Puta (2/3): aniversario de boda - Las Bolas de Pablo

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3 abr 2020

Puta (2/3): aniversario de boda

CONTIENE:
BALLBUSTING HOMBRE/HOMBRE

   Eugenia sonriĆ³ cuando Ari apareciĆ³ en el umbral de la cocina. Iba vestido con la ropa del trabajo y aunque tenĆ­a perfume no podĆ­a despejar el aroma a mecĆ”nico impregnado desde dĆ­as en la ropa. Su mujer lo abrazĆ³ y besĆ³.


   –Feliz aniversario de boda, mi amor.



   Ari la envolviĆ³ entre sus fuertes brazos.



   –Feliz aniversario, amor de mi vida. Veo que la niƱa amaneciĆ³ mejor de salud hoy.



   –SĆ­. EstĆ” mucho mejor.



   DespuĆ©s de una extenuante noche donde la hija de ambos estaba que herbĆ­a de fiebre, la aurora presentĆ³ una notable mejorĆ­a en su salud.



   –Si ocurre algo con ella no vayas a dudar en llamarme. Dejo el trabajo y corro para acĆ”.



   –AsĆ­ va a ser, amor.



   –AdemĆ”s –dijo Ari estrechĆ”ndola en sus fuertes brazos–. Hoy en la noche no te me vas a escapar.



   Eugenia se riĆ³ y posĆ³ una mano en el amplio pectoral de su marido.



   –Hoy en la noche vengo con todo para complacerte. Una noche de aniversario por el matrimonio, inigualable.



   Eugenia se echĆ³ a reĆ­r y le dio un dulce beso a su esposo donde ambos cerraron los ojos.



   Tras tomar el desayuno Ari se marchĆ³ al trabajo y Eugenia se dirigiĆ³ a la habitaciĆ³n matrimonial y extrajo de la gaveta donde desde meses atrĆ”s ocultaba su celular y observĆ³ unos mensajes de Chester su amante:



Estoy llegando de trotar. SerĆ­a delicioso que me recibieras sudando y oliendo a macho... ¿CĆ³mo amaneces hoy? Supongo que feliz con tu aniversario de matrimonio.



   Chester era el jefe de Ari, tambiĆ©n estaba casado y tenĆ­a muchos hijos. Eugenia no demorĆ³ en responder.



Estoy bien. SĆ­, un feliz aniversario de bodas. Ari acaba de salir al taller.



   Cuando recibiĆ³ el mensaje Chester enseguida lo leyĆ³. Y decidiĆ³ llamarla.



   –Mientras llega Ari, te estoy llamando. AsĆ­ que muy contenta por tu aniversario. Seguramente tu marido te ha tocado esta maƱana. Que envidia me da. DeberĆ­a ser yo el que posa su mano en ese culo tan delicioso tuyo.



   –No seas tonto –le respondiĆ³ Eugenia–. Esta maƱana no tuvimos relaciones, la niƱa pasĆ³ una mala noche con fiebre y por poco el sueƱo nos gana y nos hace pasar de largo con el horario.



   –Oye pero que emociĆ³n para mi... No te ha tocado el inĆŗtil Ć©se. ¿CĆ³mo sigue tu niƱa?



   –Ella estĆ” muy bien. Pero no le vuelvas a decir inĆŗtil a Ari.



   El viejo Chester emitiĆ³ una risa pesada.



   –Lo digo para molestarte. Es mi rival, tu esposo. ¿Entonces Ć©l no te dio hoy en el aniversario ni una mamada de teta?



   –No, tonto. Celebraremos el aniversario esta noche. Me prometiĆ³ un encuentro inolvidable.



   –¿EstĆ”s segura que tendrĆ”n algo esta noche? Porque yo me puedo asegurar que no.



   –¿A quĆ© te refieres, tonto?



   –No lo sĆ©. Pero podrĆ­a encargame de que Ari hoy no te pueda tocar.



   –No seas iluso, Chester. ¿EstĆ”s delirando?



   Otra vez Chester se empezĆ³ a reĆ­r.



