El documento secreto(2/6): El interrogatorio - Las Bolas de Pablo

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3 mar 2018

El documento secreto(2/6): El interrogatorio


CONTIENE:
-BALLBUSTING HOMBRE/HOMBRE

   Paolo tenĆ­a rato despierto pero aparentaba completa inamobilidad, sabĆ­a que estaba tendido en una cama y secuestrado por un sujeto desconocido. HabĆ­a despertado con un dolor en los testĆ­culos y cuando intentĆ³ sobarlos supo que estaba de manos y pies atados. Estuvo parpadeando varias veces y observĆ³ una habitaciĆ³n limpia, iluminada por el sol que atravesaba la ventana de vidrio, el aire acondicionado estaba apagado. DeterminĆ³ que por el inmobiliario estaba en un recinto de buen presupuesto. A lo lejos se escuchaba el ruido del trafico parecĆ­a ser una avenida. RecordĆ³ los sucesos del aereopuerto y se aterrĆ³, no sabĆ­a quĆ© hacer y su peor reacciĆ³n iba a ser pedir ayuda.


   Desesperado intentĆ³ liberarse y cuando escuchĆ³ pasos que se dirigĆ­an a la habitaciĆ³n se quedĆ³ inerte cerrando los ojos.


   Penetraron dos hombres a la pieza.


   —No sĆ© quĆ© demonios hizo con el archivo que le entregaron —dijo la profunda voz de aquel hombre que lo golpeĆ³ en el aeropuerto—. Revisamos su equipaje, sus ropas todo.


   —¿EstĆ”s seguro que fue a Ć©l a quien se le entregĆ³? —preguntĆ³ con acento espaƱol su acompaƱante—. ¿No te habrĆ”s equivocado de hombre?


   —No, yo vi cuando Danvers se sentĆ³ a su lado y le entregĆ³ el usb.


   —Rafael, ¿quĆ© hicieron con Danvers?


   —Rita y los demĆ”s lo siguieron.


   —¿Dieron con Ć©l?


   —SĆ­, lo raptaron y torturaron, no resistiĆ³ nada. No tenĆ­a nada entre sus cosas y tampoco soltĆ³ prenda de lo que hizo. Pero sabemos que es Ć©ste quien tiene el documento secreto en su poder.


   —No quiero a los demĆ”s en mi casa.


   —DespreocĆŗpate. Por ahora solo tĆŗ y yo sabremos que estĆ” aquĆ­.  Nos conviene mĆ”s.


   —Necesitamos saber dĆ³nde estĆ” el documento. ¿Volvemos a revisar su equipaje?


   —Tulio, no seas idiota. Ya hemos revisado todo. Hay que sacarle las palabras a este imbĆ©cil.


   Rafael dio un par de pasos a Paolo que lo hicieron temblar sobre la cama. El robusto seƱor se percatĆ³ del ligero movimiento aterrado del rehĆ©n. Se quedĆ³ contemplandolo, era un hombre joven y fuerte tenĆ­a un jeans que se abultaba en su entrepierna, aquel semental joven y musculoso se veĆ­a impresionante.


   Rafael apretĆ³ el puƱo. LevantĆ³ el brazo y a Tulio tras de Ć©l se le hizo agua la boca, un puƱetazo chocĆ³ con el gran montĆ­culo en la entrepierna de Paolo, aplanĆ”ndolo y metiendo sus bolas en su cuerpo.


   Paolo dejĆ³ escapar un grito fuerte mientras sus ojos se abrĆ­an como platos.


   —ASƍ QUE ESTƁS DESPIERTO, MONSALVETE. ¿DƓNDE ESTƁ EL DOCUMENTO? ¿TE LO METISTE POR EL CULO?


   A Paolo lo atacĆ³ una tos seca. Cuando estuvo mĆ”s calmado observĆ³ a un hombre alto y delgado a espalda de Rafael, era calvo y de cuerpo atlĆ©tico.


   —No sĆ© de quĆ© me hablan, no sĆ© quĆ© hago aquĆ­.


   Rafael lo miro con odio.


   —Oye italiano no tengo humor para perder el tiempo contigo. ¿DĆ³nde estĆ” el documento? ¡O te arrancarĆ© las bolas y te las darĆ© de comer.


   —¿QuĆ©?


   —EstĆ”s en nuestro poder —hablĆ³ por primera vez Tulio—. Ya sabemos quien eres Paolo Girolamo, tenemos tus identificaciones y direcciones. ¿Quieres que visitemos a tu esposa e hijos en Genova?


