EstĆ”s en la cuarta parte de esta historia, aquĆ puedes encontrar la tercera parte, que precede a esta. Si gustas puedes leerla desde el inicio.
Diego, 43 aƱos |
A pesar de que tambiĆ©n se referĆan a mĆ como “hijo de puta”, jamĆ”s se metieron de forma particular conmigo. No hasta que regresĆ© a MĆ©xico cuando terminĆ© mi doctorado en economĆa.
En aquel entonces, yo tenĆa veintisiete aƱos, decidĆ establecerme en Cuernavaca, comencĆ© a salir con un chico muy atractivo que conocĆ nadando en un club deportivo, era alto, fuerte y tenĆa unos ojos preciosos, se llamaba AarĆ³n Estrada, era un arquitecto, quien reciĆ©n comenzaba su propia empresa de decoraciĆ³n de interiores. Emprendedor, poderoso, arrasador, con una vibra muy chida, AarĆ³n era el hombre perfecto. Ćl sabĆa mi nombre completo, pero no me asociaba con la familia mĆ”s rica del paĆs, pues todo el mundo conocĆa a los Holgado Ferrer, yo era un simple Holgado Rey. A pesar de llevar dos aƱos siendo novios, yo no le habĆa contado la verdad.
Con treinta y siete aƱos, Diego dirigĆa la cadena de hoteles y toda la rama turĆstica del Grupo LeĆ³n. Ćl se habĆa enterado de mi relaciĆ³n con AarĆ³n, de la nada, decidiĆ³ meterse con Ć©l. La empresa lo contactĆ³, lo citaron en la Ciudad de MĆ©xico, le dieron a entender que cerrarĆan un trato muy importante, que era casi un hecho. Le pidieron crear varias habitaciones modelo, previo a cerrar el jugoso contrato. La madre de mi novio hipotecĆ³ su casa para ayudarlo a solventar aquella “inversiĆ³n”, al final, Diego solo jugĆ³ con Ć©l. Le hizo perder ese dinero, el trato nunca se cerrĆ³. El rostro de AarĆ³n cuando me lo contĆ³ me rompiĆ³ el corazĆ³n, dijo que no tenĆa cara para ver a su madre, yo le ofrecĆ el dinero para saldar esa deuda, Ć©l se negĆ³, era demasiado orgulloso. Eventualmente saliĆ³ adelante por su cuenta.
Furioso, fui a ver a Diego, se negĆ³ a recibirme. Los guardias de seguridad del edificio corporativo me sacaron como si hubiera sido yo un mendigo. Tuve que interceptarlo en el Club de Golf. Se encontraba jugando con Poncho y un par de amigos, cuando yo lleguĆ©.
—¿QuĆ© es ese olor tan feo? —dijo Alfonso al verme aproximĆ”ndome.
MamonsĆsimo, Diego |
Yo no detuve mi andar, de inmediato le di un golpe en la cara que lo derribĆ³ al piso.
—Conmigo puedes meterte todo lo que quieras y decirme lo que se te antoje. Pero si te vuelves a meter con AarĆ³n, te juro que…
Fui interrumpido por un golpe en la entrepierna. Poncho me golpeĆ³ por detrĆ”s con la cabeza de acero de un palo de golf. Yo gritĆ© y caĆ al suelo acunando mis bolas, mi hermano no midiĆ³ su fuerza.
Tanto mis hermanos como sus dos amigos sostenĆan sus palos de golf, listos para utilizarlos como armas. EntendĆ que habĆa sido un estĆŗpido al buscar enfrentarlos en un lugar asĆ. Poncho pateĆ³ las manos que me protegĆan, las tuve que retirar, apoyĆ³ su pie sobre mi entrepierna, aplastando mis testĆculos, Diego colocĆ³ su planta sobre mi pecho.
—Entiende cuĆ”l es tu lugar, hijo de puta. TĆŗ no nos vas a decir quĆ© hacer —dijo Diego.