   –Ya vas a ver. Hoy Ari no te va a tocar y entonces tĆŗ vas a acudir a mi y te harĆ© sentir mujer, la mĆ”s feliz del mundo.



   –Eres un idiota, Chester. Atrevete a hacerle algo malo a Ari.



   Indignada Eugenia cortĆ³ la comunicaciĆ³n. Su relaciĆ³n con Chester no iba en serio, solo era sexo. Y no pasaba porque Ari le fallara como hombre, su esposo resultaba estupendo en todos los sentidos pero el viejo Chester tenĆ­a un sex appeal que la excitaba.



   Por su parte Chester estaba decidido a que esa noche el aniversario de boda de su empleado y la amante no se ejecutara. Su plan consistĆ­a en fastidiar los testĆ­culos de Ari y apenas el joven apareciĆ³ en el taller dio rienda suelta a su misiĆ³n.


   —Eh campeĆ³n, buenos dĆ­as. ¿CĆ³mo amaneces, tigre? Aye me dijiste que era tu aniversario de boda. ¿Ya consumaste con tu mujer?



   Antes de que Ari pudiera dar respuesta, Chester abriĆ³ la mano como garras y se adueƱo de la entrepierna del muchacho.



   —¡OooooohhhhhhhrugiĆ³ Ari al sentir como los dedos del mecĆ”nico se ponĆ­an en contacto en el centro de sus jeans y le apretaba las bolas. AbriĆ³ la boca y torciĆ³ los ojos.



   —¿QuĆ© pasa, pibe? —se reĆ­a Chester aferrando las manos en el frĆ”gil paquete. SonriĆ³ con un brillo en los ojos y soltĆ³ a Ari quiĆ©n se doblĆ³ con las manos sobando su entrepierna.



   —Oh, amigo. ¿Fue muy duro? Amigo no querĆ­a qutĆ­a hacerte daƱo. ¿Te sientes mal?



   —¡¡Ay, mis bolas!! —dijo Ari embargado de dolor. Torciendo su hermoso rostro—. Estoy bien, pero duele mucho.



   —Oh, amigo, lo siento. Busca una silla y recuperate. ¿Tu esposa cĆ³mo estĆ”? ¿Tuvieron un maravilloso maƱanero? —agregĆ³ una pĆ­cara sonrisa.



   Ari a pesar del dolor, sonriĆ³ y negĆ³ con la cabeza explicando los detalles de salud con su hija.



   —Lo importante es que la nena hoy amaneciĆ³ bien. No te preocupes hoy te darĆ© permiso de retirarte temprano y podrĆ”s llegar a casa a tiempo. Cuando puedas ve debajo de aquel vehĆ­culo y lo reparas.



   Masajeando aun sus pelotas, Ari afirmĆ³ con la cabeza. Ocho minutos mĆ”s tarde se habĆ­a acostado en el piso y con las herramientas a un lado ya estaba en la parte inferior del automĆ³vil.



   Chester se burlĆ³ silenciosamente. Las piernas se Ari reposaban fuera del carro dejĆ”ndolo en una posiciĆ³n muy vulnerable. Sobretodo el Ć”rea de la entrepierna. Diez minutos despuĆ©s el joven seguĆ­a reparando el vehĆ­culo cuando Chester pesĆ³ en sus manos una pieza de motor. Enseguida caminĆ³ hacia Ari con otro malvado plan en mente.



   Cuando estuvo cerca del mecĆ”nico en el suelo, el viejo dramatizĆ³ que se tropezaba y lanzando un grito y tambaleĆ”ndose dejĆ³ caer el equipo de hierro en direcciĆ³n a la entrepierna de Ari.



   Enseguida el joven mecĆ”nico sintiĆ³ como un pesado objeto cayĆ³ contra sus pelotas. Estaba ocupado haciendo la reparaciĆ³n cuando el impacto fue de lleno en los huevos.



   —AAAAGGGGHHHH —aullĆ³ dando un fuerte brinco y ademĆ”s chocando la frente con los tubos del vehĆ­culo.



