El árbol genealógico de los Chacón: Éliecer Chacón - Las Bolas de Pablo

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29 may 2022

El árbol genealógico de los Chacón: Éliecer Chacón

—¿De quién me hablarás hoy? —Rafael ocupó un asiento en la oficina privada de Bastián. Desde semanas atrás el muchacho se había interesado en las historias familiares de los hombres de antaño en su genética familiar.

 

Bastián Chacón que durante décadas recabó información sobre los machos de la familia tenía extensos registros.

 

—Sigamos con nuestros antepasados más directos. Leónidas y Eliécer. Leónidas fue el abuelo de tu abuelo Marcos. Te tengo una anécdota ballbusting de cuando era un joven bastante macizo.

 

Bastián encendió la tablet y le mostró al muchacho una fotografía de dos caballeros exactamente iguales. Vestían ropa de la época y consistía en pantalón que a la escala de grises debieron ser negros y camisas, uno vestía camisa a cuadro y el otro una unicolor. Utilizaban barba corta y sonreían para la fotografía abrazados, sosteniéndose al hombro con afecto y orgullo. Le produjo a Rafael que eran buenas personas.

 

—Eliecer y Leónidas fueron los primeros hijos que tuvo Valdemar Chacón tras regresar de la guerra, heredaron de su padre las grandes bolas. Leónidas era bastante extrovertido y Eliécer el más tranquilo, polos opuestos los dos, pero se adoraban. Aunque hubo un hecho algo ridículo y tonto que los pudo distanciar nada de eso ocurrió, el amor de gemelos continuó a pesar de la lamentable confusión.

 

—¿Qué ocurrió?

 

Bastián hizo una sonrisa similar a un gesto de burla. Comenzó a relatar a su sobrino nieto el hecho, que a continuación nos remontaremos a la crónica ocurrida.

 

La señora Fernanda Lomas se encargó de presentarse cierta tarde en la residencia de los gemelos, era una pequeña casa que su padre les había comprado en el pueblo de San Fernando para que tuvieran un lugar de reposo cuando escaparan del campo y tuvieran que hacer alguna compra para la hacienda de la familia. La señora Fernanda ya pasaba los 50 años, había enviudado cerca de 10 años atrás y tuvo tres hijas en su matrimonio. Golpeó con entusiasmo la puerta de acceso de los hermanos Chacón, siendo recibida por el robusto Leónidas que somnoliento la recibía con una ajustada camiseta sin manga y pantalón negro.

 

—¡A ti te quería ver, desgraciado! —la intrépida mujer penetró al interior de la vivienda sin invitación alguna.

 

Leónidas se le quedó mirando con el rostro fruncido.

 

—Preguntando se llega a Roma. Casa a casa fui averiguando dónde vivía el sin vergüenza de Eliécer Chacón hasta decirme que vivía justo aquí.

 

—Yo no soy Eliécer, señora, Eliécer es mi hermano.

 

—¡Con que esa tenía yo! ¡Encima embustero! ¡Malnacido! ¡Me dijeron que acá vivías solo! De mi familia y de mis hijas no te vas a burlar. ¡Eres un verdadero sin vergüenza!

 

—Señora, usted está bastante confundida. La invito a salir y de un paseo, vuelva en una semana que quizás mi hermano ya esté aquí y usted vendrá más calmada.

 

—¡De aquí no me muevo hasta darte tu merecido! ¿Qué creías que te ibas a burlar de mí? ¿Qué pensabas? Estas son unas mujeres pendejas y me burlaré de ellas.

 

—Señora lo siento, está buscando al hombre equivocado. La invito a salir.

 

Leónidas pretendía acercarse a la señora para cogerla de un brazo y acompañarla a salir de su modesta casa, simplemente cuando estuvo escasos centímetros de ella, la pendenciera mujer levantó el pie pateándolo en las bolas, tan fuerte como pudo.

 

Leónidas gimió de dolor, sus ojos se abrieron como platos y al instante se agarró sus órganos tan grandes y colgantes. Lentamente su cuerpo se fue doblando hacia adelante.

 

—¡Sin ese par de órganos deberías quedarte por grandísimo hijo de puta! —gritó la mujer—. ¿Qué pretendías? ¿Burlarte de mis dos hijas mayores? ¡Desgraciado! ¡Con las dos! ¡Te metiste con las dos! ¡Puedes creer eso? ¡Dos hermanas embarazadas de un mismo varón! ¿Qué va a decir el pueblo? ¡Se burlarán de nosotras! ¡Eres un monstruo! ¡Enfermo!

 

—Yo no lo hice, señora —juró Leónidas con el rostro desencajado por el dolor, seguía doblado con sus manos metidas en sus bolas—. Fue mi hermano…

 

—¡Mentiroso! ¡Poco hombre! ¡Por su culpa mis hijas no se dirigen la palabra! ¡Eres un cerdo! ¡Ojalá te pueda arrancar las bolas!

 

—No —rogó Leónidas como pudo, lentamente se acercó a la mujer—. Yo… yo tengo un hermano gemelo…

 

La mujer se le quedó mirando, ¿por qué la quería tomar? ¡Por tonta! En el pueblo ya le había advertido que era un hombre bromista y parrandero. ¡Pues no! Tenía que darle su lección: lo cogió de los hombros y clavó su rodilla entre sus muslos, golpeando sus testículos de lleno.

 

Los ojos y mejillas de Leónidas se hincharon mientras dejaba escapar un potente gemido. Se dobló y cayó de rodillas, gimiendo de dolor.

 

—¡Si me estás mintiendo te irá peor, malnacido!

 

La mujer se acercó a una repisa donde descansaban varias fotos familiares, allí estaban muchas, donde además de varias personas desconocidas aparecían dos jóvenes exactamente idénticos siempre tomado de los brazos. 

 

—¿No eres tú el que embarazó a mis hijas? —interrogó la mujer con las mejillas coloreadas de la vergüenza.

 

Leónidas no pudo más que gemir lastimero, agarrando sus doloridos huevos, con los ojos llorosos.

 

Es mi hermano, no soy yo señora…

 

La mujer se llevó las manos a la boca, después se echó a reír y dijo:

 

—Tú, él… ¡Al diablo! Son lo mismo, pagan justo por pecadores. ¡Espero que agarren escarmiento!

 

Con una sonrisa de oreja a oreja, la mujer terminó su devastador ataque a la virilidad de Leónidas con una cruel y dura patada que aplastó los testículos del hombre y sus manos también.

 

Leónidas jadeó por aire, sus ojos se cruzaron mientras el dolor se extendía dentro de su cuerpo.

 

—¡Aaaaaaaaay! —graznó y se acurrucó, con las manos cubriendo sus doloridos huevos.

 

 

Rafael sonrió y Bastián lo acompañó.

 

—Pobre Leónidas.

 

—Sí. Pagó brevemente la travesura de su hermano.

 

Rafael se echó a reír.

 

—¿Y qué sucedió con sus hijos y las dos hermanas?

 

—Eliécer se ocupó de todas sus crías, las dos hermanas se reconciliaron, supongo… creo haber leído que se reconciliaron, no sé dónde tengo ese recorte. Entre tanto, nuestro querido Leónidas tuvo tres hijos Ángel, que fue mi padre, Víctor y Gabriela.






 

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