—O quĆ© no hacer —completĆ³ Alfonso.
—LĆ”rgate de aquĆ, no queremos ensuciar nuestros palos con tu asquerosa sangre inmunda y apestosa —dijo Diego pateando mi costado.
Alfonso. Que no los engaƱe con su carita hermosa, Ʃl casi me revienta un huevo. |
Me permitieron incorporarme, humillado, tuve que retroceder e irme, el dolor en mi testĆculo derecho era tan intenso que me entumecĆa toda la pierna, de inmediato acudĆ al hospital donde me dijeron que de no haber ido con prontitud, como lo hice, pude haber perdido ese huevo, pero que todo estarĆa bien.
Un aƱo despuĆ©s, Alfonso hizo su canallada tambiĆ©n. Con 43 aƱos, Ć©l dirigĆa en aquel tiempo la constructora. El Grupo LeĆ³n trabajaba en proyectos y licitaciones de vanguardia por todo el mundo: rascacielos, puentes, aeropuertos, estadios, lo mĆ”s innovador en el Ć”mbito de la construcciĆ³n era hecho por la empresa. Mi hermano tambiĆ©n era arquitecto, con maestrĆas en negocios y economĆa. Ćl se acercĆ³ a AarĆ³n para ofrecerle un puesto de trabajo importantĆsimo, con un salario estratosfĆ©rico. La oferta era el sueƱo de cualquier profesional.
Mi novio me lo contĆ³ muy feliz, estaba dispuesto a dejar su despacho de decoraciĆ³n de interiores por una oportunidad laboral de tal magnitud. Fue entonces cuando me vi obligado a contarle quien era yo realmente, lo que habĆa sido mi vida y los motivos que habĆa detrĆ”s de tan milagrosa oferta. Ćl se molestĆ³ mucho, me gritĆ³ y me dijo que me alejara de Ć©l. Un par de dĆas despuĆ©s, volviĆ³, me visitĆ³ en mi apartamento, reciĆ©n abriendo la puerta se lanzĆ³ a mis brazos y me besĆ³. Me dijo que Ć©l siempre estarĆa a mi lado, que me amaba y que no importaba lo que hubiera pasado en mi vida, Ć©l iba a encargarse de que nuestro futuro juntos fuera el mĆ”s brillante y bello. Se propuso comprar un terreno y construir una casa para ambos.
Tiempo despuĆ©s, yo me comportĆ© como un verdadero hijo de puta con Ć©l. Alguien como yo realmente no merecĆa estar junto a un hombre como AarĆ³n, hizo bien en alejarse de mĆ aquella noche, cuando nos reencontramos al salir de un bar, espero que encuentre la felicidad que yo no le pude dar, es un hombre extraordinario.
El plan de Poncho no funcionĆ³, AarĆ³n rechazĆ³ la oferta y se enfocĆ³ en su despacho AARES. Sin embargo, eso no borra el hecho de que intentĆ³ chingarlo.
Alfonso Holgado Ferrer |
…
Me encontraba camino al campo de golf para reunirme con mis dos hermanos. Les advertĆ que si en algo valoraban su lugar en el Grupo LeĆ³n, debĆan reunirse conmigo ahĆ y llevar a sus hijos varones. Iba acompaƱado de Tony bebĆ© y el sensual Romeo.
HabĆan pasado cuatro dĆas desde que Mariano aplastĆ³ mis testĆculos, recibĆ una llamada de Carlota que me hizo desviar el rumbo. PedĆ a mi secretaria informar a mis hermanos que me demorarĆa, que debĆan esperarme, si no lo hacĆan, automĆ”ticamente podĆan considerarse despedidos.
Carlota sin maquillaje |
Me reunĆ con mi hermana en una terraza privada en un restaurante de Polanco. El semblante de aquella mujer era muy diferente al que recordaba, lucĆa descuidada, no estaba correctamente maquillada, la verdad se veĆa espantosa, como la bruja que realmente era. Finalmente su exterior, reflejaba su interior.
