Competencia Ballbusting Salvaje (9/11): Puño en la ingle - Las Bolas de Pablo

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26 oct 2019

Competencia Ballbusting Salvaje (9/11): Puño en la ingle

CONTIENE:
BALLBUSTING HOMBRE/HOMBRE

   —Tenemos cinco minutos antes de que comenzar la competencia —le dijo Bastian a Farid mientras caminaban a la sala de control.

   El público estaba entusiasmado.

   Simón, sólo esperaba el momento preciso para arrancar la ceremonia del día.

   Un momento después comenzó el espectáculo.

   El gimnasio se llenó de aplausos.

   —Bienvenidos al último día de competencia aquí en la CBS —dijo Simón al micrófono—. Hoy es Puño en la ingle. Es bastante simple: los concursantes se golpearán entre ellos. Alternativamente durante 1 minuto. Renunciar, colapsar en el suelo o desmayarse significa que pierdes, pierdes la competencia y muy probablemente también la capacidad de engendrar hijos —se rio entre dientes—. Saludos a mis hijos en casa. Portense como ángeles. Será una batalla interesante... Vamos a recapitular: Evan tuvo un momento muy difícil la última vez. Si sintonizaron la transmisión en vivo por instagram la semana pasada en nuestra competencia de El exprimidor, fueron testigo cómo le exprimieron la leche de sus enormes cocos. Y no, no fue una vista bonita... ¡Oh! Vean quien está aquí, nuestro árbitro, el jugador de fútbol estrella, ¡Eladio!

   El deportista sonrió y se inclinó mientras el público vitoreaba y silbaba. Llevaba puesto el uniforme: short blanco muy corto y una camiseta ajustada.

—Observen sus musculosas piernas —dijo Simón—. Aunque también recibamos a los competidores, aquí está Lenín. Él ya ha competido antes, recibiendo el tercer lugar con bronce en Roshambo. Hoy quiere agregar otra medalla a su colección.

   El velludo y hermoso hombre dio un paso adelante y lentamente se quitó la ropa interior blanca, revelando su polla de buen tamaño y dos bolas colgantes.

   La multitud vitoreó y Lenín sonrió tímidamente.

   —Ahora, ¿quién será el que luchará contra este hombre lobo? —interrogó Simón—. Sí, es Milton. Milton ya tiene una medalla de oro, coincidentemente de Roshambo.

   El guapo y musculoso semental sonrió y se quitó los calzoncillos, dejando que su amplia dotación se balanceara entre sus piernas. Su pene estaba medio duro y lo acarició un par de veces. Guiñó un ojo a la audiencia que se volvió loca de emoción, aplaudiendo y vitoreándole.

   —Wow —Simón se rió entre dientes—. Parece que Milton está deseando que llegue la competencia... El siguiente es Horacio.

   El robusto hombre de cabello negro movió su paquete para deleite de la audiencia. Luego metió la mano dentro de sus calzoncillos y sacó sus grandes bolas y su polla a juego, tirando de la cintura de sus calzoncillos debajo para que sus amplios genitales se vieran muy bien. La audiencia rugió con aprobación y silbó, haciendo que sonriera y se quitara los calzoncillos. A mucho orgullo de ser Chacón.

   —Ahora por último, y probablemente importante ja, ja, ja.  Es Ari quien ya acumula una medalla de plata.

   El semental con el pelo negro tenía expresión de absoluta confianza en su rostro cuando dio un paso adelante y se quitó los calzoncillos, revelando su larga y delgada polla y dos jugosas bolas que colgaban bajas en su escroto.

   —Estamos listos para irnos a la primera ronda, Milton se enfrentará a Horacio, y Lenín peleará contra Ari. Luego, los ganadores de esos combates luchan entre sí por oro, y los perdedores lucharán por la medalla de bronce.

   Todos excepto Milton, Horacio y Eladio abandonaron el escenario.

   —De acuerdo con las reglas de Puño en la ingle, los concursantes deben mantener una erección durante toda la competencia para permitir que el oponente tenga acceso abierto a sus testículos. No tener una erección puede generar una penalización —explicó Simón mientras Milton y Horacio sacudían sus pollas, logrando el estado de erección en segundos.