   Paolo se quedĆ³ pasmado. AbriĆ³ la boca sin saber quĆ© hacer finalmente sus Ćŗnicas palabras fueron:


   —¿Una esposa y un hijo? ¿DĆ³nde? ¿QuiĆ©nes?


   Rafael apretĆ³ los labios y estampĆ³ el puƱo entre los muslos de Paolo, pegando a sus  bolas con un golpe rotundo.


   Paolo gritĆ³, su rostro y cuerpo se retorcĆ­an de dolor.


   Rafael lo mirĆ³ expectante.


   —No estoy para juegos. MatarĆ© a tu puta y a tu bastardo. ¿DƓNDE ESTƁ EL DOCUMENTO? —gritĆ³ escupiendo parte de su saliva.


   Su fuerte puƱo se estampĆ³ otra vez contra la entrepierna de Paolo crujiendo sus gĆ³nadas haciĆ©ndole gritar de dolor.


   —LOS VOY A MATAR Y TE MOSTRARƉ EL VIDEO. QUIERO EL ARCHIVO.


   Rafael volviĆ³ a cerrar su mano en forma de puƱo y golpeĆ³ las bolas de Paolo, provocando un grito estridente.


   El seƱor no se detuvo y continuĆ³ golpeando con los nudillos una y otra vez las gĆ³nadas, aplastĆ”ndolas con fuerza y ​​haciendo que el hombre llorara en agonĆ­a.


   Cada golpe hizo que el cuerpo de Paolo se agitara y retorciera en la cama. TenĆ­a los ojos cerrados y apretaba los dientes, con el rostro contraĆ­do de dolor.


   Rafael no se detuvo de golpear los testĆ­culos tan fuerte como podĆ­a una y otra vez, Tulio sonreĆ­a acariciando su erecciĆ³n por encima del pantalĆ³n mirando al italiano retorcerse mientras gritaba y gritaba de dolor.


   —¿Te decidiste hablar o seguirĆ”s jugando al loco? —interrogĆ³ Rafael, tomando un descanso de golpear las huevas.


   —Le juro que no sĆ© nada. Ni siquiera sĆ© quĆ© hago aquĆ­. No recuerdo tener esposa o hijo… lo juro. No recuerdo nada, nada de mi.


   Rafael volviĆ³ a perder los estribos y clavĆ³ los pulgares en la carne suave de los testĆ­culos regordetes de Paolo, haciĆ©ndolo chillar de dolor.


   La polla carnosa del italiano criado en EspaƱa creciĆ³ de inmediato, dibujĆ”ndose en toda su longitud en su pantalĆ³n. La cabeza palpitaba como culebra.


   —Quiero el puto archivo y te dejo ir, animal.


   —¡NO SƉ DE NINGƚN ARCHIVO!


   Rafael levantĆ³ el brazo y lo dejo caer con toda la fuerza que pudo reunir contra la entrepierna del rehĆ©n. Sus nudillos aplastaron las bolas.


   Paolo dejĆ³ escapar un gemido ensordecedor y se retorciĆ³. Su dura polla se crispĆ³ salvajemente metida en la tela de jeans.


   Los jugosos cojones de Paolo recibieron un puƱetazo una vez mĆ”s.


   Paolo gritaba desesperado. Su pene palpitaba y se crispaba violentamente.


   Un tercer puƱetazo encontrĆ³ su objetivo y aplastĆ³ las pelotas hinchadas de Paolo con fuerza, provocando un grito agudo que mermĆ³ los jadeos de Tulio con la mano metida dentro de su pantalĆ³n.


   Julio estaba sin inmutarse y lanzĆ³ un cuarto ataque en los lastimados huevos de Paolo.


   El cuerpo del hombre se estrechĆ³ y su polla guardada en el jeans emanĆ“ un chorrete de leche blanca y cremosa. Paolo abriĆ³ los ojos y la boca impresionado.


   Rafael sonriĆ³ y golpeĆ³ las bolas otra vez.


   Paolo escapĆ³ un feroz grito y se quedĆ³ inerte en la cama.


   —!Se ha desmayado! Conche tu madre.


   Y Rafael clavĆ³ un Ćŗltimo y certero puƱetazo a las bolas que no provocĆ³ reacciĆ³n en el hombre.


   —Joder —exclamĆ³ Tulio sacando su mano de la entrepierna y portando una poderosa erecciĆ³n que Rafael se quedĆ³ mirando—. ¿Crees que en realidad haya perdiĆ³ la memoria por el shock?


   —No lo sĆ©. Yo tengo que reunirme con los demĆ”s quedarĆ” bajo tu cuidado.


   —Lo sĆ©. Le sacarĆ© la informaciĆ³n ya lo verĆ”s. No quiero a los otros pillos aquĆ­.

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