—Ya estarĆ”s contento, hijo de puta —dijo extendiĆ©ndome un cheque certificado por doscientos millones de dĆ³lares.
—Faltan por lo menos… —volteĆ© a ver a Tony.
—Treinta y tres millones, ochocientos cincuenta y seis mil dĆ³lares —dijo mi director financiero.
—Es todo el dinero que pude reunir, ya no tengo mĆ”s, he rematado todos mis activos, estoy en bancarrota —dijo mi hermana.
—TodavĆa tienes tus acciones dentro de la empresa —comentĆ©— podrĆa comprĆ”rtelas por treinta y tres millones, ochocientos cincuenta…
Carlota me araĆ±Ć³ el rostro con una veloz cachetada utilizando sus largas uƱas, mi mejilla comenzĆ³ a sangrar. Romeo le doblĆ³ el brazo y la sometiĆ³ colocando su cabeza sobre la mesa.
Das pena Carlota |
—Yo solamente te ofrezco alternativas para que Mariano no vaya a la cĆ”rcel —dije limpiĆ”ndome con una servilleta—. Ćl harĆa todo por ti, tĆŗ deberĆas hacer lo mismo.
—No te atreverĆas a hacerlo, no a Mariano —dijo mi hermana.
—No soy yo quien le hace esto, eres tĆŗ y solo tĆŗ, maldita bruja. TĆŗ llenaste de mierda lo Ćŗnico bueno y puro que tenĆas —dije con un fingido dejo de tristeza—. ¿Crees que no me atreverĆa? No tengo ningĆŗn remordimiento, no es mi mierda. Ćl puede salir libre diciendo la verdad, tĆŗ puedes salvarlo vendiĆ©ndome tus acciones dentro de la empresa —Tony sacĆ³ una carpeta de cuero con unos papeles, yo la abrĆ en la mesa, frente a Carlota—. Firma aquĆ.
—¿CĆ³mo lo sabĆas? Que me faltarĆan treinta y tres millones —preguntĆ³ boquiabierta.
—Antonio hizo la estimaciĆ³n de tus activos y cuentas bancarias. Anoche redactamos este documento —expliquĆ©, la sangre dejĆ³ de fluir por mi rostro—. Firma aquĆ y todo quedarĆ” olvidado. Por supuesto, tĆŗ y Mariano quedarĆ”n fuera de la fundaciĆ³n. Por una vez en tu vida compĆ³rtate como un ser humano.
Luego de pensarlo, con la mano temblorosa, Carlota firmĆ³ los papeles que la despojaban del 3% de acciones que le pertenecĆan.
—Eres igual que Elena, ella tambiĆ©n se ofreciĆ³ a comprarme mis acciones por una centĆ©sima de su valor real, asĆ como tĆŗ.
—¿Acudiste a Elena? ¿Por quĆ© no se las vendiste?
—Ja, ja, ja, ¿crees que quiero hacer tratos con el diablo, hijo de puta?
—Por cierto, esta maƱana Mariano me entregĆ³ el 2% que tĆŗ le habĆas heredado en vida —dije cerrando la carpeta y entregĆ”ndosela a Tony.
Sexy Romeo |
—Yo tambiĆ©n lo quiero —dije levantĆ”ndome de la mesa encorvado—. Ten por seguro que cuando a ese chico le crezcan un par de huevos —al decir esto sobĆ© los mĆos— y tenga el carĆ”cter para portarse como un hombre, no como un hijo de mami, yo le devolverĆ© completo ese 5%... o, en cuanto tĆŗ mueras, lo que suceda primero.
—Justo por eso preferĆ vendĆ©rtelas a ti y no la arpĆa de Elena. ¿Crees que eres peor que ella? Mi hermana te va a despellejar vivo —gritĆ³ Carlota mientras me alejaba.