   Eladio arrojó una moneda y Milton aplaudió cuando fue elegido para comenzar.

   Horacio se encogió de hombros.

   —Aparentemente, Horacio tiene mucha confianza. Veamos cuánto dura esa erección —se rió Simón.

   Milton se arrodilló frente a Horacio, apretó los puños y miró los objetivos colgantes que tenía delante. Esperó que Eladio tocara el silbato.

   —Será interesante observar las diferentes tácticas: ¿Darán algunos golpes fuertes o simplemente golpearán las huevas de sus oponentes a gran velocidad? —comentaba Simón.

   Eladio hizo sonar el silbato y Milton comenzó.

   Eligió la segunda táctica, golpeando las gónadas de Horacio con ambos puños alternativamente entre el puño derecho y el izquierdo.

   Los ojos de Horacio se agrandaron cuando los golpes de Milton chocabaron en su ingle, haciendo crujir sus pobres y colgantes albóndigas a gran velocidad durante un minuto completo hasta que Eladio hizo sonar el silbato.

   Horacio gimió y se dobló. Sus manos agarraron sus doloridos testículos debajo de su dura verga.

   —Ahora Horacio tiene treinta segundos para recuperarse. Luego toma su turno —explicó Simón.

   Horacio gimió y masajeó sus palpitantes albóndigas. Se arrodilló y lanzó un uppercut contra las gónadas de Milton, subiéndolas a la pelvis.

   Milton chilló de dolor.

   Horacio sonrió. Luego aplastó las jugosas pelotas de Milton con otro uppercut.

   Los ojos del hombre se humedecieron y dejó escapar un fuerte gemido.

   —Horacio está tomando otra técnica, y parece que es bastante eficaz —comentó Simón.

   Otro uppercut aplastó las fuertes toronjas de Milton contra su cuerpo, logrando que se atragantara.

   Horacio sonrió.

   —Le quedan diez segundos —dijo Simón.


   Las bolas de Milton sufrieron otro duro golpe desde abajo.

   Eladio hizo sonar el silbato y Milton gimió mientras se doblaba y agarraba sus doloridas gónadas.

   Horacio sonrió y la multitud lo vitoreó.

   Milton parecía miserable. Estaba sudando y jadeando, sus manos continuaban pegadas a su entrepierna mientras trataba de alejarse del dolor.

   —Ahora es el turno de Milton de nuevo —dijo Simón—. Veamos si puede concentrarse en las bolas de Horacio en lugar de las suyas...

   Milton tuvo serios problemas. Se arrodilló. Pasaron quince segundos y no pudo ir por las pelotas de Horacio.

   Horacio sonrió y se burló de su oponente.

   Milton gimió y apretó su puño derecho, el izquierdo aún cuidaba su dolorosa virilidad. Un golpe débil en las bolas de Horacio fue todo lo que pudo reunir, Horacio hizo una mueca, pero no pareció sentir mucho dolor. Sonrió con confianza.

   Hubo otro golpe débil y una sonrisa de confianza acabando así el tiempo de Milton. El lindo chico parecía miserable cuando se levantó y abrió las piernas.

   Horacio ni siquiera tomó su tiempo de recuperación.

   Se arrodilló frente a Milton y aterrizó una serie de poderosos golpes en sus bolas enrojecidas.

   Milton gritaba cada vez más fuerte con cada golpe antes de finalmente rendirse y colapsar en el suelo.

   El público se emocionó y Horacio asintió y sonrió.

   —Esa fue una victoria impresionante —comentó Simón—. Horacio no tuvo problemas para derrotar a Milton.

   El muchacho se retorcía en el suelo, acariciando sus doloridas bolas y gimiendo de dolor.

   Horacio se agarró la entrepierna y la movió para el público, que estalló en vítores y aplausos.

   Ari y Lenín caminaron en el escenario y se pararon uno frente al otro, sacudiendo sus pollas a toda su dureza.

   Se arrojó una moneda y Ari fue el ganador. Tenía expresión determinada cuando se arrodilló frente al velludo macho.

