Competencia Ballbusting Salvaje (8/11): El exprimidor - Las Bolas de Pablo

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19 oct 2019

Competencia Ballbusting Salvaje (8/11): El exprimidor

CONTIENE:
BALLBUSTING HOMBRE/HOMBRE

   El gimnasio estaba lleno con mĆ”s de 130 espectadores. Baatian miraba a la multitud acompaƱado de SimĆ³n.

   —Bueno, casi todos los espectadores son hombres —decĆ­a SimĆ³n—. ¿Por quĆ©?

   —Supongo que es porque tienen huevas y saben lo que eso significa y, los hombres son el objetivo demogrĆ”fico de las competencias.

   SimĆ³n se encogiĆ³ de hombros. —Probablemente.

   Miraron la primera fila.

   SimĆ³n se volviĆ³ hacia su tĆ­o. —¿Crees que a todos les gusta el ballbusting?

   Estaba de espaldas a la audiencia y uno de los jĆ³venes detrĆ”s de Ć©l lo miraba con sonrisa traviesa. El muchacho sonriĆ³ a sus amigos y seƱalĆ³ a SimĆ³n que estaba con las piernas ligeramente separadas. Bastian reconociĆ³ el objetivo.

   El joven se escabullĆ³ detrĆ”s de SimĆ³n, sonriĆ³ y lanzĆ³ una poderosa patada a las huevas gigantes del periodista y animador. Bastian se riĆ³ cuando SimĆ³n gritĆ³ de sorpresa y dolor en lo que sus Ʊemas fueron golpeadas con fuerza por el empeine del chico que se echĆ³ a reĆ­r y caminĆ³ hacia sus amigos que vitorearon y rugieron de risa ante la agonĆ­a de SimĆ³n.

   El animador de radio y tv se dejĆ³ caer al suelo, agarrĆ³ sus bolas y gimiĆ³ suavemente.

   —¿Creo que les gusta el ballbusting? —Bastian se encogiĆ³ de hombros e intentĆ³ no reĆ­rse—. Probablemente sĆ­.

   Los muchachos detrĆ”s de SimĆ³n chocaban las palmas con su guapo amigo, mientras SimĆ³n tosĆ­a y se acurrucaba.

   —Ya entiendo —susurrĆ³ SimĆ³n.

   —Bueno —dijo Bastian y caminĆ³ hacia la sala de control donde Farid lo estaba esperando.

   Unos minutos mĆ”s tarde, SimĆ³n se uniĆ³ al equipo sonriendo dĆ©bilmente.

   —¿Todo bien? —Farid se riĆ³. Estaba con el rostro afeitado de esa fea y poblada barba.

   SimĆ³n asintiĆ³ dĆ©bilmente. —Por supuesto.

   —El espectĆ”culo estĆ” por comenzar.

   SimĆ³n asintiĆ³ nuevamente y cojeĆ³ hasta un lado del escenario donde hacĆ­a la labor de comentarista.

   —Bienvenido al cuarto dĆ­a de Competencia Ballbusting Salvaje —comenzĆ³—. Hoy veremos 4 desafiantes competir en El exprimirdor. Una competencia de apretones. BĆ”sicamente, aprietas los testĆ­culos de tu oponente. El que resista mĆ”s tiempo gana. AsĆ­ de simple.

   Los competidores estaban desnudos, excepto por los cortos calzoncillos que muy poco ocultaban sus abultados genitales.

   —¡Y aquĆ­ estĆ” nuestro Ć”rbitro!

   Eladio entrĆ³ al escenario, vistiendo un nuevo uniforme, boxers blancos ajustados y su pecho delgado pero musculoso.

   El pĆŗblico rugiĆ³ con aprobaciĆ³n cuando Eladio sonriĆ³ y se inclinĆ³.

   —Conozcamos a nuestros competidores. Walter es uno de ellos. Ɖl ya recibiĆ³ una medalla de plata en Nutball, y seguramente pelearĆ” por la de oro en El exprimirdor.