Lo que no saben es que las dos brujas no se llevan bien. Carlota era muy leal a mi padre, Elena y Don Chemo tuvieron un fuerte desencuentro hace casi treinta aƱos, pero eso... "es otra historia".
En compaƱĆa de mi sĆ©quito de dos, salĆ del restaurante. Pasamos a una farmacia, Romeo comprĆ³ medicamentos para atender mi rostro. Con la camioneta estacionada, limpiĆ³ mis heridas con el algodĆ³n empapado de alcohol, inmediatamente sentĆ el ardor, fruncĆ el rostro y quise alejarme.
—Shhh, shhh, tranquilo —dijo Romeo.
El guardaespaldas me sostuvo firme con su manos y me soplĆ³ en la herida para que se evaporara el alcohol, sus bellos labios quedaron a milĆmetros de rozar mi piel, por primera vez, notĆ© que Ć©l realmente olĆa muy bien. No lo voy a negar, Romeo me atrae, es un macho sĆŗper sexy. La Ćŗnica razĆ³n por la que no me le he lanzado encima, agarrado su paquete de forma “accidental” o robado un beso descaradamente, es porque no quiero abusar de mi poder. Yo soy su patrĆ³n y Ć©l trabaja para mĆ, si me propaso, lo pondrĆa en una situaciĆ³n incomoda. AsĆ que debo esperar pacientemente a que sea Ć©l quien de el primer paso.
Tony bebƩ. |
Al tenerlo tan cerca de mi rostro, pude apreciar sus hermosos ojos verdes, recordĆ© lo mucho que nos gustaba intercambiar miradas recostados en la misma cama, sin tocarnos, solo vernos. Eventualmente entrelazĆ”bamos nuestras manos y nuestros cuerpos. Mi miembro viril se alzĆ³ con el solo recuerdo de lo que vivĆ junto a Antonio Ferreira.
—Listo, ya podemos ir —dijo Ć©l de forma un tanto indiferente.
Llegamos al campo de golf, era el punto exacto donde hacĆa varios aƱos me habĆan humillado.
—¡Ah, caray! —se burlĆ³ Alfonso mirando mi rostro—. El sexo entre jotos es bastante salvaje.
—Las gatas del hijo de puta —complementĆ³ Diego sonriendo a mis dos acompaƱantes.
—A lo que vine —me aclarĆ© la garganta.
Pepe el hijo menor de Diego |
Francisco, su primo y el Ćŗnico hijo de Alfonso afirmĆ³ con la cabeza. Era todo lo contrario, visualmente mĆ”s guapo con un perfecto encanto para las chicas, todos en la familia lo conocemos como el popular "don Juan". Cabellos oscuros, tez bronceada y nariz perfilada. De los dos sobrinos, era el mĆ”s sociable. Su increĆble fĆsico, ademĆ”s de ser heredado por mi hermano, la mayor cuota la entregĆ³ su madre, una ex reina de belleza.
Francisco el orgullo de mi hermano Alfonso |
Mis sobrinos vestĆan como sus padres, con ropa para jugar golf.
—El grupo LeĆ³n se enorgullece en presentar un nuevo proyecto —le dije a mis parientes.
—¿De quĆ© demonios hablas, hijo de puta? —protestĆ³ Diego—. En la Ćŗltima junta no se informĆ³ de nuevos proyectos.
—No te preocupes, hermano —dijo Poncho—, esto es una muestra mĆ”s de su incapacidad al frente del grupo LeĆ³n. Que equivocaciĆ³n tan terrible cometiĆ³ el pobre Don Chemo.