   La expresión en el rostro de Lenín era mucho menos confiada. Sus jugosas bolas colgaban de manera vulnerable frente a la cara de Ari, tragó saliva, cuando Ari apretó los puños.

   —Creo que Ari apostará a la muerte gonadal. Probablemente quiera agregar otra medalla a su colección.

   Eladio hizo sonar el silbato y Ari abrió fuego. A velocidad vertiginosa, sus puños golpeaban las pobres y regordetas bolas de Lenín, aplastándolas contra su entrepierna, golpeándolas desde abajo y desde arriba, haciendo que Lenín gritara de dolor.

   —Wow —dijo Simón—. Que en paz descansen sus gümaros.

   Unos segundos antes de que se agotara el tiempo, Ari detuvo su ataque, apretó ambos puños y los juntó desde los costados, atrapando las bolas de Lenín en el medio.

   Los ojos de Lenín se hincharon y su boca se abrió en un grito silencioso. Sus cejas se alzaron y sus ojos se volvieron hacia atrás mientras se desplomaba en el suelo.

   Eladio hizo sonar el silbato y Ari saltó de alegría.

   La audiencia se volvió loca y vitoreó al asesino de huevos.

   —¡Eso es una victoria contundente para Ari! —gritó Simón—. Y sus bolas ni siquiera han sido tocadas por Lenín. ¡Eso le da una gran ventaja sobre Horacio! Lenín tendrá que asimilarlo, porque tendrá que enfrentarse a Milton en pocos minutos.

   Lenín yacía en el suelo, fuera de combate. Su cuerpo desnudo estaba tendido, su polla dura temblaba y sus grandes bolas tomaban un color rojizo.

   Mateo inspeccionó sus testículos y después lo abofeteó en la cara, devolviéndolo al mundo del dolor de cojones y haciéndolo acurrucarse. Todavía tenía su erección a pleno pero no parecía estar muy feliz... Sollozó y gimió, sobando sus bolas, retorciéndose en el suelo y luciendo simplemente patético.

   —Pobre Lenín —Simón se rió entre dientes—. Eso fue humillante.

   Milton se había recuperado de los golpes a su virilidad, subió al escenario. Miró a su oponente e hizo una mueca de dolor.

   —Esta debería ser una victoria fácil para Milton —dijo Simón—. Esperemos que Lenín tenga la suerte de obtener el primer turno. Si no, Milton tendrá una gran oportunidad.

   Eladio arrojó la moneda y Milton sonrió cuando vio el resultado.

   Lenín gimió. Seguía tirado en el suelo.

   —Lenín tiene que levantarse ahora —dijo Simón—. O tendrá que enfrentarse a un tiro penal en la ceremonia de entrega de premios.

   Lenín rodaba por el suelo, sus manos agarraban sus palpitantes testículos.

   El árbitro lo miró con expresión severa. Después de esperar unos segundos, tomó su bloc de notas y escribió algo.

   —Sí, eso es una penalización para Lenín.

   Se veía pálido. Le tomó bastante tiempo levantarse, pero cuando Eladio amenazó con agregar otro tiro penal a su lista, gimió y se enderezó.

   Milton se arrodilló frente a él y apretó su mano derecha en forma de puño.

   Cuando Eladio hizo sonar el silbato, Eladio agarró las bolas de Lenín con su mano izquierda y la sostuvo detrás de las bolas.

   Lenín gimió.

   —Esa es una buena idea —comentó Simón—. Me sorprende que nadie haya pensado en eso antes.

   Milton golpeó su puño derecho contra su mano izquierda, con las delicadas orbes de Lenín en medio. Fueron aplastados cruelmente, y Lenín gritó de dolor.

   Milton lo miró y repitió la maniobra.

   Lenín volvió a gritar, solo que más fuerte, sus bolas tomaban toda la fuerza del impacto y fueron aplastadas entre los nudillos de Milton y su palma.

   En el tercer golpe, Lenín dejó de gritar.

   —Oooooh —Simón hizo una mueca—. Eso se veía muy doloroso. Me sorprende que esos huevos no hayan estallado... Je, je, je.

   Milton soltó las bolas de Lenín.

