Hijos de Bastian (2/3): ¡Rompiste mis bolas! - Las Bolas de Pablo

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30 mar 2020

Hijos de Bastian (2/3): ¡Rompiste mis bolas!

CONTIENE
BALLBUSTING HOMBRE/HOMBRE

   German Chacón estaba al centro del patio en su casa materna conversando con su hermano Martín sobre las ocurrencias de su padre en el proyecto Bastian.


   De los tres hijo, Martín era el hermano del medio, tenía una cara linda y sonrisa alegre. Su cabello negro estaba guardado en una gorra.



   —Hasta crearon un reto que se llamó Competencia Ballbusting Salvaje.



   —Que locura, hermano.



   Detrás de Germán, apareció un muchacho de cabellos negros (como el de los otros dos) acercándose sigilosamente a él, llevando un bate y atuendo de béisbol. Su nombre es Efraín y era el hermano mayor. Su paquete en los pantalones representaba fielmente que las partes viriles de la genética Chacón se mantenía de generación en generación.



   Germán no lo sintió llegar y siguió contándole las cosas a su hermano: —¿Te acuerdas del viejo Farid? Papá también tuvo una larga pelea de bolas con él.



   Martín se rió entre dientes, sabiendo que su hermano recibiría una dolorosa sorpresa. —Y entonces papá le ganó al viejo Farid. Que emoción. Yo sé que él es poderoso.



   Germán se rió. Cambió su peso, de pie con las piernas ligeramente separadas. Llevaba jeans azules y una camiseta azul claro. —En otra oportunidad...



   Detrás de él, Efraín colocó el extremo del palo de béisbol entre los pies de Germán. Lo jaló hacia arriba, embutiéndolo en el abultado paquete de Germán.



   Germán gritó sorprendido y se dobló.



   —¿Te golpeé? —Efraín se echó a reír.



   Martín y su Efraín se rieron a carcajadas. Colocándose en torno a su hermano.



   Germán gimió. —Efraín, ¿cómo te atreves? ¡Ay!



   Efraín enterró el bate de béisbol en la hombría de su hermano, haciendo que los ojos de Germán se abultaran cuando sus huevos se estrellaron contra su entrepierna.



   El bate cayó al suelo y Germán tosió, agarrando sus testículos.



   —Rompiste mis bolas —gimió Germán, cayendo de rodillas.



   Efraín se desabrochó el jeans y metió la mano, sacando un par de testículos regordetes y carnosos. Agarró la base de su escroto y caminó hacia Germán, dejando que sus gónadas peludas colgaran sobre su cabeza.



   Germán levantó la vista, haciendo una mueca de dolor, justo a tiempo para que el saco de Efraín le tocara la frente.



   Efraín se movió de puntillas, haciendo rebotar sus bolas en la cara de Germán, riendo.



   De repente, la mano de Germán se disparó hacia arriba entre los muslos de Efraín.



   La mano fuerte de Germán se apoderó de una bola de Efraín.



   Efraín inhaló bruscamente cuando los dedos de Germán se cerraron alrededor de sus gordas y carnosas gónadas.



   —Aaaaaay —fue su susurro agónico.



   Germán hizo una mueca. Cerró la mano con fuerza y ​​apretó las pelotas de Efraín con toda la fuerza que pudo reunir mientras acariciaba sus propios genitales con la mano izquierda.



   Efraín dejó escapar un gemido sibilante. Sus ojos se abrieron de par en par cuando Germán apretó sus pobres toronjas entre sus dedos.



   Martín se rió entre dientes.



   —Germán —gimió Efraín—. Por favor, no...



   Germán levantó la vista y sonrió, torciendo la mano y haciendo que Efraín gritara de dolor.



   El hermano mayor comenzó a gemir de dolor, tratando de apartar las manos de Germán de sus preciosos testículos.



   Pero Germán tenía un agarre total sobre las bolas de Efraín y no planeaba liberarlas. Las yemas de sus dedos se clavaron en lo profundo, haciendo que la piel del escroto de Efraín se blanqueara con la presión.



   —Por favor —gimió Efraín—. Germán... hermanito...



   Germán le dio un fuerte tirón a las bolas de Efraín, haciendo que gritara de dolor. Sus gritos fueron ahogados por la risa de Martín.



   —Bueno, Efraín —Germán hizo una mueca, frotando sus propias gónadas mientras apretaba las bolas de Efraín tan fuerte como podía—. Eso te lo has buscado por andar de entrometido con tu bate.



   Efraín gimió.



   Germán se rió y soltó sus testículos.



   Efraín gimió y se desplomó en el suelo, acurrucado en posición fetal, agarrándose la entrepierna y gimiendo de dolor.



   Germán hizo una mueca y se levantó, agarrándose la dolorida entrepierna.

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