   El semental moreno dio un paso adelante. Le guiĆ±Ć³ un ojo a la audiencia y se quitĆ³ los calzoncillos, dejando que su enorme polla y el juego de bolas perfectamente redondas colgaran a la intemperie. Su pene estaba medio duro asĆ­ que sonriĆ³ cuando el pĆŗblico lo vitoreĆ³ y silbĆ³.

   —Mateo estĆ” listo para El exprimirdor. Es urĆ³logo y hoy quiere mostrarnos las pelotas.

   El hermoso hombre sonriĆ³ con timidez y se quitĆ³ los calzoncillos, revelando con orgullo sus genitales. Su polla y sus bolas no eran tan grandes como las de Walter, pero se veĆ­an bastante bonitas.

   —Ahora —dijo SimĆ³n—, ¡Ignacio, damas y caballeros!

   Ignacio agarrĆ³ su entrepierna, masajeando el contenido de sus calzoncillos para luego desnudarse lentamente, revelando su vello pĆŗbico, y despuĆ©s, con sonrisa pĆ­cara, dejar que su polla dura y gruesa se contrajera contra su vientre. Su escroto colgaba bajo la dura polla. La multitud lo aplaudiĆ³.

   —Evan ha tenido un nuevo impulso y viene a participar otra vez.

   La multitud vitoreĆ³ y silbĆ³, cuando Evan, con nueva confianza, dio un paso adelante y dejĆ³ caer sus calzoncillos sin ceremonias, revelando su asombrosa vara y los dos testĆ­culos enormes y regordetes que colgaban en su escroto afeitado.

   La multitud se volviĆ³ loca y Evan sonriĆ³. Su polla comenzĆ³ a endurecerse, trayendo mĆ”s vĆ­tores de la audiencia.

   —Bueno —SimĆ³n se riĆ³—. Creo que estĆ” a punto de donar leche para todos. Cuanto mĆ”s grandes son las bolas, mĆ”s se aprietan, eso lo sĆ© por experiencia propia. Ja, ja, ja.

   Mateo e Ignacio eran los primeros y se pararon uno frente al otro.


   La sala quedĆ³ en silencio y Mateo e Ignacio se miraron a los ojos.

   —Las reglas son bastante simples —explicĆ³ SimĆ³n—. De acuerdo con las reglas de El exprimirdor, los concursantes se ponen la mano izquierda en la espalda. La mano derecha agarra los testĆ­culos del oponente. Los zurdos lo hacen al revĆ©s. Luego, los concursantes se aprietan simultĆ”neamente hasta que uno de ellos se rinda o caiga al suelo. Usar la mano equivocada o usar ambas manos no estĆ” permitido y serĆ” castigado.

   Con menos de 60 centĆ­metros entre Mateo y Ignacio, sus pollas casi se tocaban. El rubio y el urĆ³logo se concentraron. La polla de Mateo se moviĆ³ ligeramente poniĆ©ndose mĆ”s dura.

   El Ć”rbitro mirĆ³ el cronĆ³metro y sonĆ³ el silbato.

   Mateo e Ignacio simultĆ”neamente colocaron sus manos debajo del escroto del oponente.

   Eladio volviĆ³ a sonar el silbato.

   Los concursantes agarraron las bolas de su oponente.

   Al tercer silbato, Mateo e Ignacio comenzaron a apretar.

   La mano musculosa de Ignacio estaba envuelta alrededor de las preciosas ciruelas de Mateo apretando las dos bolas carnosas con todas sus fuerzas.

   Al mismo tiempo, Mateo estaba aplastando los testĆ­culos de Ignacio con sus gruesos dedos. Las puntas se clavaron en la carne de Ignacio.

   —Mateo demuestra un buen comienzo —comentĆ³ SimĆ³n—. Detallen esos dedos largos. ¡Nunca quisiera hacerme un examen de prĆ³stata con Mateo, miren esos dedos, ja, ja, ja.

   Ignacio comenzĆ³ a sudar. Estaba apretando los dientes y su cara estaba roja mientras destrozaba las huevas de Mateo.

   Mateo tampoco parecĆ­a que lo estuviera disfrutando.

   —Oh, mira eso —dijo SimĆ³n—. Ahora Ignacio estĆ” torciendo a Mateo... Oh, eso se ve doloroso...

