Vota por él (3/5): Mala conducta - Las Bolas de Pablo

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1 sept 2021

Vota por él (3/5): Mala conducta

Agradezco a Fercho por su idea con este relato


—Señor Marcos Chacón, de verdad que bueno haberlo conseguido ayer en el supermercado para invitado a que asistiera a esta reunión de colegio. 

La señora Beatriz Falker no era la directora de la institución privada donde cursaron estudios toda la descendencia del señor Chacón, ni mucho menos una profesora, sino la dichosa viuda de un magnate de la educación, la señora de estudios en gerencia con sus 50 años todavía era muy bella y siempre utilizaba ropa elegante y empleaba modales de toda una dama de sociedad, a pesar de las burlas que hacían a su espalda las secretarias de la institución, una de ellas era Judith de la oficina de evaluación estudiantil en sus horas de almuerzo con la asistente del departamento de administración. 

—Que fastidio cuando la vieja Beatriz va a la tienda a comprar ropa —decía por lo general a su amiga—, los empleados dirán ahí viene la vieja otra vez a comprar vestidos de quinceañera, todavía no acepta su edad o dirán se viste mejor que su hija que es toda gris, ja, ja, ja. 

Aquella mañana la esbelta licenciada Beatriz profanaba el asiento del director, a ella no le importaba meter la nariz en cuanto asunto ajeno ocurriera en la institución, después de todo era la gerente así ignorase los asuntos en materia educativa, laboral y en ocasiones administrativas. 

Marcos Chacón, guapo como siempre, ocupó un asiento dejando que sus grandes bolas se marcaran de manera natural en su pantalón, estaba tan acostumbrado que no se dio cuenta. 

—Tenía que aprovechar la oportunidad e invitarlo. Como comprenderá, señor Marcos, lo invité para hablarle de su representado. 

—¿Algo anda mal con Rafael? Siempre estoy al pendiente de sus calificaciones y sé que está muy bien. Hasta puedo asegurar que ya está a un pie de su venidero y último año escolar. 

—No, por fortuna las notas del muchacho son buenas. 

—Soy muy estricto en eso con él. 

—¿Usted es su abuelo, cierto? —ella hizo una discreta sonrisa que resaltó una belleza ingenua—. Recuerdo un poco aquella vez cuando el escándalo de su hijo que embarazó a una compañera de clase. Yo para ese entonces no me ocupaba del colegio sino que era mi esposo. ¿Es Rafael hijo del señor candidato, cierto? Puede contar con mi voto —emitió una risa nerviosa. 

—Sí, es hijo de Israel. Cuando Rafa nació mi hijo todavía era menor de edad, me hice cargo del nieto, después Israel se fue a la universidad y yo lo inscribí en el kinder como su representante en el colegio y así quedó por siempre, nunca hicimos actualización de papeles. 

—Sí, recuerdo mucho ese escándalo entre representantes e Israel y su novia, una rubia hermosa, parecía sacada de una caja de barbies. 

A Marcos se le colorearon las mejillas y la señora Beatriz se dio cuenta de como se iba por las ramas la conversación, así que retomó el cauce de ella. 

—Lo invité personalmente porque han sido reiteradas las veces que lo hemos citado y usted no ha asistido a la institución. 

—¿Qué? ¿Por qué lo dice? —Marcos se acomodó en el asiento doblando las cejas. 

—Sí, la conducta del joven ha sido un poco… eh… traviesa. Siempre hemos querido conversar con usted y Rafael alega que se la vive ocupado, incluso; pedimos hablar con alguno de los tíos de Rafa y todos han hecho caso omiso, él dice que no pueden. 

—Siempre tengo un espacio de tiempo —afirmó Marcos cruzandose de piernas—. ¿Qué ha hecho mi nieto? 