   Chester sonriĆ³ pero tuvo que ocultar su felicidad y actuar de una manera preocupada asĆ­ que se inclinĆ³ y con fuerza extrajo a Ari fuera del vehĆ­culo que se retorcĆ­a de dolor. El muchacho ya tenĆ­a un chichĆ³n en su frente.



   —Amigo, disculpa. Me tropecĆ© y se me cayĆ³. Carajo, no sĆ© quĆ© pasa con tus huevos hoy.



   Ari parecĆ­a no escucharlo. TenĆ­a lĆ”grimas en los ojos y oprimĆ­a ambas manos en sus testĆ­culos. Chester echĆ³ una mirada al repuesto sin duda que era grande y pesado, y tuvo que pulverizar sus bolas en el acto. Seguramente hasta matĆ³ su semen.



   Chester le buscĆ³ agua y despuĆ©s lo ayudĆ³ con un ejercicio de levantamiento de piernas. Ari estaba devastado y su dolor en las bolas se mantuvo por cuarenta minutos.



   —¿EstĆ”s bien? —le preguntĆ³ Chester cuando lo vio con Ć”nimos de hablar.



   —AquĆ­ siguen mis dos bolas —respondiĆ³ con buen humor Ari.



   —No sĆ© como tropecĆ©. Que odiota fui.



   Cuando pudieron, regresaron al trabajo entre llantas, repuestos y vehĆ­culos.



   DespuĆ©s de la hora del mediodĆ­a cuando tomaron el almuerzo y reposaron Chester tuvo otra maligna idea. En esa oportunidad saliĆ³ del local y fue a su casa, en el departamento de al lado. Su hijo menor tenĆ­a 10 aƱos. Y sonriendo le pidiĆ³ un favor.



   —Es un juego, hijo. Y vas a hacer lo siguiente.



   AsĆ­ comenzaron sus palabras...



   El niƱo ingresĆ³ al taller y manipulĆ³ algunas piezas.



   Ari lo saludĆ³ y continuĆ³ en su faena.



   Llegado un momento el niƱo se acercĆ³ al muchacho para inspeccinar su trabajo. Cuando Ari se alzĆ³ terminando su labor recibiĆ³ un fuerte puƱetazo en las entrepierna.



   Ari emitiĆ³ un fuerte rugido sintiendo las pelotas rebotar. CayĆ³ al piso cubriĆ©ndose con las manos. El niƱo se echĆ³ a reĆ­r y saliĆ³ corriendo del taller.



   Ari sentĆ­a un profundo dolor. Como si sus testĆ­culos hubieran sido pisados por una manada de elefantes.



   Se quedĆ³ tendido allĆ­ cerca de quince minutos mĆ”s y cuando Chester regresĆ³ observĆ³ que caminaba con las piernas abiertas y con gran malestar.



   —Ari, ¿estĆ”s bien? ¿QuĆ© te pasa?



   —Honestamente me siento muy mal. Quisiera irme temprano. Me duelen mucho las pelotas.



   —¿Pero quĆ© pasĆ³? ¿Fue por el repuesto, cierto? ¿Tan mal estĆ”s?



   Ari omitiĆ³ el Ćŗltimo golpe recibido.



   —Me siento muy mal. Quisiera irme y descansar un poco.



   Chester afirmĆ³ con la cabeza. Internamente estaba orgulloso del certero golpe de su hijo. AĆŗn le faltaba la escena final y ya la habĆ­a planificado.



   —Claro, amigo. Termina lo que estĆ”s haciendo, si tienes fuerza y te retiras. AdemĆ”s sĆ© que hoy es un dĆ­a muy especial en tu vida.



   Ari meneĆ³ la cabeza. Con pesar se agarrĆ³ las bolas y se inclinĆ³ para apretar unas llantas. Cuando terminĆ³ fue al baƱo para asear su cuerpo y quitarse el olor a grasa. DetallĆ³ que sus bolas estaban enrojecidas. Chester manipulĆ³ su celular.