   Mateo gritĆ³ de dolor y momentĆ”neamente aflojĆ³ su control sobre las pelotas de Ignacio. El atĆ³nito sonriĆ³ y retorciĆ³ las bolas del urĆ³logo un poco mĆ”s.

   Mateo gritĆ³ otra vez.

   —Estamos cerca del primer minuto —dijo SimĆ³n—. Y parece que Ignacio estĆ”... ¡Oh, no! Ahora Mateo ha encontrado una oportunidad de remontar.

   Los ojos de Ignacio se cruzaron ligeramente cuando Mateo clavĆ³ las uƱas en sus voluminosas bolas.

   Tomando venganza, girĆ³ las bolas de Ignacio, haciendo que los desventurados ojos del rubio se cruzaran aĆŗn mĆ”s. Queriendo recuperarse, Ignacio tratĆ³ de apretar las bolas de Mateo, pero no parecĆ­a tener fuerza. GritĆ³ de dolor y gimiĆ³ miserablemente.

   —Uh... oh —se riĆ³ SimĆ³n—. Las cosas no se ven bien para Ignacio...

   Con un cruel apretĆ³n final, y un giro despiadado, Mateo ganĆ³ el combate.

   Ignacio gritĆ³ como una chica y agarrĆ³ el brazo de Mateo con su mano izquierda.

   Eladio hizo sonar el silbato.

   —Eso es una amonestaciĆ³n para Ignacio —comentĆ³ SimĆ³n.

   —¡Me rindo, me rindo!

   Eladio hizo sonar el silbato dos veces y el partido terminĆ³.

   Mateo se doblĆ³ y agarrĆ³ sus bolas palpitantes, mientras que Ignacio se desplomĆ³ en el suelo, sosteniendo su virilidad y sollozando sin control.

   El pĆŗblico aplaudiĆ³.

   —¡Guau! ¡Mateo llegĆ³ a la siguiente ronda! Eso fue rĆ”pido. Por otro lado, en algunos cĆ­rculos, Mateo es conocido como el mĆ©dico quiebra pelotas.

   Ignacio rodaba por el suelo mientras Mateo recuperaba el aliento con las manos sobre las rodillas. SaludĆ³ a la audiencia, su rostro estaba contorsionado por el dolor, pero sonreĆ­a con orgullo al mismo tiempo.

   Horacio y Camilo ayudaron a su amigo a levantarse y lo llevaron a los vestuarios, mientras que Mateo los siguiĆ³, cojeando y agarrando sus doloridas gĆ³nadas tambiĆ©n.

   —Ahora es la batalla de los grandes —bromeĆ³ SimĆ³n cuando Walter y Evan, ambos extraordinariamente bien dotados, subieron al escenario—. Miren esos guevos... Si tuviera que hacer una predicciĆ³n, dirĆ­a que Walter tiene muy buenas posibilidades de aplastar los huevos de Evan. Esos gĆ¼maros no tienen ninguna resistencia. Y se sabe que Walter puede soportar mucho dolor.

   Los dos concursantes se enfrentaron.

   Walter sonriĆ³ con confianza, mientras que Evan parecĆ­a estar un poco intimidado por el guapo moreno.

   La multitud cantaba el nombre de Evan, que lo hizo relajar un poco y saludar a los espectadores.

   Con una pizca de orgullo, acariciĆ³ su largo y grueso pene completamente duro apuntando al techo.

   Primer silbato. Los concursantes colocaron sus brazos izquierdos detrĆ”s de sus espaldas y sus manos derechas debajo del abultado escroto de su oponente.

   Segundo silbato. Walter y Evan agarraron los cojones del otro.

   Tercer silbato.

   —El juego estĆ” en marcha —anunciĆ³ SimĆ³n.

   Walter no perdiĆ³ la sonrisa de confianza cuando cerrĆ³ la mano, atrapando los fuertes huevos de Evan dentro de su palma apretando los dos grandes orbes con fuerza.

   Evan hizo una mueca y su rostro se puso pĆ”lido. Los mĆŗsculos de sus brazos se contrajeron cuando apretĆ³ las grandes bolas de Walter.