—Ay, un dolor de cabeza —Beatriz se llevó la mano a la frente con pesar—. Interrumpe las clases de los profesores, dice groserías, la otra vez se, armó un revuelo en el aula de clases y él como delegado del salón llegó aquí con un asiento roto, dijo que alguien lo partió. Sus compañeras afirmaron que fue él, pero por supuesto señor Marcos no hay pruebas. Claro está que Rafael tiene sus amigos que se desempeñan como sus compinches. 

Marcos Chacón negó con la cabeza. 

—Sí, la entiendo. Entienda, yo adoro a mi nieto y sé que su conducta es extramadamente traviesa. Si hay que aplicarle duros correctivos institucionales yo no me opondré. 

—El otro día, él y sus compañeros le faltaron el respeto a los valores culturales de una niña musulmana que llegó aquí cubierta con sus vestidos. Rafael y sus amigos en el área del patio le levantaron las ropas. 

—¡Pero que malandrín! —Marcos arrugó el ceño molesto—. Disculpeme señora Beatriz, pero han faltado muchos correctivos de parte de la institución. Tenían que llamarme cuanto antes. 

Como obra del destino la puerta de dirección se abrió y entró Rafael. 

—Aquí estoy en dirección, mi segunda casa. 

Desafortunadamente el rubio chiquillo se quedó petrificado de la impresión cuando Marcos Chacón se dio la vuelta y se encontró con su mirada furiosa. 

—¿Qué haces aquí, abuelo? 

—¡No! ¿Tú qué haces aquí, Marcos Rafael? 

El joven arrastró los pies y se dejó caer en el sofá. 

—La profesora me mandó a dirección porque me pelee con pepe en plena clase de matemáticas. 

—¿Qué? ¡Pero si pepe es tu amigo! 

—Sí, abuelo, pero tiene días fastidiándome. Me harté le di una patada en las bolas que por poco se le salen por la boca. 

—¡¿Qué?! 

—Ay, Dios mio —la señora Beatriz se llevó las manos sorprendida a la boca. 

—Tranquila, licenciada Beatriz —calmó Rafael— ya lo llevaron a la enfermería por desgracia sigue siendo hombre. Yo se las quería reventar. 

—Pero, ¿que dices, muchachito insolente? Licenciada Beatriz espero que me disculpe. Asumo todos los gastos de salud que tenga que ver con pepe. Yo sé que a Rafael le ha faltado mano dura, sus padres eran adolescentes cuando él nació y nosotros como sus abuelos también fallamos. 

—¿Adolescentes, abuelo? ¡No hables! ¿Te has oído, marico? ¿Qué edad tenías cuando nació Israel? Sí él tiene 30 y tú 50 no eras el más maduro de los hombres. 

Si las miradas mataran la de Marcos Chacón sobre su nieto lo hubiera borrado de la faz de la Tierra. 

—En todo caso, abuelo. ¿Cómo que te vas a hacer cargo de la salud de pepe? ¿Y mis bolas? ¡Él también me las ha fastidiado! Licenciada Beatriz, ¿sabe lo que es tener unas bolas Chacón en medio de las piernas? ¡Vea las del abuelo!

—¡Rafael! —Marcos Chacón volvió a regañar al impertinente nieto mayor, cerró sus piernas, pero ya la licenciada se había dado un gusto visual de ver la generosa entrepierna de aquel guapo macho de 50 años

—A ver, Rafael, ¿por qué dices que tu amigo pepe te fastidió los testículos? —quiso saber la mujer adoptando aire profesional. 

—¡Eso fue el lunes por culpa de Israel! Aquel día en la hora del receso, salí del aula de clases y fui al patio:

La institución educativa tenía un hermoso patio con vistosos y altos arboles, mesas de plástico donde los estudiantes podían jugar o conversar. Una oficina de orientación en el lado este para supervisarlos en el tiempo que estuvieran ahí. La zona de cafetería al norte y más atrás la cancha de fútbol, uno de los tantos espacios deportivos del lugar. 