   Ari se despidiĆ³ del jefe y a paso lento abandonĆ³ el taller. HabĆ­a sido un dĆ­a pĆ©simo para sus bolas, su lugar de residencia era cercano al trabajo por lo que no demorarĆ­a en llegar, tomarĆ­a otra ducha al llegar e iba a descansar. No se percatĆ³ de los tres hombres que lo estaban siguiendo y que lo abordaron en la calle solitaria que conducĆ­a a su casa.



   —No camines mĆ”s y danos todo lo que tienes.



   —¿QuĆ©? No tengo nada de valor.



   RecibiĆ³ un puƱetazo en el estĆ³mago que le sacĆ³ todo el aire.



   —No pedimos tu opiniĆ³n. Danos todo lo que tienes.



   —¡VĆ”yanse a la mierda!



   En circunstancias nornales hubiese peleado con aquellos tipos. Pero la entrepierna le dolĆ­a como para levantar un muslo y lanzar una patada.



   Entonces le pasĆ³ lo no previsto.



   Una severa patada, malogrĆ³ sus ya maltratadas bolas cuando las empujĆ³ y aplastĆ³ en su hueso pelvico



      —¡AAAAARRRRGGGGGG!



   Ari emitiĆ³ un lastimero grito.



   El ladrĆ³n ignorĆ³ el profundo dolor de Ari, por si fuera poco le propinĆ³ dos patadas mĆ”s de manera fulminante en la entrepierna.



   Ari no pudo soportar tanto dolor en su cuerpo y cayĆ³ desmayado al suelo.



   Cuando abriĆ³ los ojos estaba en la cama de su habitaciĆ³n. Su mujer lo cuidaba. Ɖl estaba tendido en el colchĆ³n cubierto por una manta pero con sus grandes pectorales al aire.



   —Shhh, no te muevas —lo calmĆ³ Eugenia—. Vino la vecina y te inyectĆ³ un calmante para el dolor, tienes los testĆ­culos muy hinchados.



   Ari recordĆ³ las dedichas de aquel dĆ­a, levantĆ³ la sĆ”bana y detallĆ³ el monstruoso tamaƱo de sus huevas, se veĆ­an insanas y horribles.



   —Te robaron. Chester estaba preocupado por ti y saliĆ³ para ver si te conseguĆ­a en la calle para traerte. Fue cuando te encontrĆ³ desmayado y robado. Te trajo aquĆ­ como pudo en su motocicleta.



   Ari acariciĆ³ el cabello de su esposa.



   —Amor, lamento mucho no poder conplacerte esta noche que celebramos nuestro aniversario.



   —Mi vida, ¿eso te preocupa a ti? A mi no. Lo importante es que estĆ”s bien y vivo. Te robaron el celular y dinero. Pero estĆ”s aquĆ­ con tu familia.



   Eugenia tambiĆ©n acariciĆ³ a su marido desde los grandes pechos hasta su linda cara.



   Cada quien tenĆ­a un secreto.



   Ari no detallĆ³ todos los maltratos a su virilidad aquel dĆ­a.



   Eugenia ocultĆ³ la forma en la que mientras estuvo su marido desmayado ella tuvo relaciones sexuales como los animales con Chester encerrada en una habitaciĆ³n.



   —Tu marido no podrĆ” hacerte su mujer hoy pero yo sĆ­.



   Fue lo que le dijo antes de empezarla a besar.



   Y Chester tambiĆ©n escondĆ­a que el asalto para Ari tambiĆ©n corrĆ­a por su cuenta. Su intenciĆ³n era azotar los testĆ­culos de Ari para que en aquella noche tan importante no tocara a su mujer, que sĆ³lo le pertenecĆ­a a Ć©l.


Decide el final de esta serie

Eugenia decide abandonar a Chester para quedarse con su esposo
Eugenia continua enga�ando a su marido
Ari descubr el enga�o y pelea con Chester (es derrotado por el amante de la esposa)
Ari descubre el enga�o y pelea con Chester (derrota al amante de su esposa)
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