   Pero Walter estaba a la cabeza de esta pelea.

   —¡Walter estĆ” decidido a ganar, seƱores!

   La cara de Walter era una mĆ”scara de voluntad con tenacidad de hierro. No dejĆ³ ver que sus testĆ­culos estaban presionando un poco, mientras aplastaba los delicados globos del pobre Evan en un fĆ©rreo agarre. Los amasĆ³ en la palma de su mano y una leve sonrisa cruzĆ³ su rostro cuando vio a Evan jadeando y gimiendo, a centĆ­metros de su propio rostro.

   Las bolas de Evan quedaron atrapadas en la mano de Walter sin ningĆŗn lugar a donde ir. Las dos Ʊemas suaves y carnosas fueron aplastadas y amasadas dentro de la mano de Walter, y el pobre concursante gimiĆ³ ruidosamente.

   Su inmenso pene duro como roca comenzĆ³ a derramar presemen que cayĆ³ sobre el brazo de Walter.

   Evan estaba tratando de aplicar presiĆ³n a la entrepierna de Walter, pero Walter parecĆ­a inmune.

   —Vaya, esto es tan humillante —comentĆ³ SimĆ³n—. Y creo que... Oh, sĆ© a dĆ³nde va esto...

   Walter apretĆ³ los dientes y aplicĆ³ mĆ”s presiĆ³n a los sensibles huevos de Evan.

   La polla de Evan se retorciĆ³ y mĆ”s presemen saliĆ³ de su punta.

   Evan gimiĆ³ y se retorciĆ³.

   El pĆŗblico gritĆ³ su nombre, lo vitoreĆ³ y aplaudiĆ³.

   —¿Por quĆ© no se rinde? Nos preguntamos todos...

   Luego, de repente, acompaƱado por un fuerte gemido y un ligero cruce de ojos, Evan perdiĆ³.

   Su polla se sacudiĆ³ violentamente y un potente chorro de esperma caliente y cremosa brotĆ³ de su miembro, cubriendo el brazo de Walter y sus abdominales, ademĆ”s del propio brazo de Evan.

   Evan chillĆ³ de dolor y soltĆ³ las bolas de Walter.

   Su polla continuĆ³ disparando leche, creando una capa blanca y pegajosa sobre el cuerpo de Walter.

   —Me rindo —gruĆ±Ć³ y Eladio hizo sonar el silbato.

   Walter sonriĆ³ y apretĆ³ con fuerza una Ćŗltima vez. Luego soltĆ³ las bolas de Evan.

   Evan tosiĆ³ y se agarrĆ³ la entrepierna, se puso de rodillas y cayĆ³ de costado.

   Su polla aĆŗn no habĆ­a terminado, y el pĆŗblico observĆ³ con fascinaciĆ³n cĆ³mo su miembro tembloroso disparaba unos cuantos chorros mĆ”s de lefa mientras consolaba sus bolas con la mano izquierda y se cubrĆ­a la cara con la mano derecha cubierta de salsa blanca.

   Walter levantĆ³ los brazos en pose de ganador y el pĆŗblico estallĆ³ en vĆ­tores y aplausos.

   —Esa fue una victoria gloriosa para Walter —dijo SimĆ³n—. Pero puede ser penalizado despuĆ©s de ese Ćŗltimo apretĆ³n despuĆ©s del pitido. No importa, aparentemente no se preocupa por eso. Veamos a Evan... Es otra derrota aplastante para Ć©l, y se enfrentarĆ” a Ignacio en unos momentos para la batalla por el tercer lugar... Wow. Esto debe ser difĆ­cil para Ć©l.

   Walter se agachĆ³ y Evan hizo una mueca en anticipaciĆ³n de otro ataque en sus bolas. Pero Walter solo agarrĆ³ la mano derecha cubierta de esperma de Evan y la sacudiĆ³. Le sonriĆ³ y saliĆ³ del escenario.

   —Guau. Walter ni siquiera tiene dolor. Dios. Y miren a Evan —SimĆ³n se reĆ­a.