   Los ojos de Lenín se cruzaron y su boca se abrió para dejar escapar un sonido largo, ronco y sibilante.

   —A Milton le quedan quince segundos —dijo Simón.

   Milton pareció pensarlo. Luego, en lugar de golpear las bolas de Lenín, simplemente hundió sus dedos en las gónadas.

   Eso fue suficiente.

   Lenín gritó y se desplomó en el suelo.

   —Sin más preámbulos tenemos bronce para Milton —gritó Simón—. Fue una técnica magistral.

   Milton sonrió y se inclinó.

   El público aplaudió y gritó su nombre, él sonrió con timidez.

   Lenín seguía rodando por el suelo, con las manos entre las piernas y los ojos cerrados. Sollozó de dolor, Mateo lo inspeccionó y le dio unas palmaditas en el hombro.

   Un momento más tarde, Horacio y Ari se pararon uno frente al otro, sus pollas apuntaban al techo como agujas de brújula, y sus pesadas bolas colgaban debajo.

   Eladio arrojó la moneda, y Ari fue quien comenzó.

   —Esta es la última final en la Competencia Ballbusting Salvaje —dijo Simón—. Horacio y Ari se enfrentan para decidir si Horacio obtendrá una segunda medalla de oro o si Ari se la llevará a casa. 

   Horacio y Ari se miraron a los ojos, ambos con expresiones sombrías.

   Ari se quebró los nudillos y se arrodilló, con las golosinas colgantes de Horacio frente a su cara.

   Eladio hizo sonar el silbato y Ari no perdió el tiempo.

   A velocidad rápida, golpeó las pobres bolas de Horacio, con puñetazos fuertes, dándole buenas sacudidas a sus bolas carnosas.

   Horacio soltó gritos fuertes al principio, aumentando en frecuencia y tono.

   El pene de Horacio se crispó. Pero pudo soportar el minuto completo de golpes a alta velocidad, y cuando Eladio hizo sonar el silbato Horacio tuvo treinta segundos para recuperarse, el público aplaudió en lo que se dobló y masajeó sus testículos torturados.

   Una delgada capa de sudor cubría su cuerpo desnudo mientras intentaba deshacerse del dolor, acariciando sus bolas y jadeando fuertemente.

   —Ahora es el turno de Horacio —anunció Simón.

   Horacio gimió y se arrodilló. Apretó el puño derecho y aplastó las bolas de Ari desde abajo con un uppercut. Ambas orbes de Ari fueron aplastadas por el golpe de Horacio entonces gritó de dolor.

   —Horacio se apega a su táctica ganadora también —dijo Simón.

   Otro uppercut golpeó las bolas de Ari. Ambos cojones fueron aplastados entre los nudillos de Horacio y el cuerpo de Ari.

   Horacio se aseguró de apretar el puño desfigurando los cocos para aumentar el efecto de su técnica. Golpeó las joyas de Ari a ritmo constante, crujió las ciruelas cada cuatro o cinco segundos con golpes eficientes.

   La cara de Ari se puso pálida y su pene se desinflaba lentamente, reduciéndose con cada golpe.

   Después de sesenta segundos y más de una docena de golpes fuertes, Eladio hizo sonar el silbato y Horacio se detuvo. Ari instantáneamente se dobló y agarró su entrepierna.

   Horacio miró la cara de su oponente y sonrió. Luego miró la entrepierna donde su pene flácido se había encogido dentro de sus manos y se echó a reír.

   —Buen trabajo —comentó Simón—. Creo que eso es una penalización para Ari.

   Eladio lo escribió mientras Ari intentaba soportar el dolor, apretando los dientes y gimiendo.

   Medio minuto después fue su turno.

   Al ver la experimentada eficacia de Horacio, Ari decidió adaptarla, con una modificación. También recurrió a los uppercuts, pero se concentró en un testículo. Su mano izquierda sostuvo la bola derecha de Horacio fuera del camino, haciendo que la izquierda permaneciera en su lugar para el primer gancho.

   El puño derecho de Ari se hundió en la pobre bola y la aplastó contra su entrepierna.

   Horacio chilló.

   —Buena idea —comentó Simón.