—Antonio, por favor —pedĆ a mi mano derecha que entregara sendos portafolios a las plastas de mierda de mis hermanos—. Es un nuevo proyecto que se encargarĆ” de la fabricaciĆ³n de campamentos turĆsticos en los destinos mĆ”s atractivos de LatinoamĆ©rica: nuestro MĆ©xico, Argentina, Chile solo por citar algunos de los tantos paĆses. Como verĆ”n, el consorcio no es un emporio como los hoteles o las constructoras, pero es un emprendimiento muy loable que mi noble corazĆ³n entrega a mis sobrinos para que comiencen su travesĆa en los negocios.
—¿CĆ³mo? —dijo Pepe, el hijo de Diego. A partir de ahĆ la postura del infeliz cambiĆ³ bastante conmigo. Hasta feliz se veĆa.
—SĆ —continuĆ©—. A simple vista el proyecto engloba el mundo en el que ambos se han criado, construcciĆ³n y turismo. EstĆ” enfocado a la poblaciĆ³n juvenil y ustedes apenas estĆ”n arrancando en sus vidas.
Alfonso, padre de Francisco |
—Parece un buen proyecto, padre —le susurrĆ³ Francisco.
SonreĆ para mis adentros, un pez habĆa mordido el anzuelo, por su parte Pepe, estaba silencioso, lo pensaba lentamente. Su padre, Diego, estaba leyendo cuidadosamente los informes, era Ć©l quien gobernaba la vida de su hijo.
—A ojo de tiburĆ³n parece un proyecto patĆ©tico y pobre —seguĆ pescando felizmente en mi rĆo de piraƱas—, pero si se le inyecta compromiso darĆ” bastante provecho. Reconocimiento en el pĆŗblico juvenil, proyecciĆ³n internacional y divisas.
—PapĆ”, no quiero desaprovechar esa oportunidad —insistiĆ³ Francisco por lo bajo.
—No me confĆo —susurrĆ³ Alfonso releyendo.
—Todo estĆ” legal —indicĆ³ mi Tony bebĆ©.
—No considero que este sea el lugar adecuado para hablar de negocios —soltĆ³ Diego—. Claramente es un proyecto que necesita inversiĆ³n y tiene sus ventajas, pero esto se conversa en una junta, ¿no has aprendido las normas del negocio, hijo de puta?
—Nel, bro —sonreĆ—. Este es el lugar perfecto. De hecho es tu sitio favorito y donde has conocido a tu esposa y amantes.
—¡CĆ”llate el hocico!
Me echĆ© a reĆr y retomĆ© la conversaciĆ³n para no desviarme del tema, por lo menos sembrĆ© la duda en Pepe que lo miraba con la boca abierta.
—AsĆ como ustedes, el proyecto necesita un director, alguien que sea el responsable de tal instituciĆ³n. Que estĆ© al frente y sepa orientarla. No dudo de la inteligencia de ustedes, mis sobrinos, y tienen buenos mentores con experiencia en la rama que sabrĆ”n como llevarlos al Ć©xito. Pero el cargo de director es solo para uno.
—Pepe, si me comparo contigo, yo tengo una especialidad en empresas avalada por Oxford —comentĆ³ Francisco.
—No digas sandeces —negĆ³ Diego a su sobrino—, mi muchacho tiene mĆ”s experiencia que tĆŗ porque ha ganado conocimientos trabajando a mi lado. Tiene estudios universitarios…
—Es un reciĆ©n graduado, tĆo —aclarĆ³ Francisco.
Y asĆ las vĆboras comenzaban a morderse una a la otra.
—Por favor, no sean impacientes —dije con benevolencia—. La direcciĆ³n del proyecto estarĆ” a cargo de uno solo y lo escogeremos hoy, aquĆ.
—No, sobrino —vaya hipĆ³crita soy al tratarlo por igual—. La direcciĆ³n serĆ” entregada al mĆ”s valiente y fuerte de ustedes dos, mis muchachos.
—Esa direcciĆ³n ya tiene nombre —afirmĆ³ Francisco con una sonrisa.
