, no te voy a violar —se acercĆ³ a su oĆ­do y le susurrĆ³—, me voy a encargar de que la pases bien. ¿Hasta cuando lo repito? —suavemente retirĆ³ las manos de Enzo de su hombrĆ­a, tragĆ³ saliva. Aquella herramienta sexual era sumamente hermosa, una gran vara para penetrar con dos cargadas gĆ³nadas, un poco rojas por los golpes anteriores—. SiĆ©ntate —empujĆ”ndolo suavemente hizo que Enzo utilizara una silla. 

 

Felipe se arrodillĆ³ en medio de sus piernas abiertas, le mirĆ³ con los ojos llenos de brillo, tomĆ³ la hermosa polla y empezĆ³ a lamerle el tronco y el glande mientras estimulaba tambiĆ©n con la mano. EmpezĆ³ lentamente, saboreando cada milĆ­metro de ese pene con consistencia pĆ©trea.

 

La verdad, Enzo se sintiĆ³ en el cielo, mirĆ³ a Felipe, pero sintiĆ³ vergĆ¼enza y desvĆ­o la vista cuando el abogado dirigiĆ³ sus ojos hasta Ć©l para detallar su reacciĆ³n y despuĆ©s siguiĆ³ con su mamada. Le comĆ­a el pene con mucha delicadeza, poniĆ©ndole la mĆ”xima atenciĆ³n a lo que hacĆ­a. Se daba cuenta que nunca antes se la habĆ­an chupado de esa forma. Desde que perdiĆ³ la virginidad a los 16 aƱos con una compaƱera de clases y despuĆ©s de muchas bocas femeninas en esos 13 aƱos de sexo, nunca antes se lo habĆ­an hecho con tanta precisiĆ³n.

 

Felipe chupaba con autĆ©ntico deleite. Se sentĆ­a feliz de poder hacerlo con Enzo y querĆ­a que no lo olvidase nunca en su vida, por esa razĆ³n siguiĆ³ lamiendo a toda disposiciĆ³n. Con la mano temblorosa Enzo le acariciĆ³ el cabello con una mano y luego con la otra.

 

Dio un respiro y supo que se relajĆ³. Felipe seguĆ­a recorriendo toda la extensiĆ³n de su verga con la lengua y labios, no hubo un solo contacto con sus dientes como a menudo le ocurrĆ­a con alguna chica. LlegĆ³ un momento en el que el abogado se metiĆ³ su pene por completo en la boca y se lo sacĆ³ rĆ”pidamente.

 

Enzo gimiĆ³ deliciosamente, Felipe sĆ­ que sabĆ­a muy bien cĆ³mo prolongar el placer.

 

Gradualmente, sus movimientos fueron subiendo de intensidad y con la mano derecha empezĆ³ a acariciar los grandes testĆ­culos ChacĆ³n, empezĆ³ a masajearlos muy suavemente mientras se empezaba a meter la polla en su boca.

 

No tardĆ³ mucho en engullir toda la extensiĆ³n del falo. PodĆ­a notar su cara y su nariz bajando y subiendo mientras usaba su lengua para jugar con su polla, que se encontraba totalmente encerrada en su boca.

 

Enzo solo pensĆ³ en la fabulosa garganta profunda, se sentĆ­a en el cielo. PodĆ­a ver las nubes y el placer. Felipe realmente disfrutaba mamando una verga. 


—Ah, ah, ah —empezĆ³ a decir Enzo, con la boca abierta de manera muy pequeƱa, aferrĆ³ sus manos a las patas de la silla. Estaba muy cachondo y no demorarĆ­a en eyacular—
. Estoy… estoy a punto… 

 

—No me importa —dijo Felipe, aumentando el movimiento de sus labios. Moviendo la cabeza con mĆ”s energĆ­a, follĆ”ndolo con sus labios y lengua.

 

Alternaba movimientos largos que dejaban el glande dentro de su boca, con movimientos mƔs cortos y rƔpidos en los que sacaba de su boca unos cinco o seis centƭmetros de esa barra de carne ardiente.

 

Era increĆ­ble lo que hacĆ­a con la lengua. La movĆ­a de sitio de modo que la sensaciĆ³n de la mamada iba cambiando en cada ocasiĆ³n. Enzo sentĆ­a que su semen iba a brotar como lava de un volcĆ”n en erupciĆ³n.

 

Tal como pensĆ³, expulsĆ³ el primer chorro con toda la potencia de un caĆ±Ć³n. 

 

Felipe enterrĆ³ toda la verga hasta el fondo de su garganta recibiendo los largos disparos de leche ChacĆ³n. Con la boca abierta mientras respiraba, Enzo observĆ³ cĆ³mo Felipe tragaba por el movimiento de su garganta, lo que le produjo un placer mayor.

 

A medida que la leche era expulsada de su cuerpo, su pene se deshinchaba conforme pasaban los segundos.

 

Cada vez que notaba como Felipe hacĆ­a presiĆ³n, le invadĆ­a una oleada de placer. Al final, Felipe volviĆ³ a metĆ©rsela entera hasta el fondo e hizo una pasada de lengua hasta que su verga quedĆ³ completamente fuera de su cuerpo, relajada.

 

HabĆ­a sido una mamada increĆ­ble. Pero no se atrevĆ­a a decĆ­rselo.

 

Felipe levantĆ³ la boca, algunos rastros del jugo viril de Enzo estaba empegostado alrededor de sus labios, le sonriĆ³. Enzo lo mirĆ³ y se mordiĆ³ el labio inferior.

 

—IrĆ© a lavarme la cara para quitar este desastre —declarĆ³ irguiĆ©ndose—. Oye, ¿quĆ© comes? Tiene buen sabor.

 

Enzo se encogiĆ³ de hombros. Felipe le guiĆ±Ć³ un ojo.

 

—Ya vuelvo.

 

Se dio la vuelta y caminĆ³ al baƱo, a mitad de su recorrido, se quitĆ³ la ropa interior. Enzo le observĆ³ las redondas nalgas, se habĆ­a depilado sin duda alguna.

 

Cuando Felipe saliĆ³ del baƱo con la cara hĆŗmeda se quedĆ³ observando la sala.

 

—Lo que me esperaba —dijo.

 

Enzo se habĆ­a ido. 

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