—¡Pero miren quién llegó a nosotros! —pepe era el mejor amigo de Rafael desde la época de primero de educación primaria cuando fue inscrito en el colegio. Un chico alto y flaco con el cabello castaño. Estaba recostado al tronco de un árbol con sus demás amigos—. El hijo del candidato que se deja agarrar de los huevos

—¡Cállate, mojón! —le dijo Rafael—. Esa puta agarró a Israel de las bolas solo porque se las quería sentir la muy zorra. Sabe que tenemos los huevos grandes. Valeria Gargano es una zorra. 

—Zorra o no eres el hijo del hombre al que le gusta que lo agarren de los huevos. 

—¡Cállate, sabandija! A Israel no le gusta que lo agarren de los huevos. 

Pepe se echó a reír y agarró la entrepierna de Rafael apretando con fuerza.

Rafael gruñó cuando sintió la presión en sus bolas adolescentes. Sus ojos se llenaron de lágrimas.

—¡A la corrupción hay que agarrarla de los huevos! —pepe comenzó a recitar las palabras tan famosas de Valeria Gargano en aquel debate político. Seguidamente le agregó más—. ¡A la pereza, al bullying, a la burla, a la socarronería, hay que agarrarla de los huevos! ¡Y duro! —se echó a reír. 

Rafael jadeaba con la cara roja y lágrimas resbalando por sus mejillas. Sacudió la cabeza hasta que lo soltaron de sus pelotas y pudo recuperar el aliento, cayó al suelo agarrándose los testículos, sintiendo mucho dolor en su cuerpo. 

—Y las tiene grandes, este perro —alegó pepe moviendo la mano y dedos. 

La licenciada Beatriz y Marcos Chacón se quedaron observando al muchacho que tranquilamente terminaba de relatar sentado en el sofa espatarrado sin ninguna preocupación. 

—¿Por qué no fuiste a hacer el reclamo con un profesor, Rafael? —quiso saber la mujer. 

—Te he dicho una y otra vez que no te juegues con los testículos, Marcos Rafael —regañó el abuelo. 

Rafael se encogió de hombros. 

—¿Y qué podía hacer el profesor que le dijera? ¡Nada! Yo me quedé con mi dolor de bolas. 

—¡Testículos, Rafael!

—Abuelo, cocos, bolas, huevos, campanas, las que cuelgan. Ustedes entienden. En la clase de biología del miércoles pepe me volvió a agarrar. No sé qué le dio con mis huevos, yo creo que les gustó, como que es maricón. 

—¡Marcos Rafael! 

El miércoles los estudiantes se encontraban en el salón de laboratorio para la clase de biología, durante una lección para algunos interesantes y para otros escatológica, se trataba de la revisión de animales muertos, en los escritorios de los educandos había un pescado, un pequeño ratón blanco y un huevo de gallina con un pollo que no pudo nacer dentro, fue por ese último que pepe molestó a su amigo. 

—¿De este tamaño son los huevos de los hombres de tu familia, bicho? —quiso saber con una sonrisa de burla. 

—Hombre, más grandes —se jactó el adolescente vistiendo bata de laboratorio. 

Su grupo de amigos se echó a reír. 

—¿No es molesto, Rafa? —preguntó Jessica, una rockera que se unía al equipo cuando era el momento de armar jaleo en clase. 

—Es fastidioso tener bolas grandes. A veces uno se sienta sobre ellas y duele. 

—¿Duele como esto? —quiso saber Pepe soltando el huevo de gallina y agarrando los de Rafael—. ¡A los estudiantes fastidiosos hay que agarrarlo de los huevos! 

Los ojos de Rafael se ensancharon y soltó un grito de sorpresa. Agarró la muñeca de su amigo haciendo presión. 

—¿Qué está sucediendo ahí? —rugió la profesora desde su mesa donde estaba distraída usando su celular. 

Rafael fue soltado de las gónadas y se desplomó en el suelo.

Estábamos ensayando lo que Valeria Gargano hizo con Israel Chacón por televisión —se rió pepe. 