—El mĆ”s osado en castigar los testĆculos de su tĆo serĆ” el director de mi proyecto. Por supuesto, no me refiero a mĆ —dije extendiendo mis palmas al frente al ver que Francisco empuƱaba su palo de golf y miraba mi entrepierna—, sino a Alfonso y Diego —los seƱalĆ© con mis manos.
—Este proyecto te lo puedes meter por el orto —dijo Alfonso con el ceƱo fruncido—. Eres un maldito enfermo. ¡Resentido de la vida!
—A huevo, sĆ me atrevo —dijo Francisco, se dio la vuelta y apuntĆ³ su palo de golf entre las piernas de su tĆo Diego. El pantalĆ³n de mi hermano rebotĆ³ por culpa del contundente golpe.
La cara de dolor de Diego. Padre de Pepe |
—¡PapĆ”! —gritĆ³ Pepe arrodillĆ”ndose junto a su viejo.
Mi hermano Poncho tambiĆ©n se inclinĆ³ un poco y empezĆ³ a dar unas recomendaciones que no fueron oĆdas por el desesperado sobrino y mucho menos por su infeliz camarada.
—¿Y bien? —sonrĆe Francisco con orgullo manĆaco—. Tienes ante tus ojos al nuevo director… Campamentos Troya se llamarĆ”. Siempre quise poner un tĆtulo con esa palabra.
ConsultƩ mi reloj.
—Pepe, ¿vas a jugar? —preguntĆ©.
No hubo respuesta. El muchacho estaba alzando las piernas de su padre.
—Parece que tenemos un rĆ”pido ganador. QuĆ© aburrido —dije—. Antonio, el contrato, por favor.
Mientras miraba a mi Tony bebĆ© ojear las hojas en su folder escuchĆ© un grito de angustia. ¡Que desgracia! No alcance a ver en pleno la acciĆ³n. Lo cierto es que Pepe golpeĆ³ a su tĆo poncho con la punta superior de su palo de golf en las bolas. Alfonso estaba retrocediendo agarrando su saco escrotal.
—Que empiece el juego —dijo con una sonrisa.A Romeo, cuando mire su atractivo rostro supe que se estaba divirtiendo. Me emocionĆ© de saber que compartĆa un similar sentimiento por destrozar a mi familia.
—DĆ©ja en paz a mi papĆ”, pendejo, ya verĆ”s —dijo Francisco desafiante, caminando hasta donde su tĆo Diego se acongojaba de dolor. El muchacho le patea las manos sobre su hombrĆa como aƱos atrĆ”s hizo conmigo su progenitor. AlzĆ³ su palo y pulverizĆ³ los cojones de mi hermano. ¡Si no los arrancĆ³ de su cuerpo, estoy seguro que es obra de un milagro!
Doy una mirada de reojo a Romeo y no percibo crecimiento en su bulto, seguro por su ubicaciĆ³n, no estĆ” de perfil a mi; Tony de manera inteligente se cubre con el portafolio, ¡que canijo tan encantador! Diego se retuerce en la grama ensuciando su ropa y tambiĆ©n su orgullo. Sus manos cubrĆan sus bolas y sus ojos estaban perdidos. Los labios repletos de baba.
—¡Eres un mal nacido! —grita Pepe y se lanza directamente hacia Francisco, dominado por una rabia brutal.
—Genial —oigo que dice Romeo por ver como mis sobrinos chocan entre sĆ midiendo fuerza y resistencia.
Pepe empuja a Francisco de culo al suelo. Se inclina para hacerlo levantar, pero Francisco envĆa su puƱo a la mandĆbula. Pepe, el hijo de Diego, gruƱe.
Francisco mantiene activa la ofensiva y ataca a Pepe con un puƱo en la parte superior del abdomen. Mi sobrino retrocede jadeando por aire dƔndole oportunidad a su primo para ponerse de pie. Francisco lanza un patƩtico grito de troglodita y se va sobre Pepe. Ambos parecen luchadores de la WWE midiendo fuerzas de pie, agarrados de los brazos.