   Evan se cubriĆ³ la cara otra vez, gimiendo y acariciando sus bolas con la mano izquierda.

   Ignacio saliĆ³ de los vestuarios e hizo una mueca. Se estaba frotando las bolas, pero sonriĆ³ cuando vio a Evan acostado en un charco de su propio semen.

  —El espectĆ”culo debe continuar —anunciĆ³ SimĆ³n—. Aparentemente, Ignacio no se ha recuperado contra Mateo. Pero ahora se enfrentarĆ” a Evan. Esto va a ser rĆ”pido...

   El Ć”rbitro agarrĆ³ a Evan y lo ayudĆ³ a ponerse de pie. ParecĆ­a mareado e instantĆ”neamente se doblĆ³, sobando sus albĆ³ndigas, miraba a Ignacio con miedo en los ojos.

   Eladio hizo sonar el silbato, y Evan gimiĆ³ y se parĆ³ frente a Ignacio, quien inmediatamente colocĆ³ su mano izquierda detrĆ”s de su espalda y su mano derecha debajo del saco de Evan.

   Evan gimiĆ³ y buscĆ³ entre los muslos de Ignacio.

   —Hombre, pobre Evan —comentĆ³ SimĆ³n.

   En el segundo golpe del silbato, ambos agarraron las bolas de sus oponentes.

   Evan hizo una mueca.

   Ignacio sonriĆ³.

   Cuando Eladio hizo sonar el silbato por tercera vez, Ignacio inmediatamente cerrĆ³ la mano alrededor de los gĆ¼maros cubiertos de lefa de Evan, tratando de agarrar bien las bolas vacĆ­as.

   Evan hizo lo mismo, pero no parecĆ­a confiado. ApretĆ³ con fuerza e ​​Ignacio hizo una mueca de dolor.

   Sin embargo, esto no fue nada en comparaciĆ³n con el rostro de Evan. El pobre levantĆ³ las cejas y tuvo arcadas.

   Ignacio amasĆ³ las bolas en su mano, apretando los delicados orbes y girĆ”ndolos al mismo tiempo.

   —Oh Dios. Observen la polla de Evan estĆ” subiendo como un militar raso ja, ja, ja. O quizĆ”s Ignacio va a obtener otra muestra de leche... Apuesto a que serĆ” menos rica en contenido...

   La cara de Evan se puso roja. No querĆ­a darse por vencido y aumentĆ³ la presiĆ³n sobre las yemas de Ignacio.

   Pero Ignacio estaba decidido. GritĆ³ de dolor y retorciĆ³ y aplastĆ³ los testĆ­culos de Evan con renovado frenesĆ­.

   La polla de Evan estaba completamente dura, y no le tomĆ³ mĆ”s de unos minutos para disparar una nueva lluvia de semen.

   El pĆŗblico gritĆ³ y vitoreĆ³, pero  no a Evan sino a Ignacio...

   —Quieren ver a Evan correrse de nuevo —SimĆ³n se riĆ³.

   Con un grito espeluznante, Evan cerrĆ³ los ojos.

   —Uno, dos, tres —SimĆ³n contĆ³ los fajos que salieron volando del miembro de Evan—. Wow, es impresionante.

   La audiencia se volviĆ³ loca y Evan gimiĆ³: —Me rindo.

   Ignacio sonriĆ³ y ambos concursantes se soltaron al mismo tiempo.

   —¡Bronce para Ignacio! —exclamĆ³ SimĆ³n.

   Evan estaba parado doblado, sus manos descansaban sobre sus rodillas, su polla rezumaba semen que goteaba al piso. Estaba mirando la piscina, su charco de leche y gimiĆ³ ruidosamente.

   Ignacio tambiĆ©n se doblĆ³, sosteniendo sus doloridas bolas. DespuĆ©s se enderezĆ³, se encogiĆ³ de hombros, sonriĆ³ al pĆŗblico y, con una patada, estrellĆ³ su pie descalzo contra las grandes papas de Evan. El sonido sordo de su empeine chocando con las bolas vacĆ­as de Evan resonĆ³ en el gimnasio, y la audiencia se quedĆ³ en silencio.