   El puño de Ari se estrelló contra la bola izquierda de Horacio una y otra vez, golpeándola y causando que Horacio gritara en agonía.

   —Tiene buena voz para la ranchera, aaaaaaaaaayyyyyyy —se burló Simón.

   Los gritos de Horacio se hicieron cada vez más fuertes hasta que, en un golpe particularmente insoportable, sus gritos se redujeron a un lamento.

   Ari miró a Horacio con sorpresa. Su mano izquierda todavía sostenía la bola derecha, y su puño estaba en posición para otro golpe.

   —Ari tiene veinte segundos —dijo Simón.

   Los ojos de Horacio estaban cruzados y su boca abierta, escurriendo baba.

   —Me... —gruñó Horacio.

   Ari se encogió de hombros y golpeó la hueva nuevamente, haciendo que Horacio gimiera roncamente.

   Ari lo miró de nuevo.

   —Me... —Horacio volvió a gruñir.

   —Quince segundos —dijo Simón.

   Ari levantó las cejas y golpeó la pobre pelota una vez más, golpeándola directamente y clavándola en la entrepierna de Horacio.

   —ME…

   —Diez segundos.

   Ari pareció enojarse. Puso toda su fuerza en el siguiente golpe y su nudillo se clavó en la bola carnosa de Horacio con admirable precisión.

   —ME...  RINDO... —gruñó Horacio.

   Aparentemente, Ari no lo había escuchado, porque lanzó otro puñetazo duro en la abultada hueva, haciendo que las mejillas de Horacio se hincharan y sus cejas se alzaran. Se desplomó en el suelo y gimió de agonía.

   La audiencia estalló en vítores y aplausos, y Ari parecía estar en trance. Se levantó y se paró frente al público.

   —¡Oro para Ari! —gritó Simón emocionado.

   Ari tambien se llenó de entusiasmo y su polla flácida comenzó a elevarse nuevamente como un barómetro. Cuando estuvo completamente dura, Ari saltó al aire gritando.

   El público aplaudía.

   —Este fue el último día de competencia. Habrá la ceremonia de entrega de premios la próxima semana. Asegúrense de sintonizar cuando todos reciban sus medallas, y nuestra estrella de fútbol Eladio cobre las penalizaciones... ¡Gracias por mirar en vivos desde nuestra cuenta de instagram @proyectobastian !

   Simón sonrió y saludó.

   El público aplaudía y ovacionaba de pie a Ari.

   Horacio se retorcía en el suelo envuelto en agonía, y Mateo lo revisaba y felicitaba por su medalla de plata.

   Veinte minutos después, el gimnasio estaba vacío.

   Farid hablaba con los camarógrafos, mientras Simón y Bastian cruzaron el gimnasio hacia los vestuarios.

   Horacio seguía tirado en el suelo. Con su rubia esposa que quiso acompañarlo en la final sentada a su lado.

   Ari estaba sentado en una esquina, con las piernas abiertas y las manos sobando su dolorida entrepierna. Tenía los ojos muy abiertos y parecía que estaba en trance mientras miraba al otro lado del gimnasio.

   Bastian se quedó a su lado y le dio unas palmaditas al hombro—. ¡Felicidades, Ari!

   —Gracias —dijo con voz ronca.

   —¿Todo bien?

   —Sí.

   —¿Cómo están tus cocos?

   —Aplastados.

   —Genial —Bastian rió y le dio una bofetada juguetona a sus huevas desnudas.

   —Ay —susurró Ari.

   —Lo siento.

   Simón y Bastian se fueron hasta Elías y Evan, que estaban parados a unos metros de distancia.

   —Hola.

   Los dos tipos sonrieron.

   Ambos estaban desnudos excepto por su calzoncillos ajustados.

   —Evan, quería preguntarte si quieres, ya sabes, formar parte del Proyecto Bastian.

   Evan gimió.

   —¿Eso es un... sí...?

   Elías sonrió y se entrometió:

   —Por supuesto que lo es.

   Evan gimió de nuevo.

   —Bien —sonrió Bastian—. Hablemos en privado los próximos días cuando te sientas mejor.

   Bastian sonrió y se fue con su sobrino Simón Chacón.

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