Pepe mira a Francisco con el ceƱo fruncido y levanta la punta del pie contra sus piernas abiertas, golpeando sus cocos, inmediatamente su rodilla aplasta las pelotas de Francisco contra su pelvis. Un gemido bajo y apagado saliĆ³ de Ć©l, mientras lloriqueaba.
—Mis bolas, ay, ay, mis bolas.
Pepe volviĆ³ a levantar su pie hacia el mismo lugar. Los ojos de Francisco se llenaron de lĆ”grimas mientras su cuerpo era abrazado por el dolor que subĆa de sus huevos al cerebro y de ahĆ al estĆ³mago y su cadera.
Pepe repitiĆ³ la acciĆ³n, estrellando la punta del zapato contra las bolas de Francisco, aplastando los testĆculos de su primo. Como lo tenĆa sujeto de los brazos, Ć©l pobre no se podĆa ni cubrir ni defender.
CrĆ©anme que de haber sabido que los Ć³rganos sexuales de Francisco estaban perdiendo su forma, hubiera detenido todo, quedĆ© absorto observando a Pepe castigar a Francisco. No prestĆ© atenciĆ³n a mis hermanos, ellos habĆan quedado moribundos por los golpes.
—Fabio —dijo Romeo.
Pepe soltaba a Francisco, quien enseguida se iba al cĆ©sped bocabajo con la cara retorcida de dolor y los dientes apretados. Sus manos sostenĆan sus doloridas nueces y sus piernas quedaban abiertas.
—Fabio —volviĆ³ a decir Romeo.
DejĆ© de mirar a mis dos sobrinos, di media vuelta gesticulando con mis brazos a modo de pregunta, estaba molesto por la interrupciĆ³n.
—Es el seƱor Diego—respondiĆ³ Romeo seƱalando con sus labios.
Me puse pĆ”lido. El pantalĆ³n de mi hermano estaba rojo, era sangre. Al mismo tiempo, Francisco emitĆa un fuerte grito.
—¡AAAAAAAH!
Pepe habĆa golpeado desde atrĆ”s con el palo de golf los huevos de su primo, quien se encontraba recostado de panza con las piernas abiertas protegiendo sus bolas. Ćl psicĆ³pata prefiriĆ³ atacar sin importar lastimar los dedos que se atravesaran.
Resultado del dĆa, Francisco dejĆ³ sin un testĆculo a mi hermano Diego, pero en venganza, Pepe le fulminĆ³ ambos cojones, ademĆ”s de lastimar tambiĆ©n sus manos dejĆ”ndolas escayoladas.
No volverĆ”s a abrir asĆ las piernas, Dieguito. |
¿Perturbador, cierto? Fuimos a una clĆnica y costeĆ© los gastos. Hice una llamada telefĆ³nica y le pedĆ a mi secretaria que redactara un informe con palabras tĆ©cnicas sobre la negativa de mi propuesta para mis sobrinos.
—¿Por quĆ© haces eso? —quiso saber Tony.
Me encogĆ de hombros.
—La parte del trato era que mis sobrinos lastimaran a sus tĆos, no que lo hicieran entre ellos. Aunque Pepe ganĆ³, violĆ³ la regla metiĆ©ndose con su primo. AsĆ no era el juego. Por lo tanto, no hay direcciĆ³n para ninguno.
—¿Y quĆ© esperabas? ¿Que se quedaran viendo sin defender a sus respectivos padres? —Tony cuestionĆ³. Al ver la decisiĆ³n en mi semblante, guardĆ³ silencio y no insistiĆ³ mĆ”s. Ćl sabĆa muy bien que cuando tomo una resoluciĆ³n no hay vuelta atrĆ”s.
Puedes seguir leyendo la quinta parte, dando clic aquĆ.
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