   Evan gritĆ³ de dolor y se desplomĆ³ en el suelo.

   Ignacio se encogiĆ³ de hombros inocentemente y saliĆ³ del escenario.

   —Oh, hombre... ¿Por quĆ© hizo eso? RecibirĆ” una penalizaciĆ³n. ¡Eso fue completamente innecesario! Es el ganador, y es desleal.

   El Ć”rbitro Eladio siguiĆ³ a Ignacio a los vestuarios, mientras Evan gemĆ­a y llorraba en el escenario.

   Eladio regresĆ³ con mirada de enojo.

   —Espero que Eladio le haya dicho lo que le espera en la ceremonia de premiaciĆ³n cuando se repartan las sanciones —dijo SimĆ³n—. No puedo creerlo... De todos modos, sigamos adelante. Ahora es la Ćŗltima pelea de hoy. Walter y Mateo compiten por la medalla de oro. ¡Y aquĆ­ estĆ”n!

   Ambos subieron al escenario y se dieron la mano. ParecĆ­an hambrientos por la medalla de oro y ansiosos de poner las manos en los cojones de su oponente.

   DespuĆ©s que Eladio sonara el silbato tres veces se pusieron en sus posiciones y comenzĆ³ el partido.

   Walter apretĆ³ los dientes y sonriĆ³ con ostentaciĆ³n, obviamente tratando de intimidar a Mateo con su actitud, mientras Mateo sostenĆ­a sus testĆ­culos en su mano, amasando sin piedad las dos bolas entre sus dedos y su palma.

   A Mateo no le importaban los intentos de Walter de pelear psicolĆ³gicamente. Fue la lucha fĆ­sica lo que lo atrapĆ³. La mano de Walter se envolviĆ³ alrededor de sus cocos, exprimiĆ©ndoles los espermatozoides y haciendo que Mateo gimiera y gritara de dolor.

   —Oh, esta es una pelea difĆ­cil —comentĆ³ SimĆ³n—. ¡Ambos son buenos! Miren la cara de Walter. EstĆ” tratando de no mostrar cuĆ”nto lo estĆ”n lastimando. Pero estĆ” sudando y... Bueno, creo que Mateo no estĆ” lejos de la agonĆ­a.

   El pĆŗblico aplaudiĆ³, algunos gritaron el nombre de Walter, algunos el de Mateo.

   —¡Estamos a dos minutos! —alegĆ³ SimĆ³n—. ¡Y no hay final a la vista!

   Los dos concursantes continuaron exprimiĆ©ndose las bolas.

   Mateo estaba gritando y gimiendo de dolor, su lindo rostro se veĆ­a mojado de sudor, sus ojos estaban bien abiertos y vidriosos.

   La cara de Walter estaba roja. Sudaba profusamente, pero tratĆ³ de mantener una sonrisa intimidante. Eso hizo que su rostro pareciera una mĆ”scara extraƱa, porque sus ojos estaban llenos de lĆ”grimas, su nariz temblaba, gotas de sudor corrĆ­an por sus mejillas, sus dientes estaban apretados y sus labios estaban curvados hacia arriba con una sonrisa tensa.

   —¡Tres minutos! —gritĆ³ SimĆ³n.

   Mateo gritĆ³ quebrando su voz, Walter tomĆ³ la delantera y retorciĆ³ sus huevos con fuerza.

   Luego, lentamente, la sonrisa desapareciĆ³ de la cara de Walter. La expresiĆ³n en sus ojos cambiĆ³ de determinaciĆ³n feroz a pĆ”nico.

   Mateo habĆ­a cambiado de tĆ”ctica: ahora sus uƱas estaban cavando los testĆ­culos de Walter.

   —Las uƱas —decĆ­a SimĆ³n—. ¡Esa tĆ”ctica ha funcionado con Ignacio, y creo que tambiĆ©n estĆ” funcionando con Walter!

   La cara de Walter parecĆ­a que sus huevos estaban atrapados en una picadora de carne. Sus ojos se agrandaron y sus mejillas se inflaron cuando los dedos de Mateo aplastaron sus pobres bolas.

