Pobre Aquaman (3/5): Los pensamientos de la ingeniero - Las Bolas de Pablo

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23 abr 2021

Pobre Aquaman (3/5): Los pensamientos de la ingeniero

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Ballbusting mujer/hombre


—Una noche de descanso sola para mí —se dijo la ingeniero Natalia cuando se sentaba en su habitación colocando los pies dentro de agua caliente. Cerró los ojos y se dedicó a descansar. Era una rubia divorciada que rondaba los 40 años, madre de un joven que aquella noche salió con sus amigos de fiesta. Mientras sus pensamientos se alejaban de la construcción de la petrolera a pocos días de ser terminada se acordó de aquel estúpido ecologista. 


Miguel Ángel Chacón al que supo era apodado Aquaman. Sin darse cuenta la mujer emitió un suspiro. Desde un inicio tuvo problemas con ese joven y su afán de proteger la naturaleza en especial la playa donde se construía la refinería de petróleo. Desde protestas en la sede de construcción hasta daños a la propiedad. 

«Que testículos más grandes tiene ese tipo» pensó la mujer sonriendo. Nunca había visto semejante tamaño de huevos en un hombre. Sus ojos cerrados memoraban cada porción del cuerpo del varón debido a una tarde que lo tuvo encerrado en una bodega. El muchacho estuvo grafiteando su vehículo y ella lo capturó. «Te portaste como una puta con él, Natalia. ¡Pero te gustó!» se regañó en sus pensamientos la fémina. Desde entonces no lo había visto más, supo que todavía estaba en la playa con sus labores de cuidado ambiental o disfrutando de las olas haciendo surf. 

La mujer se lo imaginó en una competencia contra su viejo esposo. El simple juego de su mente la hizo reír a tiempo que su entrepierna desnuda comenzaba a humedecer. 

Su cerebro recreó un sala iluminada donde había una luz led y paredes blancas, cualquier especialista en colores diría que el lugar causaba frío. Contrastando con la tonalidad estaba el hermoso cuerpo moreno y desnudo de Miguel Ángel Chacón con un enorme juego de bolas y una polla erecta gruesa y carnosa.

A su lado estaba el apuesto ex esposo de Natalia, el periodista Enrique, un hombre de más de 50 años con una polla de tamaño promedio y unos testículos no tan grandes como los del otro varón, pero sí gordos. Siempre con su sonrisa presumida y conquistadora de mujeres, la causa de su divorcio

Los dos hombres tenían ante sí un mesón de cuarzo color blanco donde sobre la superficie reposaban el juego de jugosas bolas. 

La ingeniera estaba frente a ellos vistiendo con su elegante y ceñida ropa de trabajo ejecutivo. Sexy y sobria. Sonreía para el par de hombres mientras sostenía en sus manos un mazo de madera que sin una advertencia, lo golpeó en las gordas bolas de su ex esposo. Los dos testículos se aplastaron con el peso de la madera y en la habitación resonó el alarido del varón y la risa burlona de la rubia.

Un chorro de esperma espeso salió de la polla de Enrique mientras su rostro se retorcía de profundo dolor.

—Aaaay, mis huevos —se lamentó con los ojos cerrados. 

—Ojalá ahora no puedas embarazar a nadie más —rugió la mujer—, te perdoné al primer hijo que tuviste fuera del matrimonio pero no a los otros dos. ¡Bastado! 

Como estaba mirando a su ex marido, Miguel Ángel nunca se esperó una pronta tortura a sus bolas, cuando sin advertencia, la ingeniero Natalia golpeó el mazo en sus huevos, aplastándolos como pizzas. Los grandes cojones perdieron la forma siendo pisados entre el mazo y la mesa, seguido por un grito ahogado de Miguel Ángel y la risa de la dama.

—¡Mis bolas! —gimió el varón con voz ligeramente aguda mientras sus ojos se cruzaron y una enorme cuerda de semen salió de su polla, volando alto en el aire y aterrizando en la ajustada blusa de la ingeniero.

La dama lo recogió con su dedo y después se lo llevó a la boca. Saboreando el caliente néctar entre su lengua. 

Miguel Ángel jadeaba pesadamente, sus manos abrazaban sus grandes testículos doloridos. Pero su polla continuaba rezumando su jugo blanco empapando muñeca, dedos y dejando una fila larga por el mesón. 

—Esto es por manchar mi ropa, cretino —regañó Natalia. 

Miguel Ángel gritó cuando sus gónadas sufrieron múltiples golpes con el mazo de madera. Así unos violentos cañonazos de espermas salieron disparados de su polla, lloviendo sobre la rubia.

—¡Ah, ah, ah! —gimió el chico apartándose de la mesa para acurrucarse muy lejos. 

Enrique lo miró como si fuera poca cosa. 

—Tonto chico, tanta fuerza para nada —comentó observándolo— sus músculos valen una mierda cuando recibe un golpe en las bolas. 

Mientras lo miraba, recibió un golpe con el mazo en los huevos llenos de semen. 

—¡Aaaaaaaaauuuuuuuch! 

Enrique toleró el dolor con los dientes apretados en lo que un caudal de semen brotó de su erecto pene. 

—Ecologista, ven aquí —ordenó Natalia—, ven aquí, vamos. Sube y pon tus bolas aquí para mí. 

Doblado de dolor Miguel Ángel se levantó. Todavía frotando sus palpitantes y enrojecidos testículos colocándolos sobre el mesón. De esa manera recibió la fuerza del mazo en sus joyas masculinas. 

POOOOOF

—¡AAAAAAAAAAAAAY! 

Un potente chorro de leche se disparó, golpeando a Miguel Ángel en la barbilla.

—¡Urgh! —gimió cuando un chorro tras otro de semen lo golpeó desde abajo—.¡Urgh! ¡Urgh! ¡Urgh!

Cuando Natalia apartó el mazo y las bolas volvieron a su forma original Miguel Ángel se cayó al suelo acurrucándose.

La ingeniero Natalia se echó a reír, como así lo hizo en la vida real desechando todo pensamiento. Se sentía húmeda de solo jugar con sus pensamientos, la mujer dio un suspiro y extrajo un dildo de la mesita de noche en su alcoba.

Una vez más recordó la imagen de Miguel Ángel Chacón ante ella en la bodega. 

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