Varios estudiantes en el laboratorio se echaron a reír, incluyendo a la docente. 

Otra vez nos situamos en la dirección. 

—¿Ahí terminó todo? —preguntó Marcos Chacón. 

—Sisa —afirmó su nieto. 

—Es increíble que la profesora no hiciera nada. 

—Pues tomó nota en la carpeta de clase de que pepe y yo estuvimos saboteando. Como si eso resolviera algo, la muy cretina... perdón abuelo, me tienen fastidiado por el apretón de bolas que la candidata le dio a Israel. ¡Estoy hasta la coronilla! Marico, y como duelen las bolas. 

—No me digas esa palabra, Marcos Rafael. No soy tu amiguito. 

—Lo siento, abue. Pero me harté, mari… ¡abuelo! Estábamos en clases de matemáticas y la profe dijo que nos agruparamos en equipos de tres. Cuando estaba acomodando mi asiento llega pepe y dice «a las matemáticas hay que agarrarla de…» no esperé que terminara su frase. 

—¿Qué sucedió? —quiso saber la licenciada Beatriz llena de interés. 

...

Minutos antes en el aula de clases, Rafael le dio una fuerte bofetada a pepe, el joven sorprendido dio unos pasos atrás, lejos de molestarse surcó una risa a su mejor amigo, pero Rafael continuó y le dio una fuerte patada en las bolas. La punta de su negro calzado escolar chocó con los dos testículos del joven estrellándolos en su cuerpo.

Pepe chirrió cayendo al suelo. 

—¡A LAS MATEMÁTICAS HAY QUE AGARRARLA DE LOS HUEVOS, CABRÓN! —gritó Rafael mofándose. 

—¡Chacón! —regañó el docente abriéndose camino entre los alumnos.

...

Marcos Chacón se llevó la mano a la frente con preocupación y la licenciada Beatriz miraba al chiquillo con desaprobación. 

—Que vergüenza, licenciada. Correré con los gastos médicos de José Luis Ferreira. 

—Abuelo, te dije que ese tonto de pepe esta bien. Estuvimos en enfermería. Él está bien, no te atormentes. Le dolió tanto que lo entendió y juró no fastidiarme más los huevos. Somos amigos como siempre. 

—¡Pues no es el caso, Marcos Rafael! ¡Que pena siento, licenciada! 

La señora Beatriz dio un suspiro sorprendida mirando al terrible jovenzuelo. 

—¿Lo ves, abuelo? Por eso nunca te entregue las citaciones. Quería ahorrarte estas disculpas innecesarias. 

—¿Tu nivel de descaro no tiene límites, Marcos Rafael? 

—Lo siento, abuelo.

Firmando un acta de compromiso redactada por la chismosa secretaria de dirección Marcos Chacón firmó aceptando hacerse cargo de gastos de salud del amigo de su nieto, que eran mínimos en realidad. Rafael también estampó un horrible garabato como firma donde aseguraba sobre el papel (que lo soporta todo), mejorar su conducta.

—Abuelo, tengo hambre, ¿me das dinero? Yo no tengo —le dijo tan pronto abandonaron la dirección.

—No me hables Rafael, estoy muy, ¡muy! Molesto contigo.

—Abuelito… me suena la panza.

—¿Y qué hiciste con tu mesada?

—La gasté con unas amigas…

—No me importa. Estás castigado. Aprende a ahorrar.

—Abuelo… tengo hambre.

Marcos Chacón se le quedó mirando y Rafael puso cara de animalito a medio morir. Dio un suspiro, condenado muchacho hacía lo que quería con él.

—No te voy a dar dinero. Vamos a la cafetería y te compro algo.

—Sisa —dijo el muchacho.

Juntos se fueron caminando.

—¿Duele mucho un golpe en las bolas, abuelo?

—Bastante.

—¿Te han pegado, abuelo?

—Montón de veces.

—¿Cuál ha sido la más dolorosa?

Los Chacón siguieron de largo charlando por el pasillo.

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