   —¡Mateo lo tiene! —gritĆ³ SimĆ³n—. ¡Lo tiene!

   Los ojos de Walter se crisparon y su boca se abriĆ³ en un grito silencioso. Su mano que sostenĆ­a las huevas de Mateo se aflojĆ³ y sus labios temblaron.

   Mateo sonriĆ³ cruelmente y continuĆ³ aplicando presiĆ³n a las pobres y carnosas bolas de Walter.

   De repente Walter jadeĆ³ y abriĆ³ la boca. TosiĆ³ y gritĆ³ con voz ronca: —Me rin...

   Los ojos de Mateo se iluminaron y retorciĆ³ las gĆ³nadas de Walter con fuerza.

   Los ojos de Walter giraron en su cabeza y se desplomĆ³ en el suelo.

   —¡Oro para Mateo, seƱores!

   La audiencia se volviĆ³ loca, aplaudiendo y animando a Mateo.

   Walter yacĆ­a en el suelo, gimiendo suavemente, demasiado exhausto para agarrar su agonizante virilidad. Mateo retomando su profesionalismo inspeccionĆ³ las huevas de su oponente y despuĆ©s empezĆ³ a abofetear su rostro para devolverlo a la vida.

   Un grito ronco escapĆ³ de la boca de Walter y se acurrucĆ³ en forma fetal. Su hermano se acercĆ³ con expresiĆ³n comprensiva en su rostro.

   Mateo se quedĆ³ parado pero doblado, sus manos agarraban sus doloridos testĆ­culos. Estaba dividido entre el dolor de sus huevos y la alegrĆ­a de la victoria.

   —¡Felicitaciones! —era la voz de SimĆ³n.

   En el escenario, Walter se levantĆ³ lentamente. El pĆŗblico aplaudiĆ³ cuando cojeĆ³ hacia Mateo, le estrechĆ³ la mano y lo felicitĆ³ por su victoria.

   —Eso es todo por hoy —anunciĆ³ SimĆ³n—. Sintonicen la prĆ³xima semana para ver nuestro Ćŗltimo dĆ­a de competencia aquĆ­ en la CBS. Es PuƱo en la ingle la prĆ³xima semana. ¡AdiĆ³s!

   ApagĆ³ el micrĆ³fono. SaliĆ³ de su espacio y se uniĆ³ a Farid y Bastian en la sala de control.

   —Buen trabajo, SimĆ³n —felicitĆ³ Bastian sentado en una silla.

   Farid asintiĆ³ con la cabeza.

   —Gracias —sonriĆ³ SimĆ³n—. ¡Fue una buena noche! ¡Grandes peleas!

   —Absolutamente —afirmĆ³ Bastian.

   —Sabes, estaba pensando hoy mĆ”s temprano —dijo SimĆ³n.

   —¿SĆ­?

   —Lo que dijiste.

   Bastian lo mirĆ³ fijamente.

   —Sabes, ¿disfrutan los jĆ³venes el ballbusting? —comentĆ³ SimĆ³n.

   Bastian alzĆ³ las cejas.

   De repente, SimĆ³n se abalanzĆ³ sobre Ć©l, que estaba sentado con las piernas abiertas dejĆ”ndole acceso perfecto a sus dos delicadas gĆ³nadas.

   El puƱo de SimĆ³n chocĆ³ contra la entrepierna y aplastando el bulto.

   Bastian tosiĆ³ y se doblĆ³. Una sensaciĆ³n de nĆ”useas se deslizĆ³ dentro de Ć©l. GimiĆ³ y mirĆ³ a SimĆ³n que se reĆ­a a carcajadas.

   TratĆ³ de poner cara seria, pero fallĆ³. Se riĆ³ y se encogiĆ³ de hombros.

   Farid tambiĆ©n se burlĆ³.

   Bastian gruĆ±Ć³.

   —Es gracioso —sonriĆ³ SimĆ³n.

   Bastian gruĆ±Ć³. AgarrĆ³ sus fauleadas bolas y las frotĆ³.

   Farid y SimĆ³n se rieron. Se chocaron las manos y salieron de la sala de control.

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